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Somos historia en carne viva

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Tomás Rivera Pinzón

Universidad Externado

Jóvenes colombianos:


¿Nos hemos preguntado quizá alguna vez qué significa habitar esta tierra?


Son muchas las cosas emblemáticas dentro de esta nación; no obstante, todos representamos una misma identidad. Ser colombiano implica mucho más que llevar una identificación o compartir apellidos similares, y es que, ciertamente: somos historia viva.


Cada vez que en Bogotá se come un ajiaco santafereño.


Cada vez que en Pasto se almuerza cuy asado.


Cada vez que en la costa se le pone suero a una arepa de huevo.


Somos historia en carne viva


Cuando nos levantamos con ganas de un tinto.


Cuando nos apetece un migao a media tarde.


Cuando lo único que queremos es llegar a casa para poder remojar el queso en agua de panela caliente, en una tarde lluviosa.


Somos historia en carne viva.


Y es que, desde las orquídeas que definen nuestros campos, hasta las rosas que recorren el mundo.


O quizá cuando elegir entre la intensidad de una heliconia o la sobriedad de un clavel, para quien se ama, deja de ser una elección y se vuelve una certeza, siempre y cuando represente nuestra tierra.


Somos historia en carne viva


Cuando ser colombiano también implica habitar las tensiones de una historia que nunca fue plenamente unificada, marcada por figuras como Simón Bolivar o Francisco de Paula Santander.


En esas tardes en las que, en Antioquia, se piensa acerca de independizarse del resto del país, mientas que, por otro lado, se cree en una mayor unificación de nuestro territorio.


Somos historia en carne viva.


Si bien podría continuar de manera indefinida caracterizando las cosas tangibles que habitan en nosotros, aparece una cuestión:


¿Por qué, si tenemos una gran identidad que se ha forjado incluso en la dificultad, esa idea carece de sentido si quienes la heredamos decidimos construirla en otro lugar?


Esto no se trata de juzgar, si no de entender que hay algo profundamente valioso en quien decide quedarse, enfrentar lo imperfecto y asumir la responsabilidad de lo que aún no funciona.


Se recapitula que ser colombiano no es simplemente pertenecer a un territorio o compartir tradiciones. Es la responsabilidad que tenemos frente a lo que nuestra identidad representa.


Es nuestro deber, entre todas nuestras diferencias, entre todas nuestras múltiples formas de hablar, de comer y de vivir. Siempre existirá algo que nos unirá por encima de todo: la posibilidad de construir juntos algo mejor.


Finalmente, debemos recordar que ser colombiano no es solo “luchar” ni adaptarse: es decidir quedarse.


Somos historia en carne viva.

ISSN: 3028-385X

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