¿El arte incomoda?

Isabella Cetina Hernández
Universidad Jorge Tadeo Lozano
Estudiar, leer, escribir, pensar y sentir son parte del mismo proceso de liberación. Cuando nos acercamos al conocimiento, no buscamos verdades absolutas, buscamos preguntas. Preguntas que nos obliguen a movernos, a mirar diferente, a no quedarnos quietos frente a lo que antes nos parecía normal. Esa es la catarsis que produce el conocimiento: una incomodidad transformadora.
En Colombia, sin embargo, acceder al conocimiento sigue siendo un privilegio; el acceso a la cultura, la educación, a los libros, al pensamiento crítico.
Al dar por sentado el acceso a todas estas herramientas, surge la comodidad de la ignorancia, creyendo que para todos, todo está bien. El problema nace cuando escuchamos esa conversación, esa canción, ese libro que abre una grieta. Porque una vez que sabes, ya no puedes volver atrás.
El conocimiento nos obliga a cambiar, nos confronta con lo que somos, con lo que callamos y con lo que elegimos no ver, eso para muchos resulta insoportable. Es más fácil cambiar de canal, cambiar la canción, cerrar el libro. La incomodidad no viene del arte en específico, viene de lo que el arte nos revela sobre nosotros mismos y sobre el país.
El arte siempre ha sido político. No porque la obra lo dicte explícitamente, sino porque nace de una realidad, nace de injusticias, de privilegios, de historias que alguien necesita contar antes que el olvido se las lleve. Aparece cuando una fotografía muestra lo que los noticieros omiten, cuando una canción nombra lo que la gente prefiere no nombrar, cuando un poema pone como protagonista el dolor que una sociedad ha aprendido a normalizar. El arte moviliza, sensibiliza y hace memoria. Habla cuando el mundo prefiere el silencio.
Por eso incomoda, no porque sea agresivo, sino porque es honesto. En un país donde tantas verdades se han enterrado, donde el silencio ha sido una forma de sobrevivir, una obra que diga lo que todos saben pero nadie dice resulta casi desestabilizador.
El arte es la expresión del ser, es denuncia y resistencia. Es incomodidad.

