Colombia, seguimos en lo mismo

Maria Antonia Ospina
Universidad Católica Luis Amigó
Colombia, a pesar de tantos años y de tanta sangre derramada, seguimos en lo mismo. Después de ver cómo en cada época asesinaban a grandes pensadores y líderes que quisieron hablar de paz en este país tan violento —como Gaitán, Galán, Pizarro, Garzón, Bernardo Jaramillo y otros—, la conclusión es que NO HEMOS APRENDIDO NADA. Al día de hoy, todavía hay senadores incitando a la ciudadanía a armarse para “combatir la violencia” con más violencia. Esta constante apelación a la guerra es la semilla de la polarización que hoy destruye la conversación pública en el país.
La manifestación más peligrosa de esta ignorancia colectiva no es la violencia física, sino esa polarización afectiva que se ha instalado en el corazón de la vida nacional. Hemos cruzado esa línea en donde el debate se convierte en aversión. El que piensa diferente ya no es nuestro igual, sino el enemigo absoluto, el que encarna el mal y el declive de la sociedad y que, por lo tanto, debe ser aniquilado o, al menos, silenciado. Esta situación le ha quitado la capacidad a muchos de ver la humanidad en el otro, encerrándose en burbujas ideológicas que los alejan de la realidad.
Debido a esto, Colombia nunca se ha dejado gobernar, porque el propósito de los oligarcas nunca fue común y el de los representantes nunca fue escuchar las ideas del contrario, sino derribarlas a cualquier costo. Este sabotaje sistemático nos está saliendo caro y, mientras los poderosos hacen su circo mediático, los de a pie desde acá abajo vemos cómo las necesidades comunes son desgarradas en ese altar.
Mis preguntas día a día son: ¿Cómo lo cambiamos? ¿Cómo hacemos que esta patria que nunca ha aceptado lo distinto pueda sentarse a hablar en común? No podemos seguir viendo al otro como paria de una patria fracasada. No podemos dejar que la historia se repita. No podemos volver a callar las voces que nos lideran a ser una Colombia más digna y avanzar, para que no sea en vano el sacrificio de las voces silenciadas que algún día lloramos y para así dejar de ser la patria boba.

