top of page

Que Dios bendiga a Colombia

Samuel Sanabria.jpg

Jhoan Sebastian Hernández

ESAP

Dios bendiga a Colombia, pensé una noche antes de escribir este relato crítico sobre lo que, desde mi perspectiva, es la situación actual de nuestro país. Faltan pocos días para la primera vuelta presidencial y el destino de Colombia parece incierto; un futuro que a muchos nos genera miedo. Las encuestas pueden mostrar una intención de voto, pero la verdadera decisión del pueblo colombiano sólo la conoceremos el domingo 31 de mayo, hacia las 8:00 pm., si nada extraordinario ocurre. Ahí sabremos si el poder popular decidió en primera vuelta o si tendremos que irnos a una segunda ronda.


Y ¿saben una cosa? Es triste, muy triste, ver cómo estamos regresando al bipartidismo. Colombia siempre ha estado dividida, incluso desde antes de su independencia: patriotas vs. realistas; santanderistas vs. bolivaristas; liberales vs. conservadores; y hoy, derecha vs. izquierda. Un país marcado por la violencia, la segregación, la lucha de clases, la corrupción y las diferencias ideológicas vuelve a fracturarse entre extremos.


¿Y la culpa?


La culpa es de nosotros, de cada uno de los colombianos: niños, jóvenes, adultos y ancianos. Nunca hemos aprendido a aceptar al otro. Siempre juzgamos a las personas por cómo son, por quiénes son o por cómo piensan. Y eso ha impedido que construyamos país, cultura, convivencia, sentido de pertenencia y una verdadera identidad colectiva.


Nos consume el individualismo. Muchas veces solo pensamos en nosotros mismos. Puede que mi salud, mi educación, mi economía o mi territorio estén bien, pero ¿y el otro? Eso casi nunca importa. Nos acostumbramos a repetir esa frase fría y egoísta de: “Si yo estoy bien, todo está bien”. No, querido compatriota, así no funcionan las cosas. Mientras sigamos pensando de esa manera, este país seguirá hundiéndose cada vez más. Y perdón por la expresión, pero nosotros mismos estamos cavando nuestra propia tumba.


El país no se arregla con un solo voto. No se arregla gritando “firmes por la patria”, ni diciendo “solo Cepeda y Petro en esta mondá”, ni lanzando periodicazos y afirmando que “Uribe es mi papá”. Colombia cambiará realmente cuando entendamos qué es lo que está pasando, para dónde vamos y también quiénes fuimos y de dónde venimos. Cambiará cuando de verdad nos duela el país.


El cambio llegará cuando podamos aceptar que alguien piense distinto; cuando seamos capaces de sentarnos a construir ideas colectivas y tomar decisiones que realmente transformen el rumbo de las cosas. Cuando la Colombia de un chocoano, un caucano, un huilense o un cordobés sea la misma Colombia de un santandereano, un bogotano, un antioqueño o un guajiro.


Porque la realidad es esa que una vez dijo un compañero en clase: “En Colombia hay 33 Colombias”. Y quizá tenga razón.


Solo cuando en este país exista igualdad, equidad, justicia y paz; cuando entendamos que no habrá una revolución social sin una evolución de conciencia, podremos hablar de un verdadero cambio.


Este 31 de mayo muchos saldrán a votar sin convicción, sin sentirse realmente identificados con un candidato. Otros irán únicamente por los beneficios del certificado electoral. También estarán quienes prefieran quedarse en casa porque perdieron la fe en la política. Y, por supuesto, habrá quienes marquen una “X” pensando que es lo mejor, o lo menos peor, para el país.


Dentro de ese grupo me incluyo yo: los que sabemos que muchas veces ninguna opción nos representa del todo, que no compartimos varios ideales y que votamos más desde la incertidumbre que desde la confianza. Pero aun así debemos tomar una decisión, pensando en lo que consideramos menos riesgoso para el futuro del país.


Por eso, al final, solo queda decir:


Que Dios bendiga a la República de Colombia.

ISSN: 3028-385X

Copyright© 2026 VÍA PÚBLICA

  • Instagram
  • Facebook
  • X
bottom of page