Si Eva se hubiera confesado…

Daniela Romero Pineda
Universidad Central
Por mi culpa, por mi culpa y por mi gran culpa.
Pido perdón por haber pretendido ser libre por medio de mi desobediencia
por no caber en la costilla de lo que esperaban de mí
por haber caminado sin saber que el suelo me era prohibido.
Pido perdón por ser esa hambre que nació antes de nombrar las cosas
por hacer uso de mi razón en voz alta
por haber pensado antes de aprender a callar.
Pido perdón por haber escogido un mundo diferente, un mundo más humano,
por haber imaginado un mundo antes de que me dijeran cómo debía ser.
Pido perdón por la maldad del hombre y su deseo en mí
pido perdón al cielo porque su lluvia aún no logra purificarme
pido perdón por la vida que florece en mi vientre y muere entre mis manos.
Pido perdón por la sangre de Caín y por la humanidad de Abel
por las niñas que compartirán el pecado original
y por las mujeres que sentirán la ignorancia del fuego en sus pieles.
Pido perdón por las cosquillas que le hizo la inquietud a mi curiosidad
pido perdón por un pecado al que no le conozco el rostro
por un mal que se manifiesta como la cantidad de peces en un río.
Pido perdón por haber nacido dentro de una creencia
que no es capaz de nombrar mi propio deseo.
¿Dónde estás, dios, cuando el fruto cae y nadie responde?
¿Por qué me abandonaste al ruido de tus intérpretes?
…
Pido perdón por mi inocencia, por haber sido la primera en no saber.
Pido perdón por este cuerpo que aprendió la culpa después del tacto
por este vientre que heredó el castigo como algo innato.
Les pido perdón a mis hijos no nacidos
por haberles legado una culpa más antigua que la sangre.
Pido perdón
por haber sido origen
cuando todavía no existía el pecado.
