Te quiero, lobo

Anna María Agudelo
Universidad Tecnológica de Pereira
Llévate,
en tu caída sobre mi, lluviosa,
las angustias crueles
que acongojan mi corazón expuesto al hambre salvaje y desmesurada. Esa que devora tu cuerpo,
te deja sin huesos
y consume tu energía.
Arrastra contigo las falacias ambiguas
y esa voz entrometida
que carece de firmeza y nobleza,
que desconoce la verdad
y profesa sin entrega verdadera,
Imposibles.
Mis ilusiones,
bañadas por su miel sin dulzura,
se caen ante mis ojos.
He dejado de oír lo que tiene para decir por su banalidad,
el silencio nos invadió aunque su boca nunca calló.
No ando aceptando aquí dentro
lobos hambrientos
que llegan disfrazados
de “te quiero”.
Permítele agua,
tomar forma a esta punzada,
y que lejos de mi piel, encuentre su cauce,
se lave y desemboque con paz,
en el mar que he llorado en nombre de la fé.
Del creer.
Del amor.

