
Foto: Archivo Alejandro Villanueva
RETRATO
¿Quién le teme a Villanueva?

Santiago Orozco Uribe
Universidad de los Andes
No hay persona en Colombia que a los 25 años se haya ganado tantos enemigos –y enemigos tan peligrosos– como Alejandro Villanueva. Lavadores de plata, sicarios, políticos, alcaldes, gobernadores, traquetos, paramilitares y contratistas han sido personajes recurrentes de sus investigaciones. Incluso, miembros de la más alta esfera del poder han llegado a temerle a sus denuncias, como el ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, que fue expuesto por Villanueva cuando estaba de paseo en plena emergencia por el terremoto; o el hermano de Laura Sarabia, en ese entonces la mujer más poderosa de Colombia, señalado por presuntamente estar vinculado a una inmensa red de corrupción.
Sus denuncias le han provocado varias amenazas de muerte, al punto de verse obligado a vivir con escolta permanente. Es probablemente el único estudiante en la historia de la Universidad de los Andes que tiene escolta no por su papá, sino por sí mismo. "Por mi trabajo he terminado como Spiderman: con cincuenta enemigos encima".
Inicios
Si las experiencias dolorosas de la infancia dejan una huella profunda en la personalidad adulta, en Alejandro Villanueva dejaron un cráter gigantesco. "Todo lo mío es una reacción a los traumas", afirma.
Nació en una familia acomodada de Bucaramanga. Lo matricularon en el Colegio Panamericano, donde estudian los hijos de la élite santandereana, y desde que entró le hicieron bullying. Llegaba todos los días a llorar debajo de la cama. “Yo denunciaba a todos esos manes, pero los directivos me decían que no podían hacer nada”. ¿Y por qué? Porque sus compañeros eran hijos de contratistas millonarios y de políticos poderosos de la región. Ahí tuvo su primer golpe de realidad: en este país no importa lo que usted haya hecho; lo importante es quién sea su papá, su padrino político o su fiscal de bolsillo.
Por esa época tuvo una novia que no pertenecía a su mismo círculo social. "Eso, en mi colegio, era equivalente a matar a alguien". La plata destinada para construir la vía que llevaba al colegio de su novia se la había robado el papá de uno de sus compañeros. Poco a poco se fue dando cuenta de que esa burbuja del Club Campestre de Bucaramanga y del exclusivo condominio Ruitoque era sostenida por la corrupción. "Porque no hay departamento más corrupto que Santander", dice. Y entonces, por sentido justiciero, empezó a denunciarlo todo.
Fundó el medio de comunicación Desigual para hacerle contrapeso a la influencia de los medios hegemónicos de Bucaramanga: El Frente, de los godos, y Vanguardia, de los menos godos. Empezó a cuestionar a los políticos de Santander y a criticar sus prácticas corruptas. En pleno estallido social de 2021 expuso los abusos de la policía contra los manifestantes. Se enteró de que un doctor en Bucaramanga, quien había sido su pediatra, estaba reuniendo plata para combatir a la Primera Línea y perseguirlo a él. Villanueva hizo la denuncia y las amenazas empezaron a llegar. Escondido dentro del baúl de un carro fue llevado al aeropuerto Palonegro, donde tomó un vuelo a Miami. Ese sería, a la edad de 20 años, su primer exilio.

En la Primera Línea. Foto: Archivo Alejandro Villanueva
Cambio
En Miami conoció a Daniel Coronell, su mayor referente periodístico. Según contó Coronell tiempo después, vio en Villanueva a una persona "talentosa, inteligente y con puntos de vista originales". Lo invitó a que escribiera una columna semanal en la recién resucitada Revista Cambio. Sin embargo, apenas unos meses después, y sin que se publicara la última columna que había enviado sobre un montaje organizado por la fiscalía de Néstor Humberto Martínez, fue retirado de la revista. En redes, muchos empezaron a hablar de una posible censura. Ante el revuelo que se había creado, Coronell publicó un video en el que afirmó que "la experiencia de los editores de Cambio no fue la mejor con Alejandro Villanueva, porque no fue suficientemente riguroso en la verificación de los hechos que narra y porque no escribe bien". Dijo que sus columnas "se volvieron ininteligibles", que "se había vuelto un dolor de cabeza de todas las semanas" y que cometió un error "al sugerir que este joven fuera columnista, porque no está listo todavía para ese reto".
Fue un golpe doloroso para Villanueva: su ídolo, la persona que más admiraba, desprestigiaba su trabajo en un video público. En respuesta, Villanueva publicó otro video en el que contrastaba las afirmaciones de Coronell. Después de todo, se dio cuenta de que "esa élite de bienpensantes del Club El Country es insensible a las realidades del país. Colombia no es un país de bienpensantes; es un país de locos, y hay que informar de esa manera". A Cambio entró porque, si en su colegio no habían querido incluirlo, ahora lo buscaban para integrar la élite del periodismo, pero comprobó que todo eso era una farsa. "Yo quería ser Daniel Coronell cuando era chiquito, pero ahora pienso que qué mamera. Hay una frase de Los Increíbles: nunca conozcas a tus héroes".
Después de su salida de la revista, se dedicó por completo a Desigual, su propio medio de comunicación. "Ellos, el periodismo tradicional, juegan fútbol once, con las cámaras y todo, y nosotros somos jugadores de micro. Yo puedo jugar fútbol once de vez en cuando, pero venga y juegue micro conmigo, y lo bailo".

Con Johana Fuentes y Rodrigo Lara. Foto: Archivo Alejandro Villanueva
Un romántico
Si hay algo que ha impulsado la carrera de Villanueva, aparte de sus traumas, es el amor –o más bien, el desamor–. "Cuando pasa algo muy malo en mi vida en el terreno sentimental, termino reaccionando como Napoleón Segundo: me pongo a pelear. Mi forma de catarsis del romanticismo es denunciar narcotraficantes". Sus investigaciones más delicadas han salido a la luz después de decepciones amorosas.
Una vez, como cosa rara, estaba enamoradísimo, feliz, contento con la vida. Tan enamorado estaba que pasó un tiempo sin denunciar narcotraficantes, a petición de ella. Poco después, la susodicha lo dejó. En su última pelea, le reprochó que no tenía que dejar de hacer lo que le gustaba porque ella se lo pidiera. "Y ahí me emputé, y empecé a sacar vainas contra traquetos de mediana circulación".
Desde hacía un año tenía un expediente guardado que no había querido publicar por las repercusiones que tendría. Sin embargo, justo el mismo día que le terminaron, al fiscal del caso lo amenazaron de muerte y lo removieron. "Pasó como si fuera el destino. Si hubiera sucedido cuando yo estaba feliz con esta vieja, ni por el putas publico eso. Pero ya qué hijuemadres". Publicó, ni más ni menos, que el rector de la Universidad de La Guajira, Carlos Arturo Robles Julio, es presuntamente un capo del narcotráfico que está siendo investigado por la justicia de Estados Unidos. Villanueva no solamente publicó el expediente, sino también la red completa de narcotráfico de quien sería el líder del "Cartel de La Guajira". "Yo sabía que me iba a pasar algo por publicar eso. Uno tiene esa intuición".
Las amenazas no tardaron en llegar. Dos hombres en moto interceptaron a su secretaria y le dijeron que lo iban a matar "por sapo". Una fuente de inteligencia le confirmó que su nombre ya lo habían puesto a circular en el bajo mundo y que desde hacía varios días lo estaban siguiendo. Sus amigos –Alejandro Gaviria, Catalina Suárez, Johana Fuentes, Daniel Mendel y varios más– le aconsejaron que se fuera del país, porque el riesgo de que atentaran contra su vida era inminente. A los pocos días saldría del país a vivir el que sería su segundo exilio.

Con Juan Daniel Oviedo. Foto: Archivo Alejandro Villanueva
Exilio
"En un exilio hay algo que le pega a todos por igual: usted tiene una incertidumbre de nunca saber qué va a pasar ni cuándo va a volver. Eso es horrible". Se enteró de que la mujer con la que había terminado –la única de la que se había enamorado de verdad– estaba en Europa. Cuando mataron a Miguel Uribe, ella le había dicho que, si alguna vez pasaba algo grave, se encontraran en Róterdam. Y como no podía haber nada más grave que ser amenazado de muerte, empacó lo que pudo y se fue directo a Holanda a buscarla. Para su mala suerte, la mejor amiga de ella le dijo que estaba en Berlín. Esperó un mes. Cuando por fin la encontró, ella le confesó que estaba enamorada de su exnovio.
Después de ese golpe emocional, se puso a vagar dos meses por Europa. Le dio una crisis existencial aguda. "¿Qué necesidad tengo de publicar todo esto? El traqueto al que denuncié sigue siendo rector de la Universidad de La Guajira, el presidente Petro lo condecoró, hay 300 páginas de pruebas y yo acá como un huevón".

Conferencia en la Cámara de Comercio. Foto: Archivo Alejandro Villanueva
Presente
Decidió entonces darle un vuelco a sus prioridades. Desde ese momento se dedicaría fundamentalmente a sacar adelante su agencia de publicidad política, Sophia. Con gran éxito, le ayudó a Juan Daniel Oviedo en su estrategia de redes durante la campaña presidencial. A Alejandro Gaviria le manejó las redes durante año y medio. También asesoró la campaña de Rodrigo Lara para la alcaldía de Bogotá. "Yo ya tengo una parte empresarial. Pago salarios, nómina e impuestos. Ya no me queda tiempo para investigar. Cuando Desigual era la sala de mi pequeño apartamento en Bogotá, investigaba como loco. Ya tengo otras responsabilidades". Poco a poco se ha venido desvinculando de la parte editorial de Desigual, un papel que hoy asumen Daniel Mendel y Johana Fuentes, a quienes les ha dado toda la autonomía. Ahora busca hacer crecer la marca de manera empresarial y social. "La única forma de usted crecer es obligándose a crecer. O cumplo las metas que me pongo o me quiebro".
Se la pasa entre Madrid y Bogotá. Con gran pesar –porque le encanta la ciudad– ya no puede vivir en Bucaramanga. "La cosa se ha puesto muy caliente. En la primera salida a comer con una vieja, nos interceptaron unos tipos y a mi escolta le tocó sacar la pistola. La vieja quedó aterrada". Otra vez, saliendo del turco, un exdirector de la Cámara de Comercio de Cúcuta lo amenazó y le dijo que le iba a dar en la jeta. Sin embargo, Villanueva tampoco se ayuda mucho: "Hay un grupo de WhatsApp en Bucaramanga que se llama Contacto Directo, en el que están todos los políticos y los periodistas. A veces, borracho, me pongo a pelear con ellos".
En Bogotá, a pesar de que todo el tiempo lo insultan en la calle, ya sabe por dónde no meterse. "En Chapinero no me quieren tanto. En el Club El Nogal me pueden querer más". En una primera cita a comer en un restaurante, en cambio, la gente lo reconoció y lo felicitó por su labor. "Me sentí como el elegido de Dios. Quedé como un putas con la vieja".
Ha entrevistado a congresistas, alcaldes, ministros, candidatos presidenciales y periodistas, pero si fuera por él, por puro gusto, entrevistaría a dos personas: "A Freddy Anaya, capo de la corrupción en Santander, no para hablar de política, sino del hombre detrás de eso. Y a Julio Sánchez Cristo, porque tiene la vida soñada: se levanta a las diez de la mañana, la noche anterior se la pasa tomando cerveza o vino en un restaurante carísimo de Madrid, tiene chaquetas y camisas de 5.000 euros, habla carreta de once a seis de la tarde y luego se dedica a no hacer nada. Es un maestro".
Hoy añora un ritmo más tranquilo, lejos de las amenazas. "No he tenido una vida normal. Hoy no puedo hacer prácticamente nada: ni salir de viaje, ni ir a una finca, ni salir a caminar. De vez en cuando me pego una escapada para ir a rumbear". Sus amigos del colegio no lo invitan a sus cumpleaños por miedo a que llegue un sicario y los balee a todos. Permanentemente, tipos desconocidos le toman fotos a su casa, a su carro, a su oficina. "La gente queda escandalizada cuando le cuento eso, pero esa es mi realidad". Alguna vez les dijo a sus amigos que quería cuadrarse con una vieja de universidad, porque nunca había experimentado eso. Cuando por primera vez fue a tomarse unas cervezas con compañeros de clase, se sintió en Disney.
El 15 de septiembre, Desigual cumple siete años de creado. En Instagram tiene más de 65.000 seguidores y en TikTok más de 100.000. En el último panel de opinión de Cifras y Conceptos, Villanueva aparece como el décimo líder digital con mayor audiencia de Colombia. Todo esto lo construyó con apenas 25 años. Es difícil imaginar lo que logrará en el futuro. Pero de algo pueden estar seguros sus admiradores, sus amigos y sus enemigos: a Alejandro Villanueva le queda carrera. Y mucha.
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