Cuando el territorio deja de ser hogar: Cerrejón, Soacha y la pérdida de identidad

Foto: Colombia en cifras

Estefanía Guerra Ordóñez
Universidad Minuto de Dios
En Colombia, muchas comunidades tienen una relación muy fuerte con el lugar donde viven; como los indigenas y campesinos: el territorio no es solo tierra, sino historia, familia, cultura y memoria. Sin embargo, varios proyectos industriales y extractivos han generado una ruptura entre las personas y sus espacios. Como explica Maristella Svampa, estos conflictos socioambientales ocurren cuando grandes empresas afectan la forma de vida de las comunidades, mientras dicen que todo es “por el desarrollo”. Esto se ve claramente en La Guajira con el Cerrejón y también aquí en Soacha con las ladrilleras Santa Fe. Ambos casos muestran cómo un territorio puede cambiar tanto, que las personas empiezan a sentirse desconectadas de él.
En el caso del Cerrejón, el documental Las Huellas del Cerrejón muestra cómo la minería cambió totalmente la vida de las comunidades Wayúu y campesinas. Ríos desviados, polvo de carbón, tierras secas, amenazas, reubicación-desplazamiento y enfermedades son parte del día a día. Pero más allá del daño ambiental, lo que duele es que la gente ya no reconoce su propio territorio: donde antes había agua y vida, ahora hay huecos gigantes por la extraccion y ruido constante por el tren. Esto no solo impacta sus condiciones materiales, sino que fracturaron su territorialidad Como diría Arturo Escobar (2014,) la trama de vínculos espirituales, simbólicos y cotidianos que constituyen el sentido de identidad colectiva. El territorio es parte de la identidad, y cuando lo destruyen, destruyen también una parte de quienes lo habitan.
Algo parecido pasa en Soacha con las ladrilleras Santa Fe ya que hacen extracción de arcilla en minas de la zona, es una industria que afecta muchísimo el ambiente: contamina el aire, daña el río y deja montañas de polvo. Lo complicado es que la empresa dice que esto es necesario para el progreso, que generan empleo y que la comunidad se beneficia. Sin embargo, como plantea David Harvey (2005), el capitalismo urbano se caracteriza por generar acumulación por desposesión es decir muchas veces estas industrias crecen gracias a quitarle a las comunidades sus espacios y su bienestar: la empresa gana, pero el barrio pierde.
En ambos lugares —La Guajira y Soacha— ocurre lo mismo: se normaliza el daño. La gente termina acostumbrándose al polvo, al olor, a la falta de agua o al ruido porque creen que “no se puede hacer nada”. Y mientras eso pasa, poco a poco se va perdiendo el sentido de pertenencia. Es como si la identidad se fuera deshilando: la comunidad ya no se siente parte del lugar que habita. Y cuando un territorio deja de sentirse como hogar, se quiebra algo muy profundo.
Los casos del Cerrejón y de las ladrilleras Santa Fe muestran que la desconexión entre identidad y territorio no es casualidad: es consecuencia de proyectos que priorizan la ganancia económica sin pensar en la vida de las personas. Como dice Svampa, estos conflictos socioambientales nos obligan a preguntarnos qué tipo de desarrollo queremos y a quién realmente beneficia. Recuperar la relación con el territorio es también recuperar la identidad, la memoria y la posibilidad de vivir dignamente. Porque cuando el territorio se daña, no solo pierde la naturaleza: también pierde la gente.
Referencias
Svampa, M. (2019). Las fronteras del neoextractivismo en América Latina. Escobar, A. (2014). Sentipensar con la Tierra.
Harvey, D. (2005). El nuevo imperialismo.
Las Huellas del Cerrejón (Documental).
.png)
