La política como tendencia

Melany Sophia Ochoa
Universidad de la Sabana
En Colombia se repite constantemente la idea de que los jóvenes son el motor del cambio político. Se dice que son críticos, informados y comprometidos con el futuro del país. Hablan de política todos los días en redes sociales, critican a los políticos y discuten con quienes piensan diferente. Sin embargo, pocos asumen la responsabilidad de participar cuando llega el momento de votar.
Muchas veces la política juvenil se queda en la superficie. Se comparten frases, memes o videos virales, pero rara vez se revisan los programas de gobierno o las propuestas sobre seguridad, educación o economía. La política termina reducida a tendencias de redes sociales, donde el candidato más visible o el más polémico suele ganar la conversación.
Esto se vuelve aún más relevante ahora que se acercan las elecciones presidenciales. En el debate público ya aparecen nombres como Vicky Dávila, Iván Cepeda, Claudia López, Sergio Fajardo o Abelardo de la Espriella. Pero la pregunta importante no es quiénes serán los candidatos, sino si los jóvenes realmente están prestando atención a lo que proponen.
Asimismo, existe otro problema del que casi no se habla: muchos jóvenes repiten la posición política de su familia sin cuestionarla. En varios hogares el voto sigue siendo una tradición. Se vota por el mismo partido de siempre o contra el candidato que la familia rechaza. De esta forma, la política deja de ser una decisión pensada y se convierte en una costumbre que pasa de una generación a otra.
Pero también sería injusto culpar únicamente a los jóvenes. Durante años, la política colombiana ha estado marcada por escándalos de corrupción, promesas incumplidas y discursos que pocas veces se convierten en soluciones reales. No es extraño que muchas personas jóvenes sientan desconfianza o distancia frente a los políticos.
Aun así, ignorar la política no es una solución. Los jóvenes representan una parte importante de la población y tienen el poder de influir en el rumbo del país. Pero ese poder no sirve de nada si solo se usa para opinar en redes sociales. La democracia no cambia con comentarios, memes o discusiones en internet. Cambia cuando las personas se informan, cuestionan y votan. Si los jóvenes realmente quieren un país diferente, tendrán que demostrarlo no solo con palabras, sino también en las urnas.

