Cuando el culpable desaparece del titular

Tatiana Vega
Fundación Universitaria Iberoamericana
En algunos periódicos los agresores tienen un talento extraño: desaparecer de los titulares. Una mujer es violada en su propio apartamento.
Pero al día siguiente la noticia no habla del agresor.
El titular prefiere contar otra cosa: que la víctima tenía alcohol en la sangre.
Y así comienza el verdadero espectáculo del periodismo amarillo.
Un crimen ocurre.
Hay un responsable.
Hay una víctima.
Pero el titular decide mover la cámara hacia otro lugar.
Si no es el alcohol, será la ropa.
Si no es la ropa, será la hora.
Si no es la hora, será la vida privada.
Cualquier detalle sirve para sembrar una duda, aunque sea pequeña.
Porque en el negocio del morbo la tragedia sola no basta: también hay que fabricar sospechas. Así el agresor se vuelve una figura borrosa, casi anónima, mientras la víctima termina convertida en personaje de interrogatorio público y el crimen queda en segundo plano.
Lo que importa es el escándalo y los titulares lo saben.
Saben que una palabra puede cambiar la historia y que no es lo mismo escribir “un hombre violó a una mujer” que escribir “mujer intoxicada sexualmente agredida”.
En una frase aparece el responsable.
En la otra, el crimen se diluye.
No es casualidad es estrategia. Porque el amarillismo no solo informa: también dirige la mirada del lector. Le dice dónde mirar a quién juzgar.
Y, sobre todo, a quién olvidar.
Por eso algunos titulares no cuentan una noticia.
La reescriben y en esa reescritura silenciosa ocurre algo inquietante: el agresor desaparece, la víctima se convierte en sospechosa y el crimen termina siendo solo un detalle incómodo.
Tal vez el problema no sea solo el crimen.
Tal vez el problema también sea cómo decidimos contarlo.
Porque cuando el titular oculta al culpable, el periodismo deja de informar y empieza a proteger culpables.
