Fiesta electoral

Santiago Quintero Pineda
Universidad Pedagógica Nacional
Los tiempos de la historia corren más rápido de lo que puedo.
El corazón se me afana
Y mi desamor es ese de aquel que confió en su país
y acabó decepcionado.
Un desamor que nace de la ilusión muerta de creer que el otro
es también yo
y que como yo, querrá las mismas cosas por las que podría morir
y odiaría las mismas contra las que quisiera vivir luchando.
Desilusionado respiro
Oyendo millares de voces que también caen en la
estafa contra el propio ideal de creer que el corazón del otro
tiene la misma brújula que el mio,
por creer que estamos en el mismo juego
y nosotros somos quienes merecen ganar
con la crueldad victoriosa
de quien pasa sobre aquel que también se sabía digno de su propio triunfo
Da miedo,
Sentarse como abeja
y no saber a dónde va el panal,
no saber si esta apuesta
de urnas y tarjetones será victoriosa
o una condena al mañana.
Máscaras de soledad y política que aprisionan los discursos y
ocupan las charlas del desayuno.
Una decisión u otra
la utopía de uno es el infierno del otro
y la duda solo se quiebra con el radicalismo
de buscar extender la voluntad de hacer el bien
sin saber que palabras se escuchen
desde aquel palacio presidencial.
Al final,
Solo el pueblo salva al pueblo,
pero ¿de qué pueblo somos?
si nuestras ovejas votan por su propio lobo
con tal de no probar nuevos pastos.
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