Pájaro cantor

Allison Barrios Peña
UNAD
Hermoso pájaro cantor, en una jaula de plata
el hombre lo encerró,
le quebró las alas para que no pudiera volar,
le arrancó la lengua para que no pudiera cantar,
para que no se pudiera quejar.
El hombre lo mira y ve maravillas,
ignorando su triste agonía.
Él lo culpa y se lava las manos,
y dice que fue por cantar tanto.
El dulce pájaro, una víctima del montón
de todas aquellas que el hombre encerró.
El pájaro sufre y también llora,
pero eso a él no le importa.
Cruel y vivo se siente,
siempre apoyado por su criadero de serpientes
que lastiman al pájaro cada vez que quieren.
El hombre mira y solo calla,
porque con el pájaro no gana nada.
Él lo mira y ve cómo sufre,
y eso al pájaro lo destruye.
Quiere salir y poder volar,
pero el hombre siempre sus alas quebrará.
En triste agonía vive su vida,
viendo en la jaula las horas tardías.
No sabe qué hacer ni a quién acudir,
porque los demás pájaros son libres al fin.
Él se quedó, el hombre lo atrapó,
y así por primera vez sus alas quebró.
Las serpientes lo miran y solo sisean,
viéndolo como una presa.
Quieren devorarlo, desean lastimarlo,
para que así este completamente quebrado.
El pájaro resiste y se intenta quejar,
pero sin su voz solo puede aguantar,
y a las serpientes eso les ha de encantar.
Al hombre no le molesta y solo observa,
pensando que así por fin dominará a su presa.
El pájaro resiste y con más coraje
este se mantiene firme.
No se doblega y no se rompe,
porque si lo hace, no hay quien lo arme.
Ya lo vivió y solo se construyó,
pero gracias a eso el pájaro aprendió.
Firme se mantiene y por más que lo hieren,
ya no le importa las opiniones de las serpientes,
porque este sabe que no lo merecen.
Las serpientes lo envidian y por eso lo lastiman,
para sentirse mejor consigo mismas.
Quieren atención, buscan devoción,
pero al fin y al cabo solo las ven
como un vil depredador,
que con engaños y trucos lastiman al que no tiene voz.
El pájaro mira y espera
que aquel hombre por fin duerma,
porque por la ventana ve a un búho
buscando su cena.
El pájaro espera y el búho entra,
las serpientes soberbias se convierten en su cena.
El búho lo ve y pesar siente,
tira la jaula para que pueda romperse.
El pájaro se libera y por fin vuela,
y al hombre un presente le deja:
alimañas y larvas cerca de su almohada
para que cuando despierte,
este con lo que más se parece.

