Carta al patriarcado

Esmeralda Jiménez Rojas
Universidad Militar Nueva Granada
Cuando miras mis ojos, ¿qué ves?
¿El reflejo de lo que soy,
o el imaginario del ser ideal
qué quieres que sea?
Impones estándares imposibles de alcanzar.
Estoy llena de costuras solo para seguir tu estándar.
Aun así, después me llamas plástica barata.
Quieres una muñeca perfecta,
cuando eres tú quien quiebra su piel
intentando que sea de porcelana.
Los ideales que me impones me hacen dudar.
No quieres una mujer,
quieres una niña dócil para manipular,
alguien que se calle a tu antojo,
que puedas manejar como marioneta.
Estoy harta de callar y guardar.
Es momento de gritar y romper,
levantarse y jamás retroceder.
El corsé que me regalaste,
aquel "regalo" que se volvió castigo,
martirizando mi cuerpo para tu vista,
comprimiendo mis órganos para ser más atractiva,
usándome para tu placer y desechándome.
¿Acaso soy impura por no seguir tus reglas?
¿Inventaste la virginidad para humillarme
por ser humana y sentir placer?
¿Por qué tú lo haces y eres "más hombre"?
En cambio, yo soy llamada y etiquetada como "puta".
La música que haces solo me sexualiza,
me utiliza como objeto.
Un vaso vacío y frágil es tu ego.
Me gritas en la cara que soy estúpida, perra, zorra.
Se nota que lo que llamas hombría ni se asoma.
De milagro tu cerebro funciona;
¿con esa frase no se te quemaron las neuronas?
Tu mente perversa mutila mi clítoris
para robarme el placer.
Pero si lo propongo para ti,
te horrorizas y me tachas de misándrica.
No te odio, solo te replanteo tus acciones,
ese patrón que repites en el tiempo.
Cada día me haces pensar
que te quedaste estancado en el pasado,
donde yo era esclava,
atada a roles de cuidadora que muchas veces me impusieron.
Soy una mente brillante, una calculadora humana,
pero me das trabajos "fáciles" para robármelos después,
dejándome como tu sombra,
una voz olvidada en la historia.
Tú subes en escalera eléctrica a la cima;
yo debo construir una para igualarte.
Lo irónico es que, por más difícil que te he alcanzado,
solo me tiras hacia el barranco.
Utilizas mi nombre en la política;
solo soy un peón más,
una maquinaria política para cuando no puedas participar.
Tengo que usar tu nombre para recibir aprobación.
Construiste un mundo que nunca me elegiría para la presidencia.
Los votos que consigo son por adoptar tu nombre y olvidar el mío.
En este mundo, por más que me capacite y me esfuerce,
jamás seré destacada por ser la primera opción.
¿Soy muy sentimental? Muestra tus sentimientos,
revela tu fragilidad.
Compartamos el dolor y el flagelo
de no poder demostrarnos como somos.
Recuerda que tu propia tribu también te humilla,
te da reglas para ser un macho,
encerrándote en ti mismo,
convirtiendo tu corazón en piedra,
piedra que cada día es más difícil de taladrar.
Me gustaría saber qué pasa por tu mente
cuando me miras de frente.
Me miras por lujuria,
por la clase de ropa que uso,
pero te da rabia si no sigo tu labia.
¿Soy menos por no querer jugar tu juego?
Me quemas como el fuego
con palabras que el viento no se lleva;
se tatúan en mi mente con una aguja sin tinta.
Mi presencia es excluida
porque creen que mi cerebro
es más pequeño que una nuez.
¿No ves los frutos de mi lucha,
que mi esfuerzo es el doble para alcanzarte
en la carrera de la vida?
Para ti, mis logros son inútiles;
me quitas el lugar que gané
a precio de lágrimas, sudor,
noches en vela y muertes de hermanas
que culpan por intentar igualarte.
Menosprecias mi ser en este mundo,
cuestionas mis decisiones,
afilas tu daga en lo profundo de mi alma.
Flagelas mi lucha, la desmeritas con etiquetas,
encasillándola de irracional.
En la historia me etiquetaste
junto con esclavos, migrantes y niños.
Tachaste mi nombre diciendo que no soy ciudadana.
¿Acaso no somos iguales?
Solo usas la igualdad a tu conveniencia.
¿No eres tú quien dice
que somos el sexo débil,
cuando de nuestro vientre mana
la vida de miles de seres?
Madres solteras son señaladas y acusadas,
culpables por no querer abandonar un pequeño corazón,
mientras tú no soportas la responsabilidad
y corres como si te echaran agua caliente.
Tu excusa se volvió un chiste, un hecho que se repite.
Me violentas de una u otra manera.
No te satisface ver mis heridas abiertas;
prefieres verme muerta.
Me culpas de tu propia violencia contra mí.
¿Cómo voy a querer provocarme dolor?
No solo me matas,
me culpas de mi propia muerte.
Mi fantasma nunca te dejará descansar.
Maldeciré tu vida; ojalá te quemes en el infierno,
como le decías a aquellas mujeres,
quemándolas vivas,
tachándolas de brujas
por tener más intelecto,
expulsándolas de la vida como insectos.
No destruyes la vida de una;
le destruyes el corazón a una familia.
Quitas una risa en un grupo de amigas,
dejas llanto y dolor en el mejor de los casos en una tumba.
Si no tiras mi cuerpo como simple basura,
déjame reposar en los brazos de mis padres por última vez.
Aunque ya mi corazón no lata
y mi conciencia no quede en paz,
dales tranquilidad a ellos,
quienes no olvidarán mi nombre.
Tal vez para el Estado solo sea otro dígito
dentro de un fenómeno social,
pero soy un mensaje, una carta abierta
para que sigan enfrentándose
en contra de esa violencia basada en el género.
Si el mundo que nace de mi cuerpo me oprime,
no dejaré que ese mundo exista.
Lucharé día a día para que mis derechos no sean vulnerados
por personas como tú,
que invalidan mis batallas.
Queridas hermanas:
que tengamos derechos hoy
no significa que los tengamos mañana.
La pelea acaba de comenzar
y pareciera que no tendrá un final pronto.
No seamos conformistas con lo que tenemos.
Levanta tu voz, esfuérzate un poco más
para que nunca más seas silenciada.
Mantente resiliente, valiente y con la mente clara.
Seamos empáticas, solidarias
y sensibles al dolor ajeno.
Nunca caigas en su trampa,
no negocies tus valores y principios por aprobación.
Que nuestros privilegios no nublen nuestro razonamiento.
Nunca te canses de pensar y cuestionar
para que no nos laven la cabeza con sus absurdas ideas
y nunca nos cansemos de trabajar
en pro de la sociedad para ver florecer
nuestras nuevas generaciones,
que estas puedan vivir libres y sin miedo.

