La clase del odio

Sara Salinas Hortúa
Universidad del Rosario
Son mis pies helados, mis uñas mordisqueadas, y el terror en mi pecho quienes se dirigen a ustedes: estudiantes, personas dueñas de los espacios del pensamiento. ¿Cómo y por qué habernos estancado en tan miserables trincheras donde nos despellejamos en la anónima confesión y la apresurada estigmatización?
¿Dónde quedo el cuidado en esta educación superior que hoy luce desorientada por no reconocer el odio tan grande que viene de sus estudiantes? Está perdida. Se pierde cada que el odio supera las ganas de comprensión por el mundo.
¿Será momento de irnos y dejarla sola? ¿Será momento de aniquilarla de una vez por todas?
¿y entonces disponernos para empezar a replicar para con todas las demás personas?
¿Será este el momento en el que las juventudes de Colombia toman la dirección de su país para acabarlo? Pues nos resignamos antes de salvarlo.
No he podido dejar mis manos quietas, solo tiemblan y tiemblan, ¿será este el momento de unirme al odio para acabar de una buena vez con quién me señaló de guerrillera?
Mis manos tiemblan y tiemblan. Pues cuando aniquile a quien señale de ignorante y fascista, tendré que llevar su cuerpo, su nombre y su memoria en la misma de mi patria. Boca abajo, en el aula estará, enterrada la academia quedará y me tendere de rodillas para su rostro alcanzar y cuando le de vuelta… la cara de mi compañero estará. Al verle moriré.
y la clase dada por terminada quedará.
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