Estoy mamada de la política

Alison Toquica Acosta
Escuela de Ingeniería Julio Garavito
Colombia, les debo confesar que no podía (y no puedo) evitar llorar cuando veo a un adulto mayor por la calle en estado de abandono total rogando por chichiguas de monedas, a los niños tratándose de hijueputas, a un sector buscando destripar al otro; veo con tristeza, impotencia y desesperación cómo es que nos matamos (al menos en Bogotá) por una silla en un transporte masivo que solo nos estresa y nos roba energía vitalicia entre empujones, agarrones y gritos; veo armas, conflicto armado, cifras y más cifras, pero no veo vidas. Tengo 17 años y no puedo evitar desde que tengo memoria, ver y sentir latentes las realidades de mi país, que me rodean y nunca me han sido indiferentes: un campesinado (que encontraba en mi familia) abandonado y empobrecido aunque fueran de quienes proviene el alimento, la tierra cada vez más infértil según relatos de mi madre que pasaba sus vacaciones donde la bisabuela, el medioambiente abandonado aún con todas las advertencias del cambio climático, mi familia preocupada por los ingresos del mes y yo estresada por dinero, pensando en qué sería de los demás si hasta para mí (aún sin trabajar y apenas con la conciencia de una niña pequeña) los ingresos eran tema de debate y alta preocupación, mis compañeros de colegio sumidos en violencia y en ataques personales que siempre me parecieron crueles… En fin, me puedo tomar más de 50 páginas de un documento word ejemplificando todo aquello que he visto, vivido y que duele cuando veo hacia atrás y aún más, hacia adelante. Por eso, cuando tenía 12 años decidí ser partícipe activa de la democracia aún sin ser una ciudadana, así que empecé con la voz menos gritona, pero más fuerte: ser estudiante.
Han pasado los años ya y por eso hoy hago una reflexión luego de un largo tiempo viéndome involucrada en la política, luchando por esos dolores que quedan y se suman en el camino: estoy mamada de la política.
Sí, estoy mamada de institucionalidad, de la burocracia, de los debates de superioridad moralista, de los discursos que deben ser inequívocos, de seres que se presentan como mesías y se les olvida que no son dioses, sino humanos. Estoy mamada de esa política llena de adornos pero falta de humanidad y empatía, estoy mamada de los discursos de odio y coherencia ética que se deben mantener solo por hacer parte de un sector y que les hace olvidar que cambiar también es posible y que equivocarse también es aprender, estoy mamada de los juicios y las etiquetas, incluso de mi propia ideología, estoy absolutamente mamada de estar en el escarnio público por hacer o no, por decir o no, por ser o no. Como dicen las mamás o los hijos cuando nos quejamos: malo si, si, malo si, no. Y de lo que estoy más mamada todavía, es que en este país, si te sientes identificad@ con alguna de las problemáticas que mencioné en el primer párrafo, tu única salida para hacer el intento de mejorar esto, es haciendo todo aquello que te presenté que me tiene cansada, en este segundo párrafo.
En Colombia, ser de derecha y realizar una marcha parece ser un pecado, tanto como ser de izquierda y defender el capitalismo; y ojo que no estoy aquí para hablar de ideologías, porque me parece que fue, es y será el mayor desacierto de la política, pues plantea desde un inicio ver al diferente como un otro y no como un compañero. Sin embargo, ni hablar de un partido, donde está estrictamente prohibido ir en contra de las órdenes superiores, incluso si estas van en contra del principio por el cual tu criterio te llevó al camino de ser un actor político. Y allí es donde precisamente, la política con su fin de identidad y causas propias, se pierde junto a tu identidad y criterio; y eso es hasta de fanatismos, pero lo tenemos tan supremamente normalizado que es alarmante. Ejemplo que les dejo para reflexionar con las elecciones presidenciales 2026: ¿desde cuándo una figura pública y reconocida de la política debe salir en televisión nacional y en redes sociales compartiendo su voto para que quienes votaron por él o ella como candidato que no pasó, voten ahora por el o la candidata que esa figura ahora apoye?
Es por esto que hago un llamado a que replanteemos la política desde nuestras posturas, desde lo pequeño que es aquello que nos lleva a ver a Colombia como la hemos visto en los últimos días, polarizada, llena de rencor y de sangre nuevamente. Los actores más pequeños de la política, toda vida que hace parte de esta Tierra, no debe desentenderse de ella, pero la política sí debería empezar a desentenderse de sí misma y ser reconstruida e identificada por una sola ideología: Colombia.
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