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Los niños que no saben hablar

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Sara Valeria Díaz

Universidad del Valle

Hace unos días vi a cuatro niñas sentadas en una banca cerca de una parada de bus. Parecían vivir en alguna de las casas que había cerca, como si pasaran gran parte de sus días allí. Cuando me vieron, se acercaron a preguntarme para dónde iba. Hablaban entre ellas, les causaba curiosidad la ropa que yo llevaba y preguntaban. Pero hubo algo que no pude sacar de mi cabeza: la mayor, que tendría alrededor de unos catorce años, tenía dificultad para hablar, al igual que otra de las niñas, que, aunque tendría aproximadamente nueve años, tenía la misma dificultad.


No era solo una mala pronunciación. Les costaba construir frases, expresar ideas y hacerse entender. Y mientras intentaban hablar, pensé en algo que pocas veces discutimos como sociedad: ¿cuántos niños en Colombia están creciendo sin las condiciones mínimas para desarrollar algo tan básico como el lenguaje?


En Colombia hablamos constantemente de pobreza, inseguridad y violencia, pero casi nunca hablamos de las consecuencias silenciosas del abandono infantil. Porque aprender a hablar no ocurre solo. Un niño necesita conversaciones, atención, educación temprana, estímulos y adultos presentes. Necesita que alguien lo escuche.


Sin embargo, miles de niños crecen en contextos donde sobrevivir es más urgente que desarrollarse. Y esa realidad golpea especialmente a comunidades históricamente excluidas, entre ellas muchas poblaciones afrocolombianas.


Las cifras más recientes del DANE, publicadas en 2025, muestran que aunque la pobreza multidimensional en Colombia bajó al 9,9 %, millones de personas siguen viviendo en condiciones que afectan directamente el desarrollo de la infancia. La pobreza multidimensional no habla solamente de dinero: también mide carencias en educación, acceso a servicios básicos y condiciones del hogar. Es decir, factores que influyen directamente en cómo crece un niño y en las oportunidades que tiene para aprender, comunicarse y desarrollarse.


Además, datos del DANE sobre analfabetismo muestran que miles de hogares colombianos continúan enfrentando dificultades educativas estructurales. Y aunque no existen cifras exactas sobre cuántos niños tienen problemas en el desarrollo del lenguaje, no hay que ignorar la relación entre pobreza, abandono y dificultades para comunicarse. En Colombia, millones de niños crecen sin garantías básicas para un desarrollo integral, y eso termina viéndose en pequeños detalles que muchas veces ignoramos: niños que no logran leer bien, escribir bien o incluso hablar adecuadamente para su edad.


Y quizá lo más preocupante es que estas escenas ya dejaron de sorprendernos. Nos acostumbramos a ver niños pasando horas enteras en las calles, creciendo prácticamente solos, sin supervisión, sin espacios seguros y sin acceso real a una infancia digna. Nos acostumbramos tanto que dejamos de preguntarnos qué historias existen detrás de esas palabras mal pronunciadas o de esos silencios.


La situación golpea con más fuerza a comunidades históricamente excluidas, entre ellas muchas poblaciones afrocolombianas, donde las brechas educativas y la pobreza siguen siendo más profundas. Pero el problema ya no pertenece solo a una región o a un grupo específico. El abandono infantil se volvió parte del paisaje colombiano.


Y quizá eso es lo más peligroso: la costumbre. Nos acostumbramos a que haya niños trabajando en las calles. Nos acostumbramos a que pidan monedas en lugar de oportunidades. Nos acostumbramos a ver infancias interrumpidas antes de tiempo. Y cuando una sociedad normaliza eso, empieza también a perder su capacidad de indignarse.


Aquella tarde, no pude dejar de pensar en esas niñas. Porque entendí que el problema no era solo su dificultad para hablar. El verdadero problema es que en Colombia hay niños creciendo sin voz, mientras como sociedad aprendimos a convivir con ello sin siquiera detenernos a cuestionarlo.

ISSN: 3028-385X

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