Modo supervivencia: edición Bogotá

Juana Valentina Parra
Universidad Javeriana
Bogotá ya no es una ciudad, es una experiencia inmersiva. Ahora no compras un celular, adoptas es un objeto con fecha de vencimiento incierta. Incluso, caminar por la calle dejó de ser un acto cotidiano para convertirse en un deporte extremo con un poco de fe en que hoy no serás el siguiente protagonista de la noticia del mediodía: “Nuevo atraco en Bogotá”.
Lo más curioso es que la inseguridad dejó de ser un problema para convertirse en una especie de emprendimiento urbano. ¿Quién dijo que no había empleo? Tenemos una economía pujante: el mercado del raponazo exprés, el emprendimiento del “cosquilleo” en transporte público, y los innovadores con el robo a domicilio que te garantiza la entrega en menos de 60 segundos.
Y claro, cada sector tiene su especialidad. Si te roban el celular en el bus, no es delincuencia, es “reciclaje tecnológico sin consentimiento”. Si te rompen el vidrio del carro en el semáforo, no es hurto, es “intervención artística contemporánea con costo adicional”. Y si te sacan la billetera sin que te des cuenta… felicitaciones: participaste en un acto de magia callejera.
Mientras tanto, uno mira alrededor y se pregunta: ¿dónde está la autoridad? Bueno, están ocupados… probablemente atrapados en el mismo trancón que tú, o contestando un chat institucional con el mensaje clásico: “Estamos trabajando para usted”. Spoiler: no lo están.
Lo más surrealista es que ya nos estamos acostumbrando. Antes la gente salía a la calle con miedo. Ahora sale con una estrategia previa, el celular escondido en la media, la billetera falsa para el atracador novato, y una mirada panorámica de 360 grados. Hemos desarrollado una versión urbana del instinto de supervivencia. El problema es que eso no es adaptación, es resignación.
Y como si fuera poco, aparecen los consejeros urbanos dándole los consejos infaltables para no caer en el juego callejero, diciendo: “No dé papaya”. Una frase tan colombiana como frustrante. Porque básicamente significa que si te roban… la culpa es tuya por existir en un espacio público con pertenencias.
Pero no todo es tragedia; la creatividad delictiva también evoluciona. Hay ladrones que no solo roban, te ofrecen talleres exprés de vida. Si sacas el celular caminando y te lo arrebatan te enseñan sobre atención plena. Otros promueven el ejercicio: nada como perseguir tu propia mochila para cumplir la meta diaria de cardio.
La pregunta es incómoda, pero necesaria: ¿hasta cuándo vamos a disfrazar esto de “normalidad” en vez de llamarlo por su nombre: un colapso al que nos acostumbramos? vivir así no es fortaleza ni resiliencia; es pagar una cuota mensual de miedo sin posibilidad de cancelar la suscripción.

