Pensar diferente no debe costarnos la vida

Astrid Manuela Moreno
Universidad del Valle
Amanecerá y gritaremos victoria,
porque los campos cosecharán paz y felicidad,
porque la esperanza siempre acompaña
al que con fe, paciencia y resistencia obra.
Aquel que lucha una vez más
por el cumplimiento de sus derechos,
merece vivir muchos años más.
Una mañana desperté
y mis antepasados me han visto a los ojos
me dicen que los recuerde y no los olvide
que recuerde quién soy,
de dónde vengo,
y para dónde voy.
Vengo de abuelos y padres campesinos,
para mí y para muchos,
es un orgullo tener la oportunidad
de estudiar en una universidad pública;
y no cualquiera,
una de las mejores de mi amada América Latina,
por eso y por mucho más,
mis derechos no son negociables.
Porque yo,
yo también soy campesina,
estudiante de la universidad pública,
hija de la clase obrera,
de inmensas zonas rurales
atravesadas entre lágrimas, dolores, conflictos y heridas.
Cargamos con la responsabilidad de la riqueza.
La riqueza del agua, la flora y la fauna.
Y son todos ellos.
Me piden que los lleve en mi memoria,
que recuerde que mis decisiones
son tan importantes
como mi historia,
como mi vida.
Como su vida,
como su historia.
También veo a mis padres,
me recuerdan que los derechos no son cualquier cosa,
me muestran las luchas
y es así que todos los días hablamos de política.
Hablamos de lo que queremos para nuestro futuro
y de cómo los ideales políticos
transgreden nuestra cotidianidad.
Hablamos de nuestras oportunidades,
les cuento que siento rabia y miedo.
Que nos quiten tanto de lo mucho que hemos logrado.
Les cuento que no quiero dejar de estudiar.
Les cuento que soy agradecida,
pero igual pido un país justo.
Y es así que pasan los días,
cada vez se va acercando la fecha.
Y yo...
Yo pienso...
pienso en mi familia
en mis amigos,
en mis vecinos,
en mi comunidad,
en mi territorio,
en mi país.
Porque pienso.
Pienso mucho.
Pienso en lo que somos,
pienso en lo que seremos,
y en aquello en lo que nos transformaremos.
Por eso hoy una vez más,
tomo conciencia,
me amarro los zapatos,
y decido afrontar otro día.
Con la convicción del pensamiento, los libros y las letras.
Con mis ideales de justicia,
y con la certeza de que los derechos
por el simple hecho de existir,
no pueden ser arrebatados.
Pensar diferente
no puede costarnos la vida.
No queremos más guerras,
ni mucho menos más violencia.
Y si se trata de seguridad
queremos la reparación, los cuidados y la protección,
del que ama a su pueblo.
No la revictimización.
No queremos esas propuestas vacías,
No queremos más engaños.
No.
Eso no lo quiero.
Yo quiero la paz
la que tantas veces mis antepasados lloraron.
Yo quiero un país
donde los días del porvenir
podamos tener la plenitud del vivir.
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