top of page

Emprendimiento y educación

Samuel Sanabria.jpg

Thomas Joya Corzo

Fundación Universitaria del Área Andina

Hay algo que no te enseñan en clase: cómo sostener tus sueños cuando el mundo parece no tener espacio para ellos. Aprender y generar conocimiento es importante, sí, pero aprender a liderarte, a emprender, a resistir, es otra historia. Y esa es la que estamos escribiendo los jóvenes que no se conforman.


La educación no puede seguir siendo una meta lejana ni un privilegio condicionado. Es el punto de partida para entender quiénes somos, qué queremos y cómo podemos transformar lo que nos rodea. No se trata solo de acumular conocimientos, sino de construir una filosofía de vida, de encontrar sentido en lo que hacemos, de convertirnos en personas íntegras, responsables y solidarias.


Pero no basta con saber. Hay que saber hacer. Y ahí entra el emprendimiento, no como moda ni como discurso institucional, sino como estrategia vital. Emprender es decidir que no vas a esperar a que te den permiso para crear. Es mirar tu entorno, identificar lo que falta, lo que duele, lo que puede mejorar, y construir algo desde ahí.


Muchos jóvenes están en esa búsqueda. No porque les sobre tiempo o recursos, sino porque les falta todo menos ganas. En un país donde millones de personas trabajan de forma independiente, desde profesiones liberales hasta micronegocios en agricultura, tecnología o confecciones, el emprendimiento no es una opción; a veces se ve como una necesidad. Pero también es una oportunidad.


Y para aprovecharla, necesitamos educación que forme para la vida, no solo para el examen. Necesitamos espacios donde se reconozcan los talentos, donde se escuche la voz joven sin paternalismos ni filtros. Necesitamos líderes que entiendan que el ejemplo educa más que cualquier discurso.


Como líderes de nosotros mismos, podemos pensar, analizar, reflexionar y planear cómo queremos vivir, cuál es el sentido de nuestra vida, nuestras creencias y valores, nuestro propósito superior, qué legado queremos dejar, a qué personas admiramos y por qué. Qué nos inspira, nos entusiasma, nos apasiona para vivir plenamente cada día.


Cada joven debería preguntarse: ¿qué hago bien?, ¿qué me apasiona?, ¿qué actividad me permite crecer y aportar?, ¿cómo puedo ser un 1% mejor cada día? Porque el talento está, la creatividad está, la voluntad está. Lo que falta es que nos dejen construir sin tener que pedir permiso para existir.


Por eso, propongo que cada joven defina su estrategia: una idea, una prueba piloto, un proyecto, un negocio, una microempresa. Lo que sea, pero que lo haga bien, con propósito, con ética, con visión. Que no espere a que todo esté listo, porque nunca lo estará. Que empiece, aunque sea con lo mínimo, porque lo mínimo puede ser el inicio de algo significativo.


Va para todos: A los jóvenes, que no se dejen apagar. A los líderes, que no repitan los mismos errores. A los adultos que aún dudan, que miren con ojos nuevos.


La educación y el emprendimiento no son caminos separados. Son las dos piernas con las que caminamos hacia un futuro que no se construye solo con promesas, sino con acción. Y si fallamos, que sea haciendo lo correcto. Porque lo que está en juego no son solo proyectos, es nuestra vida. Y eso merece hacerse bien.

ISSN: 3028-385X

Copyright© 2026 VÍA PÚBLICA

  • Instagram
  • Facebook
  • X
bottom of page