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La industria también tiene cuerpo de mujer

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Juana Valentina Parra

Universidad Javeriana

Ser mujer hoy parece un trabajo de tiempo completo. Y mal pago.


El cuerpo femenino nunca descansa. Nunca está suficientemente bien. Siempre aparece algo nuevo que corregir, reducir, aumentar, levantar o “armonizar”. Qué palabra tan curiosa esa. “Armonizar”. Como si el cuerpo femenino hubiera nacido equivocado y necesitara una actualización urgente, tipo software.


A veces pareciera que las mujeres ya no viven dentro de su cuerpo. Viven administrándolo como un proyecto infinito de remodelación. Y si no tienes nada “mal”, tranquila, Instagram se encargará de inventarlo antes del fin de semana.


Porque esa es la verdadera habilidad de esta época: convertir inseguridades en tendencias.


Uno abre redes sociales cinco minutos y sale convencido de que respirar no basta. Ahora también hay que tener mandíbula definida, cintura pequeña, piel de porcelana y glúteos estratégicamente posicionados para merecer existir en internet sin sentirse una tragedia estética.


Y lo más impresionante es que nos vendieron todo esto como empoderamiento.


Antes esa presión era directa, incómoda y descaradamente cruel. Ahora el sistema se sofisticó, disfrazada del tan llamado “amor propio”.


Y sí funcionó. Funcionó tan bien que millones de mujeres hoy gastan cantidades absurdas de dinero intentando alcanzar estándares imposibles mientras creen que lo hacen libremente. El capitalismo descubrió algo aterrador: la inseguridad femenina produce más dinero que el petróleo.


Por eso el cuerpo femenino se volvió un mercado interminable. Cada inseguridad representa una industria. Y claro, las redes sociales hicieron el resto.


Nadie habla realmente de lo agotador que debe ser habitar un cuerpo constantemente observado. Un cuerpo que parece existir bajo auditoría pública permanente. Como si ser mujer implicara vivir en evaluación estética continua, incluso en los momentos más normales y absurdamente humanos.


Lo más cruel es que muchas mujeres ya ni siquiera recuerdan cuándo empezó todo esto. Simplemente crecieron entendiendo que debían corregirse. Como si existir naturalmente fuera apenas un borrador de sí mismas. Entonces pasan la vida intentando arreglarse para que, algún día, el mundo finalmente las considere suficientes.

ISSN: 3028-385X

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