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¿De la Espriella presidente? Percepción internacional de la nueva derecha colombiana

Foto: Luisa González (Reuters)

Carlos García Taborda

Universidad de los Andes

Antes de llegar al poder, algunos líderes ya han sido incorporados a una narrativa internacional. Abelardo de la Espriella es uno de ellos.


Ad portas de una posible presidencia, su figura ya circula en medios extranjeros, discursos políticos y redes ideológicas transnacionales. La atención que despierta no se explica únicamente por su candidatura, sino por el significado que distintos actores internacionales han comenzado a atribuirle.


Tras la primera vuelta, Colombia —históricamente un aliado predecible dentro del orden hemisférico— comenzó a perfilarse como un nuevo laboratorio de las tensiones que atraviesan a las democracias occidentales, reflejando un electorado cada vez más dispuesto a respaldar alternativas al establecimiento tradicional.


Este fenómeno no es aislado. Desde Washington hasta Buenos Aires, pasando por Roma y San Salvador, han surgido liderazgos que prometen recuperar la autoridad estatal y la soberanía nacional frente a los excesos de las élites burocráticas del período posterior a la Guerra Fría.


Vista desde esta perspectiva, la figura de De la Espriella adquiere un significado que trasciende el escenario colombiano. ¿Será este outsider simplemente otra pieza del engranaje que parece ponerle fin al orden liberal internacional?


Estados Unidos y el Retorno del Aliado Estratégico


La relación entre una eventual presidencia de Abelardo de la Espriella y Estados Unidos es, probablemente, uno de los factores internacionales más relevantes de esta elección. Si De la Espriella llega a la Casa de Nariño con Donald Trump en la Casa Blanca, el escenario más probable es un acercamiento político sin precedentes entre ambos gobiernos.


La señal más clara ya llegó desde Washington. Trump no solo expresó simpatía por el candidato colombiano; le otorgó un respaldo explícito y público en términos poco habituales incluso para sus estándares: “He has my Complete and Total Endorsement!”.


Después de las repetidas tensiones entre Bogotá y Washington en asuntos como política energética, lucha contra las drogas y relaciones con Venezuela, una presidencia de De la Espriella sería percibida por amplios sectores republicanos como una oportunidad para  reconstruir una alianza estratégica más cercana a las prioridades tradicionales de seguridad, defensa y cooperación regional.


Por supuesto, no todos en Estados Unidos comparten ese entusiasmo. Sectores demócratas, organizaciones de derechos humanos y algunos centros de pensamiento han expresado inquietudes sobre varias de sus propuestas y sobre el impacto que podrían tener en temas institucionales y en la relación de Colombia con organismos multilaterales.


Con todo, más allá de las diferencias ideológicas, existe un hecho difícil de ignorar: para amplios sectores conservadores estadounidenses, una victoria de De la Espriella sería menos un cambio de gobierno que la incorporación de Colombia a una corriente política internacional que hoy tiene en Trump a uno de sus referentes más visibles.


Europa y el Espejo de sus Propias Tensiones


La ambivalencia europea frente a la eventual presidencia puede observarse con claridad en las reacciones provenientes tanto de actores políticos como de medios de comunicación.


Por un lado, algunos referentes de la derecha europea han mostrado una disposición explícita a incorporarlo dentro de una red política internacional más amplia. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, sostuvo una conversación oficial con De la Espriella pocos días después de la primera vuelta. Más allá de su contenido, el episodio representa una forma de legitimación política desde el más alto nivel de gobierno de un país europeo.


Algo similar ocurre en España. Desde comienzos de 2026, Santiago Abascal y el partido VOX han promovido la figura de De la Espriella como uno de los principales referentes de una nueva corriente conservadora en América Latina. Este acercamiento refleja la existencia de redes ideológicas transnacionales que buscan articular actores políticos de ambos lados del Atlántico alrededor de temas como soberanía nacional, seguridad, identidad cultural y oposición al progresismo.


A pesar de todo, esta percepción dista de ser unánime. Buena parte de la prensa europea ha interpretado su ascenso desde una óptica considerablemente más crítica. Medios como The Guardian o El País suelen ubicarlo dentro de la categoría de “ultraderecha”, vinculándolo a tendencias políticas que consideran potencialmente problemáticas para las democracias liberales contemporáneas. Sus cuestionamientos se concentran especialmente en aspectos relacionados con los derechos fundamentales, el pluralismo político, la libertad de prensa y la relación con organismos multilaterales.


La discusión sobre lo que representa su figura en Europa termina reflejando, en buena medida, las mismas divisiones ideológicas que hoy recorren al propio continente europeo.


América Latina y el Bloque de la Libertad


Este nuevo ascenso político en Colombia ocurre en la América Latina del siglo XXI, cada vez más polarizada entre la derecha y la izquierda y en donde las alianzas entre gobiernos parecieran necesitar una alineación ideológica de por medio.


Entre sus aliados y simpatizantes, De la Espriella es visto como el posible nuevo eslabón de una cadena política que incluye a Javier Milei en Argentina y a Nayib Bukele en El Salvador. Esta asociación refleja la percepción de que Colombia enfrenta desafíos económicos y de seguridad que recuerdan, al menos parcialmente, a los contextos que facilitaron el ascenso de ambos líderes.


Por otra parte, la reacción de varios gobiernos y liderazgos de izquierda ha seguido una lógica distinta. Mientras figuras como Milei han celebrado públicamente el ascenso de De la Espriella, presidentes como Claudia Sheinbaum y Luiz Inácio Lula da Silva lo observan con mayor cautela, interpretándolo como parte de una corriente política transnacional que podría fortalecer a la derecha regional.


En México, Sheinbaum ha respaldado las preocupaciones expresadas sobre presuntas irregularidades en el proceso electoral colombiano y ha insistido en la importancia de preservar la soberanía de los países latinoamericanos frente a cualquier forma de injerencia externa. Lula, por su parte, ha asociado el fenómeno con dinámicas observadas durante el auge del bolsonarismo y ha advertido sobre la creciente articulación de movimientos conservadores en la región.


Sin embargo, ha sido Gustavo Petro quien ha asumido el enfrentamiento más directo. Sus declaraciones presentan a De la Espriella como la expresión colombiana de una corriente política que considera incompatible con los avances democráticos y sociales promovidos por los gobiernos progresistas latinoamericanos.


La atención internacional que despierta "el Tigre" refleja una pregunta más amplia: si Colombia se sumará a la ola de liderazgos de derecha que gana fuerza en América Latina y otras regiones o si mantendrá una posición más cercana al progresismo de izquierda. Más que una discusión ideológica, lo que está en juego, reitero, es el lugar que el país ocupará en un escenario regional cada vez más polarizado.


La Tensión Central: Soberanía o Multilateralismo


Entre las propuestas que más atención generan fuera de Colombia se encuentran sus cuestionamientos a organismos como la OEA y la Corte Interamericana de Derechos Humanos.


Para Abelardo de la Espriella y muchos de sus simpatizantes, estas organizaciones han perdido legitimidad al convertirse, según su visión, en espacios influenciados por agendas políticas e ideológicas ajenas a los intereses nacionales.


No obstante, la discusión adquiere una dimensión distinta cuando se observa junto a otro de los ejes centrales de su proyecto político: la promesa de ejercer una política de seguridad basada en la autoridad, el fortalecimiento del poder estatal y la mano dura frente al crimen. Es precisamente allí donde surgen algunas de las preguntas que más inquietan a observadores internacionales y organizaciones de derechos humanos:


¿Qué ocurre cuando un gobierno concentra buena parte de su legitimidad en la capacidad de imponer orden y, al mismo tiempo, debilita o elimina instancias externas de supervisión sobre el ejercicio de ese poder?


Los críticos sostienen que las instituciones cumplen precisamente esa función: actuar como un contrapeso cuando los mecanismos internos resultan insuficientes o cuando las mayorías políticas respaldan decisiones que pueden afectar derechos individuales o colectivos. Desde esta óptica, el problema que surge es: cómo garantizar que la búsqueda de seguridad y autoridad no termine debilitando las salvaguardas diseñadas para proteger a los ciudadanos frente al propio Estado.


En síntesis, la percepción internacional de una eventual presidencia de Abelardo de la Espriella parece oscilar entre dos narrativas contrapuestas: la de quienes ven en él una oportunidad de renovación política y la de quienes interpretan su ascenso como un desafío para las instituciones liberales contemporáneas.


En cualquier caso, en la medida en que el debate sobre su figura gira alrededor de cuestiones como soberanía, autoridad, multilateralismo y orden liberal, Colombia deja de aparecer como un caso aislado para convertirse en un escenario más de una discusión global, una pieza más dentro del engranaje. La pregunta ya no es únicamente qué ocurrirá con Abelardo de la Espriella, sino qué papel desempeñará Colombia en un mundo cada vez más atravesado por la disputa entre quienes buscan preservar el orden internacional existente y quienes consideran que ha llegado el momento de reformularlo.

ISSN: 3028-385X

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