top of page

Tibio a mucha honra

Samuel Sanabria.jpg

Santiago Arenas Parada

Universidad de Pamplona

Se acercan las elecciones y ningún candidato me convence, No me siento conectado con ninguna de las posturas políticas de los aspirantes. Honestamente trato de olvidar esa fecha. Curioso, porque esté año será la primera vez que podré ejercer mi derecho al voto, debería estar más entusiasmado, pero no lo estoy, tal vez debería estarlo, pero no soy capaz de engañarme; En el instante que me encuentre frente al tarjetón muy probablemente me terminé decantando por el del color pálido, acromático y ausente de alguien que lo represente, no porque no quiera, sino porque no tengo de otra. Sí,no es sorpresa para nadie que esté leyendo esto que soy un Tibio, ni de aquí ni de allá, al menos según lo que su definición como eje político representa, porque no creo que la dignidad humana, la paz o el bienestar del país le pertenezcan a un partido político . Soy consciente de los puntos buenos y malos de cada extremo pero no me sirve de nada que mi posición sea percibida como volátil o conveniente, cuando sobrepongo los hechos por encima de lo atractivo que me surja el discurso; ¿Dónde quedó la democracia? ¿Por qué demeritar una opinión?


En medio de esa incertidumbre descubrí algo curioso: para muchas personas, no sentirse identificado con un bando ya es motivo suficiente para convertirse en enemigo, incluso si esa percepción viene de la propia Familia, dónde una simple pregunta sobre sus preferencias electorales se convierte en una batalla campal dónde se pierde el sentido del diálogo y el razonamiento parece ser remplazado por señalar a rajatabla los errores del otro. Parece ser que el destino de la democracia Colombiana se ha convertido en una estrategia perdida dónde la emoción vale por encima de la razón, una carga de dopamina que termina siendo contraproducente pues, no se termina concretando nada, el problema sigue, mientras que unos tienen más razones para odiar al otro.


La Derecha, así como la izquierda, son modelos que no pueden ser erráticos, porque el pensamiento no lo es, y en una sociedad donde ninguna persona piensa igual, ninguna mente lo puede ser. El problema está cuando el espacio para el pensamiento no sale del libreto, no hay cabida para la corrección o a la revisión, y si algo en el sistema falla pero se sigue haciendo de la misma manera esperando milagros, no va a cambiar nunca.


Tal vez por eso ser “Tibio” incomoda tanto, Porque cuando se dejan de lado esas cadenas se rompe rompe la lógica del eterno enfrentamiento y permite pensar más allá. Así me siento yo, y probablemente muchos de los que lean esto igual, es completamente válido rechazar una propuesta, per estar de acuerdo con otra, independiente a que bandera pertenezca pues la razón no le pertenece a un partido, le pertenece a uno; Usted es dueño de su propia razón y criterio, no se puede tomar una decisión popular pero que no lo represente, es absurdo, así como es absurdo basar su juicio en algo ya establecido, en ese caso, ese no sería su juicio, sería el de alguien más.


Ser tibio no significa ser indiferente, es ser íntegro, a mi juicio Colombia necesita una política menos fanática y más consciente, capaz de enfrentarse incluso a quienes más admiran.


Finalmente solo puedo decir que es más sencillo engañar a alguien que convencerlo de que lo han engañado, Yo también he sido engañado alguna vez. Todos lo hemos sido. Pero prefiero eso a entregar mi criterio a una ideología incapaz de aceptar sus propios errores. Mi juicio podrá equivocarse, pero al menos seguirá siendo mío. Tampoco es uno que desprecia, es uno que razona sin salirse del respeto, que podrá ser incómodo, pero es honesto.


Y si pensar antes de obedecer sigue siendo motivo suficiente para que me llamen tibio, entonces lo seré.

Tibio, y con mucha honra.

ISSN: 3028-385X

Copyright© 2026 VÍA PÚBLICA

  • Instagram
  • Facebook
  • X
bottom of page