Movimiento uniformemente acelerado

Andrés Mauricio Burbano
Universidad de Nariño
La modernidad, como cualquier momento histórico, trajo consigo cambios estructurales y una nueva cosmovisión del mundo, es así como desde el orden y la lógica “racional” se impulsó la concepción de que la relación sujeto-naturaleza se debía desligar, convirtiendo a la naturaleza en un objeto puesto para dominar y explotar, con el fin de generar recursos económicos excesivos y acumulación de riqueza. Aunque es necesario hacerlo, y no está del todo mal, la forma que lo han hecho las potencias mundiales ha dejado al resto de la población mundial con daños irreversibles en sus territorios, consecuencia de la extracción y explotación desmesurada de recursos, y con una responsabilidad ecológica que, aunque no nos pertenece del todo, debemos cumplirla moralmente. Esta defensa del medio es una lucha continua de comunidades pobres que dependen de la naturaleza para sobrevivir, mientras algunos lo ven como una transacción, para las poblaciones que habitan estos territorios, lo protegen no por elección estética sino por necesidad vital.
El falso concepto de desarrollo que nos ha colonizado desde la apertura económica implementada en los 90’s, responde a las prácticas y teorías del neoliberalismo, la globalización y el libre mercado, con esto, se ha conseguido explotar descomunalmente los recursos naturales en los territorios del “Sur Global”, generando una respuesta del ecosistema el cuál obedece a la segunda ley de la termodinámica: la entropía. Si bien, todos somos cuerpos energéticos que disipamos energía, el sistema económico vigente ha obligado a que todos los cuerpos energéticos, incluyendo la fuerza de trabajo y la misma naturaleza, con sus recursos naturales e hidrocarburos limitados, gasten más energía y la disipen (destruyan) más rápido, coadyuvando así con la aceleración de la destrucción del medio, por ende, del individuo y las sociedades enteras. Entonces, ¿Estamos caminando hacía un futuro, o caminamos hacia el abismo?
Es por eso que, desde el sur, desde Latinoamérica y el Caribe, se necesitan generar nuevas epistemologías, pensamientos, y teorías que permitan mitigar estas prácticas, pero al mismo tiempo, reflexionar que el proceso económico no puede entenderse aisladamente de las leyes que rigen la naturaleza, así que, es momento de empezar a hablar de una bioeconomía, como una herramienta de transición y transformación. A su vez, poner en medio del debate político el concepto de decrecimiento, no con el fin de “dejar de crecer”, sino, analizar los comportamientos del mercado: consumismo, derroche, explotación, acumulación, obsolescencia programada y así, poder desacelerar la degradación del medio, en dónde también estamos incluidos como sujetos compaginados con la naturaleza.

