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Colombianos rumbo al extranjero: “el sueño polaco”

Foto: Juan Barbosa / El País

Andrés Villamil Jiménez

Universidad Popular del César

No, lastimosamente el titular del presente escrito no alude al talento de nuestros deportistas siendo llevado al extranjero, tampoco al folclor de nuestros músicos en previa de ser exhibido en tierras europeas; mucho menos, a la excéntrica riqueza de nuestra cultura expuesta ante una mirada eurocentrista. Lastimosamente, esta va orientada hacia los simbólicamente exiliados, nuestros paisanos desenraizados.


Lamentablemente, en los últimos años ninguno de nosotros ha estado exento a vivir en carne propia la historia de un familiar, amigo o allegado que, pronto o distantemente, ha marchado hacia tierras lejanamente extrañas, o extrañamente lejanas, muy lejanas. Para nadie es un secreto que, últimamente ha venido tomando fuerza una tendencia migratoria de parte de nuestros jóvenes hacia el continente europeo, para ser más específicos, al país de Polonia.


Dicha tendencia, aunque ha tenido un gran impacto social a escala nacional, terminan siendo las zonas periféricas del país en donde más ha generado repercusión; siendo el desempleo, la informalidad y las barreras que limitan la educación de los nuestros, varios de los factores artífices de tal proclividad. Pese a los escasos y casi nulos informes estadísticos proporcionados por migración Colombia en cuanto a la migración de jóvenes colombianos, diarios de prestigio como BBC citan estimaciones relativas a 370.000 colombianos que salieron del país durante el año 2025 sin la intención de regresar, buscando permanecer durante un tiempo considerable en el lugar de destino; develando de esta manera, la trascendencia de la tendencia presentada en cuestión.


Polonia, al ser un país donde el flujo migratorio es demasiado elevado y a su vez repentino, no existen políticas suficientes que regulen la normatividad de las empresas en cuanto al contrato, carga laboral, bienestar integral y salario del proletariado extranjero. No sólo los colombianos han sido víctimas de esta situación, como prueba de ello, tenemos irónicamente al pueblo ucraniano, quienes en al ser un territorio relativamente cercano a Polonia, han encontrado en este país un refugio para sus vidas durante épocas de violencia.


Quienes han tenido la valentía de emprender tal travesía, aseguran que empresas como SHEIN, LG o P&G, tienden a ser las principales empresas empleadoras; en especial, la famosa empresa de bienes de consumo P&G, donde precisamente, Polonia juega un papel fundamental al ser el núcleo de sus operaciones en toda Europa Central. Del mismo modo, no está de más resaltar que, oficios como el procesamiento de carnes, la albañilería y cargos logísticos estenuantes en grandes multinacionales; se convierten algunas de las principales opciones de empleo para los migrantes colombianos una vez establecidos en la nación polaca.


Dichas empresas, ven en los migrantes tan solo recursos humanos, brazos dóciles y fértiles, no más que almas apátridas ante la explotación laboral. Las causas de aquello son evidentes, no hace falta hacer un profundo análisis para conocerlas, simplemente basta con entender que, debido a las condiciones vulnerables en las que se encuentran estos trabajadores, cualquier abrazo, por más hipócrita que sea, resulta consolador. Esta es, simple y llanamente la metáfora que describe la situación laboral en la que se ven sumidos nuestros paisanos en el extranjero.


Desafortunadamente, el emprender tal viaje no solo implica el dolor de aquellos que se van; ¿qué hay de los que se quedan? ¿Puede el dolor de una madre ser descrito? ¿Podría ser descrito aun cuando es una de ellas mismas quien lo describe? Podemos sentirnos aliviados al saber que las palabras puede que alcancen para tal descripción, pero afortunados, al tiempo, de conocer que esas sensaciones que golpearon al cuerpo en dichos momentos no vienen sujetas a tales recuerdos.


Muchos de esos jóvenes, el pasado diciembre escucharon mensaje y vientos de navidad desde la distancia, probablemente, este año volverán a escucharla solos; o quizá, acompañados del llanto, el vacío en el pecho, y el profundo y lúgubre dolor que siente el desarraigado. Porque en la lejanía la nostalgia nos recuerda aún más quienes somos, porque tenemos pulmones de acordeón y un corazón que late al ritmo del vallenato.


Lo peor es que ahora, que los jóvenes somos conscientes y capaces de reconocer lo vasto del asunto, quieren venir los títeres del cinismo a mentirnos de frente, a rostro desnudo. En vísperas de elecciones presidenciales, deberíamos volver nuestras almas a la niñez, si analizáramos o tomáramos decisiones con base a los principios y valores fundamentales que se nos son enseñados en nuestra primera etapa de vida; muchas de estas inútiles divisiones y desacuerdos, no existirían. Una sociedad en donde las elecciones estén supeditadas al respeto, el amor, la justicia, la honestidad y el bienestar tanto ajeno como propio; en donde todo aquello que no cumpla con esos pilares, sea concebido como lo que es, algo dañino y retrógrada.

ISSN: 3028-385X

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