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Amigo centrista

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Juan Felipe Pulido

Universidad de La Sabana

Amigo centrista, estamos ad-portas de la segunda vuelta presidencial. Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda, aunque cuestionables, son los elegidos para competir por la Casa de Nariño durante estos próximos años. Ambos tienen sus fanáticos, detractores, gente que vota por uno para evitar la llegada del otro, entre muchos perfiles de votantes. Pero como cada cuatrienio, quienes terminarán decidiendo la elección son ustedes, junto con los indecisos y abstencionistas.


Precisamente en 2022, la mayor parte del centro eligió acompañar a Gustavo Petro a la presidencia con el fin de impedir la llegada del – también – cuestionable Rodolfo Hernández QEPD. No obstante, el panorama actual tras uno de los gobiernos más controvertidos de la Colombia reciente pide un cambio de rumbo y un fortalecimiento institucional que está más cerca de representar Abelardo de la Espriella.


Aunque para muchos parezca una mezcla populista entre Bukele, Milei y Trump, el programa de Abelardo junto a sus aliados no representa en este cuatrienio una amenaza para el modelo institucional y socioeconómico. No ocurre lo mismo con Cepeda. Es muy difícil creer en esas invitaciones a “cafés” y “Acuerdos Nacionales” a líderes como Claudia, Fajardo y Oviedo y que no terminen en lo mismo que cuatro años atrás con Petro; cuando éste echó del gabinete ministerial a figuras tecnócratas de la centroizquierda como Cecilia López, Alejandro Gaviria y José Antonio Ocampo (el único que logró sacar adelante una reforma tributaria en un congreso mayormente opositor) y prefirió radicalizarse nombrando a figuras más “leales” y afines al progresismo puro.


Tampoco es fácil creerle a Cepeda cuando el mismo Petro, hace ocho años firmó en mármol que no iba a promover una constituyente – y que iba a manejar los recursos públicos como sagrados – y ahora con tal de ganarse al centro le tocó desligarse de esa propuesta (y del presidente). A día de hoy, la propuesta de Constituyente sigue apareciendo en su programa de gobierno (aparte de las 96 menciones a Uribe). Y si, aunque traten de negarlo o de maquillarlo, Cepeda es el candidato de Petro y carga tanto con lo positivo (entrega de tierras, reforma laboral) como con toda la corrupción y degradación institucional de esta administración.


En cuanto a sus propuestas, todavía está en duda la continuidad del Consejo de Estado junto con la independencia del Banco de la República (si gana, podría elegir los integrantes que le faltan para controlar la Junta Directiva). También se ha propuesto un cambio en el modelo económico que nos haría perder nuestra soberanía energética, priorizaría una mayor intervención estatal en sectores clave de la economía y financiaría un aumento en el gasto público mediante deuda o emisión de dinero.


Por otra parte, sería paradójico que un sector político a diario maltratado con acusaciones como “facho”, “uribista del closet”, “paraco” por parte de las bases petristas y que ha sido saboteado en sus gestiones dentro del Ejecutivo – remítase a la Alcaldía de Claudia López – se uniera a su verdugo. Mucho menos cuando, durante esta campaña, el presidente descaradamente ha intervenido en su red social favorita, X, atacando las campañas de oposición y entre líneas apoyando al candidato del Pacto Histórico, yendo en contra de la ley que prohíbe la participación política de funcionarios públicos.


Amigo centrista, la campaña y las propuestas de Espriella no son perfectas, habrá un país muy polarizado independiente quien gane. Pero Abelardo promete respetar y hacer valer la Constitución del 91; Cepeda hoy sostiene eso, pero el precedente Petro dificulta creerle plenamente. Durante los próximos cuatro años, usted podrá hacerle oposición a Espriella, a sus propuestas, a su gabinete y, si no le llega a gustar, en 2030 podrá votar por un candidato diferente; con Cepeda esa garantía queda en duda. Quiero extenderles la mano a que, así como en 2022, el panorama de país invitaba a votar por el gobierno actual, hoy la institucionalidad y la democracia exigen ser respaldadas en las urnas; un voto por Abelardo significa mantener un gobierno de pesos y contrapesos. Esperemos que en el próximo cuatrienio vuelvan los debates que el país relegó durante esta administración. Y si no, en 2030 las puertas de la democracia se abrirán nuevamente, esperemos, con la misma carta magna.

ISSN: 3028-385X

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