Archivo cerrado

Leydy Tatiana Arango
Universidad del Valle
Alguien se pudre en silencio
Encerrado en su propio mundo.
Ausente,
Sin querer permanecer aquí.
El cuerpo le pesa,
La mente arde de cansancio,
Y cada pensamiento
Susurra el mismo final.
El subconsciente le habla.
Los recuerdos le arañan la espalda.
Huye.
Siempre huye.
Se volvió fría y distante.
Oscuro el corazón.
Sólo el frío comprendía
La manera en que respiraba.
Postrada sobre metal,
Una autopsia recorre su cuerpo
Mientras el forense murmura:
—Qué cruel es esto.
Pero ella escucha.
Incluso muerta, escucha.
A un lado descansan otros cuerpos,
Víctimas del mismo monstruo
Que camina tranquilo por las calles
Con las manos limpias
Y la conciencia podrida.
“¡Es un asesino!”,
Gritaba la vecina.
“¡Policía, policía!”
La gente miraba,
Pero nadie hacía nada.
Después de todo,
Era sólo una anciana
Hablando sola con su demencia.
El silencio ganó otra vez.
Y así,
Entre expedientes olvidados
Y archivos cubiertos de polvo,
Quedaron los nombres
De quienes alguna vez soñaron
Con respirar aire fresco,
Con sentir la lluvia,
Con vivir un poco más.
Pero el mundo aprendió
A convivir con cadáveres.
La justicia duerme
Sobre montañas de dinero,
Mientras las víctimas
Se convierten en números,
En fotografías,
En casos cancelados.
Detrás de un muro
Su alma sigue vagando sin rumbo.
No logró descansar en paz.
Y aunque un día deseó vivir,
Terminó convertida
En otra historia rota
Que nadie quiso escuchar.

