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Archivo cerrado

Samuel Sanabria.jpg

Leydy Tatiana Arango

Universidad del Valle

Alguien se pudre en silencio

Encerrado en su propio mundo.

Ausente,

Sin querer permanecer aquí.


El cuerpo le pesa,

La mente arde de cansancio,

Y cada pensamiento

Susurra el mismo final.


El subconsciente le habla.

Los recuerdos le arañan la espalda.

Huye.

Siempre huye.


Se volvió fría y distante.

Oscuro el corazón.

Sólo el frío comprendía

La manera en que respiraba.


Postrada sobre metal,

Una autopsia recorre su cuerpo

Mientras el forense murmura:


—Qué cruel es esto.


Pero ella escucha.

Incluso muerta, escucha.


A un lado descansan otros cuerpos,

Víctimas del mismo monstruo

Que camina tranquilo por las calles

Con las manos limpias

Y la conciencia podrida.


“¡Es un asesino!”,

Gritaba la vecina.

“¡Policía, policía!”


La gente miraba,

Pero nadie hacía nada.


Después de todo,

Era sólo una anciana

Hablando sola con su demencia.


El silencio ganó otra vez.


Y así,

Entre expedientes olvidados

Y archivos cubiertos de polvo,

Quedaron los nombres

De quienes alguna vez soñaron

Con respirar aire fresco,

Con sentir la lluvia,

Con vivir un poco más.


Pero el mundo aprendió

A convivir con cadáveres.


La justicia duerme

Sobre montañas de dinero,

Mientras las víctimas

Se convierten en números,

En fotografías,

En casos cancelados.


Detrás de un muro

Su alma sigue vagando sin rumbo.


No logró descansar en paz.


Y aunque un día deseó vivir,

Terminó convertida

En otra historia rota

Que nadie quiso escuchar.

ISSN: 3028-385X

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