Fumar en el baño

Zharick Tatiana Ramírez
Universidad Pedagógica Nacional
Entre la marea de los poemas,
me escondo en el baño a comienzos de la medianoche.
Doblada como un secreto antiguo,
nazco otra vez.
Allí romantizo la muerte:
mis hojas secas,
mi piel marchita,
el hueco que dejo en mí.
En las noches en las que existir pesa,
el cigarrillo me habla, me acompaña.
Su brasa abre un sendero oscuro
y el alma desciende tras ella.
Nada más placentero que rozarte los dedos,
aspirar profundo
y dejar que tu memoria abandone mi boca
mezclada con el humo.
Comprendo mis asperezas y sigo calando;
el humo aprende mi forma,
se enreda en mis costillas,
ocupa los espacios donde antes estabas.
Encuentro algo magnífico en arder al ritmo de mi cigarrillo,
mientras el vapor me borra
entre la risa y la muerte misma.
Mi amor da cumplimiento a una antigua leyenda:
toda historia de amor
es una tragedia del tiempo.
Pobres aquellos a los que la ternura
nunca les llegó al alma.
Condenados los que jamás pisaron tierras fértiles,
los que nunca fumaron en el baño
hasta sentirse naufragar en sí mismos.
Y más tristes aún,
los que dejaron que la pasión los cegara,
hasta volver el amor un mísero silencio.
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