Paranoia colectiva

Vivian García Santamaría
Universidad Militar Nueva Granada
A las mujeres, su miedo y valentía fervor del fuego morado.
Todos los escenarios falsos que cruzan por mi cabeza apenas pongo un pie fuera de mi casa, no son solo mios; son de mis amigas con un ‘‘avisame cuando llegues’’, de mi mamá preguntándome donde estoy cada que salgo y de mi abuela echándome la bendición antes de cruzar la puerta.
Es incómodo, molesto, injusto; como se vuelve tan normal y rutinario que, antes de tomar una decisión “sencilla” escuchó un murmullo articulando estas preguntas llenas de manía:
¿La salida es lo suficientemente segura para usar falda o mejor opto por un pantalón? Aunque, si lo acompaño con escote puede que me griten algo.
¿Y en qué parte del transmilenio me subo?
Mejor me hago en la parte de adelante como me aconseja siempre mamá porque en el último vagón estoy más expuesta.
¿Será buena idea pedir un carro?
Porque puede que sea como en aquel Tik Tok que vi hace unos días y el conductor genere una enfermiza obsesión, me acose, me amenace y mi vida corra riesgo.
¿Y si me gusta un chico?
Pero debo estar atenta a cada actitud que tenga, no vaya a ser que tenga problemas de ira y la relación termine en un velorio, el mío.
Lo más paradójico de cada situación que me imagino es que una mujer ya la vivió y que probablemente otra esté pensando lo mismo que yo mientras mira su armario tratando de elegir qué ponerse para ir a trabajar.
Entonces, ¿es mi paranoia? O quizás es el eco del miedo colectivo. Porque son mujeres las únicas que entienden el verdadero significado de un simple gesto como compartir la ubicación.

