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Escala de grises

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Sofía Acosta Ortiz

Universidad de La Sabana

Colombia es fanática de las fotografías en blanco y negro donde, de manera conveniente, parece que hemos olvidado que existe una escala de grises.


Es como si hubiéramos decidido tomarle una fotografía a nuestro espectro político y congelarlo para siempre. Una fotografía captura un instante exacto: no muestra lo que ocurrió antes ni lo que ocurrió después. No muestra los cambios, los matices, las contradicciones o la evolución. Sin embargo, hemos convertido esas fotos en identidades permanentes. Cada fotografía en blanco y negro se transforma en una bandera, en una etiqueta, en una forma de clasificar a quienes nos rodean, olvidando que después del “miren aquí” la vida sigue. Sigue avanzando, sigue cambiando y sigue creando una escala de grises.


Y qué miedo le tenemos a esa escala de grises.


Es como si fuera un territorio prohibido. Un lugar donde no se puede habitar porque quien se atreve a hacerlo corre el riesgo de quedarse fuera de la foto. De no pertenecer completamente a ninguno de los lados. De ser señalado por no sonreír lo suficiente, por no estar de acuerdo con la pose, por negarse a convertirse en una fotografía más.


Pero la escala de grises es necesaria. Porque las fotografías solo capturan un segundo de una historia mucho más grande. No muestran los aplausos después de apagar las velas, la pareja que baja del altar después de su primer beso como esposos o el dolor de una madre tras perder a su hijo. La realidad siempre es más compleja que una imagen.


La escala de grises nos permite entender que detrás de cada fotografía existe una historia más profunda, llena de contextos, experiencias y contradicciones. Nos obliga a reconocer que las personas son mucho más que una postura política, una opinión o un voto.


Quizás la escala de grises no existe para reemplazar el blanco y el negro, sino para unirlos. Después de todo, ninguna fotografía está hecha de un solo color. Incluso las imágenes más contrastadas dependen de esos tonos intermedios que casi nunca reciben atención. Son ellos los que permiten distinguir un rostro de una sombra, una expresión de una silueta. Tal vez ocurre lo mismo con nosotros: el problema nunca ha sido elegir un lugar dentro de la fotografía, sino olvidar que quienes están al otro lado también fueron fotografiados por los mismos grises.


Pero al final puede que la fotografía en blanco y negro nunca logre representar todo lo que somos. Y tal vez elegir la escala de grises implique aceptar la incomodidad de no encajar por completo en ningún lado. Pero vale la pena preguntarse si el problema de Colombia no es que pensemos diferente sino que hemos confundido una foto con toda una historia, olvidando que la vida y las personas ocurren en los matices, en esta simple, pero compleja, escala de grises.

ISSN: 3028-385X

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