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La cultura de la hostilidad

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Jesús Luna Núñez

Universidad del Magdalena

Detrás del voto, y del discurso que le precede, se establece un acto de memoria, de venganza y de identidad, que no parte precisamente de una evaluación crítica. La lucha de ideas en Colombia se ha convertido en una leyenda cultural. Un privilegio de algunas gentes. Los extremos de la polarización en Colombia se presentan como la distancia intelectual entre grupos, pero en la práctica dan cuenta, más bien, de una fractura visceral. La masa de cada extremo es la solidificación de un ejercicio antagónico que, por contagio, partió de lo individual, atravesó la cultura, la historia y lo institucional, hacia la identidad colectiva.


Desde la perspectiva de la psicología, y la premisa del procesamiento de la información, puede hablarse de la interacción entre el medio político y los esquemas del sujeto, tales como emociones, ideas, creencias, entre otros. Estos esquemas corresponden a la configuración cognitiva del sujeto, la cual, por decir algo, puede entenderse como todo lo que conforma el mundo interno de alguien. Las premisas que se predican en los tiempos de elección retumban sobre ese mundo interno.


El periodo electoral siempre trae a flote las heridas del pasado y a flor de piel las ansiedades vigentes. Por eso el voto se mueve en la medida que las candidaturas logran alinearse con las necesidades del pueblo; otra vez, su mundo interno. Tal alineación predispone al ciudadano a una nueva lógica. Es decir, otra forma para interpretar la realidad, la historia y, fundamentalmente, al otro, quien, desde luego, pasa a ser un antagonista.


En ese sentido, por naturaleza las reglas del juego electoral implican la fricción y el debate de ideas. Mas lo desconcertante del asunto está en el trasfondo motivacional y en el estilo lacerante de la cultura del votante.


Esta cultura, que por su ferocidad puede llamársele de la hostilidad, da cuenta de algunos aspectos importantes que deben meditarse: ¿Se piensa distinto o se siente distinto? ¿De qué manera las candidaturas moldean a sus simpatizantes? ¿Cómo puede explicarse el fervor con que se apoya a una figura incluso desconocida? ¿Por qué tanta gente se resiste a las evidencias?


La intensidad de la polarización en Colombia no puede explicarse únicamente desde lo ideológico; eso es más un eslogan provisional, pues los hechos sugieren que la distancia entre ellos y nosotros tiene que ver con prejuicios, el resentimiento y la susceptibilidad que el conflicto armado, la corrupción, las limitaciones de los derechos básicos y las brechas en desigualdad, han establecido.


En este orden de ideas, la cultura de la hostilidad consiste en el resentimiento hacia la idea —construida y deconstruida— del otro. En ese sistema los errores propios son defendidos y argumentados, más los ajenos son celebrados. Los desacuerdos no giran en torno a las ideas, sino a las personas. Se establece un sistema de defensa inflexible. El debate se traslapa a la desinformación. Se utiliza el miedo como arma de aniquilación y estrategia de reclutamiento. La intolerancia se ve normalizada. Y los medios de comunicación se transforman en un despiadado campo de batalla.


Entonces, tal vez el mayor riesgo de la cultura de la hostilidad es la convicción de que una parte del país es la amenaza que debe ser neutralizada. A los propios se les reconoce como lúcidos y coherentes, mientras que a los opuestos se les descalifica y atribuye una condición de fanáticos. No solamente se dejó de escuchar al otro, también se desea que se calle. Esta circunstancia representa la gravedad de las grietas sociales en Colombia y propicia un llamado urgente a la conciencia.


Querido lector, reconociendo su naturaleza sapiente, desplace la mirada del adversario hacia usted mismo y participe del siguiente ejercicio:

  • ¿Estoy sintiendo o estoy pensando?

  • ¿Estoy defiendo una idea o luchando contra otra?

  • ¿Qué necesita el candidato opuesto para recibir mi apoyo?

  • ¿Soy capaz de argumentar las propuestas de mi candidato y refutar las del opuesto?

  • ¿Estoy evaluando la competencia de un candidato o la sensación que me produce su personalidad?

  • ¿Qué puedo perder si cambiara de opinión?

  • ¿Mi voto es por la esperanza o por la venganza?

Ninguna de estas preguntas exige una respuesta correcta. Se pretende explorar los sesgos propios y estimular el criterio del votante. Así como la democracia implica vigilar a nuestros líderes, también, implica vigilar las motivaciones que estimulan nuestro voto y nuestra manera de participar en la política. Colombia se encuentra profundamente fracturada y es el voto el ejercicio de la cura deseada.


Fuentes


Borda, S. (2018). Presidenciales en Colombia: ¿polarización o deterioro de la conversación política? Nueva Sociedad. https://nuso.org/articulo/presidenciales-en-colombia-polarizacion-o-deterioro-de-la-conversacion-politica/


Kahan, D. M. (2013). Ideología, razonamiento motivado y reflexión cognitiva. Sentencia y toma de decisiones, 8(4), 407–424. doi:10.1017/S1930297500005271


Torrijos Rivera, Vicente, & Pérez Carvajal, Andrés. (2013). DE LOS CONFLICTOS COMPLEJOS: NATURALEZA, ESTRUCTURA Y MORFOLOGÍA DE LOS CONFLICTOS INTRATABLES E IMPERECEDEROS. Revista de Relaciones Internacionales, Estrategia y Seguridad, 8(2), 119-142. Retrieved June 13, 2026, from http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1909-30632013000200006&lng=en&tlng=es.


Villa Gómez, Juan David, & Sarmiento Rojas, Juan Camilo. (2023). Polarización y creencias sociales en algunos militantes de dos partidos políticos ideológicamente antagónicos en el marco del posconflicto en Colombia. Revista Guillermo de Ockham, 21(1), 7-29. Epub January 26, 2023.https://doi.org/10.21500/22563202.5433

ISSN: 3028-385X

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