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¿En Colombia votan hasta los desaparecidos?

Foto: Nurphoto (Getty)

Simón Angulo Ramírez

Universidad EIA

Cada vez que hay elecciones en Colombia reaparece la misma inquietud: ¿realmente decide el pueblo o una maquinaria política que ha aprendido a sobrevivir entre la corrupción, la desconfianza y la impunidad? Mientras millones de ciudadanos acuden a las urnas para ejercer su derecho al voto, las redes sociales se llenan de denuncias sobre muertos que votan, desaparecidos que aparecen en los registros electorales, compra de votos y presuntas manipulaciones de resultados. Ejemplos recientes alimentan estas sospechas. El Colombiano informó que la “Fiscalía confirma que 77 personas reportadas como desaparecidas salieron a votar en la primera vuelta presidencial” (El Colombiano, 2026). Por su parte, Infobae reportó que “casi mil millones de pesos en efectivo se han incautado en las primeras horas de la jornada electoral” (Cicua, 2026). La pregunta ya no es si existen irregularidades, sino cuánto afectan realmente la democracia colombiana.


Las elecciones deberían ser el momento más sagrado de una democracia. Es el instante en que un campesino, un empresario, un estudiante o un desempleado tienen exactamente el mismo poder político: un voto. Sin embargo, en Colombia ese ideal convive con una larga historia de sospechas y escándalos. No es casualidad que muchos ciudadanos crean que los procesos electorales están contaminados. El propio Estado reconoce delitos electorales como la compra de votos, la suplantación de votantes, el fraude en la inscripción de cédulas y la alteración de resultados. Estas conductas están tipificadas porque existen y porque han ocurrido en distintos momentos de nuestra historia.


Recientemente, una noticia llamó especialmente la atención del país: decenas de personas que figuraban como desaparecidas aparecieron ejerciendo su derecho al voto. Algunos interpretaron este hecho como una prueba de fraude; otros señalaron que podría tratarse de errores o inconsistencias en las bases de datos oficiales. Lo preocupante no es únicamente el hecho en sí, sino la facilidad con la que genera dudas sobre la transparencia del sistema. Cuando la confianza institucional es débil, cualquier anomalía se convierte en combustible para la sospecha. Sin embargo, también es necesario actuar con responsabilidad. Acusar fraude electoral sin pruebas sólidas puede ser tan perjudicial para la democracia como cometerlo. En las recientes elecciones, organismos observadores nacionales e internacionales afirmaron no haber encontrado evidencia de un fraude generalizado y calificaron el proceso como transparente. Incluso cuando surgieron denuncias públicas, las auditorías y verificaciones oficiales respaldaron la validez de los resultados.


Entonces, ¿hay corrupción electoral en Colombia? La respuesta es sí, pero no necesariamente de la forma espectacular que suelen imaginar las teorías conspirativas. Incluso el actual presidente de la República ha denunciado posibles irregularidades. “Presenté las bases comprobadas del posible fraude. Que puedo entregar a la autoridad competente. Dije que no reconocí los datos del preconteo del software de los hermanos Bautista porque tengo datos”, escribió Gustavo Petro en una publicación de X en 2026. La corrupción electoral suele esconderse en prácticas más silenciosas: la compra de votos en barrios vulnerables, el clientelismo, la financiación irregular de campañas y la presión sobre comunidades dependientes de líderes políticos locales. Son mecanismos menos visibles que un supuesto fraude masivo, pero probablemente más dañinos porque se repiten elección tras elección.


El problema de fondo es que Colombia enfrenta una profunda crisis de confianza. Un sector de la población cree que las instituciones protegen a los poderosos. Otro sector considera que cualquier resultado que no le favorezca es consecuencia de un fraude. En medio de esa polarización, la democracia queda atrapada. La solución no consiste en desconfiar de todo ni en creer ciegamente en todo. La solución pasa por exigir mayor transparencia, auditorías más rigurosas, observación independiente y sanciones ejemplares para quienes manipulen el voto ciudadano. Una democracia no se fortalece cuando se multiplican los rumores; se fortalece cuando las denuncias se investigan y las pruebas hablan más fuerte que los discursos. Porque el día en que los colombianos pierdan completamente la confianza en las urnas, el problema ya no será quién ganó una elección. El problema será que la democracia habrá empezado a perder su significado. Y esa sí sería la derrota de todos.


Referencias


Cicua, A. J. (2026, May 31). Casi mil millones de pesos en efectivo se han incautado en las primeras horas de la jornada electoral. Infobae. Retrieved June 3, 2026, from https://www.infobae.com/colombia/2026/05/31/casi-mil-millones-de-pesos-en-efectivo-se-han-incautado-en-las-primeras-horas-de-la-jornada-electoral/

El Colombiano. (2026, June 2). Fiscalía confirma que 77 personas reportadas como desaparecidas salieron a votar en la primera vuelta presidencial. El Colombiano. Retrieved June 3, 2026, from https://www.elcolombiano.com/colombia/77-personas-desaparecidas-votaron-primera-vuelta-presidencial-NC37242816

ISSN: 3028-385X

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