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El país de los mártires

Foto: Laura Hernández Martín

Simón Santamaría Cifuentes

Universidad EAFIT

Colombia aún no ha logrado salir de la conmoción causada por la trágica muerte de Yulixa Toloza. Sin embargo, el país tuvo que enfrentarse de nuevo a otra vida apagada: la de Alexander Avendaño Varela, un joven de 22 años que murió el pasado 24 de mayo de 2026.


El joven se encontraba en una fiesta de guaracha a bordo de un “planchón”, una embarcación turística de gran tamaño, en el embalse El Peñol-Guatapé. El motivo de la celebración habría sido el cumpleaños de José Daniel Soto, conocido en redes sociales como “DJ Coco”.


Para Alexander, esta fiesta sería una más, una de tantas a las que solía asistir, pero de manera súbita una pelea terminó convirtiéndose en el disparador de su fatídica muerte.


En redes sociales estuvo circulando un video en el que se observa la riña que habría antecedido su fallecimiento. Los detalles de la pelea no son claros; sin embargo, lo único que resulta evidente es que Alexander Avendaño, a raíz del miedo y la angustia de imaginarse siendo linchado, sin saber nadar y sin un chaleco salvavidas, terminó lanzándose al embalse, resultando ahogado.


Vaya coincidencia


A primera vista, los casos de Yulixa Toloza y Alexander Avendaño parecen desconectados. Sin embargo, esa distancia se reduce cuando se observa el contexto en el que ambos ocurrieron.


Las dos tragedias comparten un hilo conductor común: la negligencia y el abandono del Estado frente a sus ciudadanos.


En el caso de Yulixa, a más de una persona le habrán surgido unas cuantas preguntas: ¿Dónde estaba la Secretaría de Salud? ¿Cómo permite el Estado que estos garajes operen bajo la fachada de clínicas estéticas?


Según la Secretaría Distrital de Salud de Bogotá, en 2024 se recibieron 282 denuncias por procedimientos estéticos irregulares. De estas, el 70 % correspondería a intervenciones practicadas en establecimientos clandestinos y sin regulación.


Así, Colombia parece ser un país acostumbrado a crear mártires. La muerte de Yulixa tuvo que alcanzar una amplia repercusión mediática para que el Gobierno Nacional anunciara la presentación de un proyecto de ley denominado “Yulixa Toloza”, orientado a regular los procedimientos estéticos que se realizan en el país.

Yulixa no fue la primera ni será la última. Milena Angélica Urueña Ortiz, Carolina Isabel Marenco Laurens, Luz Adelis Mazo, Yuleidys Fernanda Charris Reales, Orfa Márquez y Lina Marcela Ospina son apenas algunos nombres de una lista más amplia de mujeres que han sido asesinadas de manera inescrupulosa durante procedimientos estéticos en lugares clandestinos que operaban bajo la fachada de clínicas estéticas.


Alexander: una muerte que también se pudo evitar


La Ley 1242 de 2008, entre muchas otras regulaciones, establece las normas de seguridad de embarcaciones tripuladas que navegan en cuerpos de agua no marítimos en Colombia.


De manera específica, la norma dicta: “al embarcarse y durante todo el trayecto de la ruta, los pasajeros y la tripulación tienen la obligación de llevar puesto y sujeto el salvavidas tipo chaleco, que durante el embarque les entregará el timonel o motorista de la embarcación”.


A su vez, la Superintendencia de Transporte es la entidad encargada de vigilar el cumplimiento de las normas aplicables a la navegación fluvial y la documentación en regla de las empresas privadas prestadoras de este servicio.


Además, la Inspección Fluvial vigila y controla que cada embarcación cuente con todos los elementos de seguridad antes de zarpar. Esta dependencia del Ministerio de Transporte, en teoría, era la encargada de impedir que una embarcación transportara pasajeros y tripulantes sin chalecos salvavidas, elementos que pueden reducir el riesgo de ahogamiento.


Finalmente, las preguntas siguen acumulándose y el silencio de las autoridades se ha hecho significativo. Quedan muchas reflexiones en el aire: ¿Cuántas Yulixas más habrá hasta que el Estado realmente tome cartas en el asunto? ¿Cuántos casos más en circunstancias similares a las de Alexander tendrán que ocurrir? ¿Cuántas vidas más tendrán que apagarse para que Colombia deje de convertir la tragedia en requisito para actuar? ¿Se seguirá normalizando la pasividad de los entes de control?

ISSN: 3028-385X

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