El costo del desorden y la falta de norte en las elecciones del 8 de marzo

Foto: Guillermo Torres / El País

Santiago Riascos Beltrán
Universidad del Rosario
La literatura académica viene hablando desde hace un tiempo de una crisis partidaria, derivada del incumplimiento de dos de los principales atributos que permiten entender el concepto de partido político: la coordinación horizontal y la agregación vertical de intereses. Estos atributos pueden medirse mediante indicadores como la disciplina de partido en periodos electorales y no electorales para el primer atributo. Por su parte, la agregación vertical de intereses puede evaluarse a partir de la intermediación de los partidos como canalizadores de las demandas colectivas y de la movilización de los intereses del electorado.
Los partidos tradicionales, o aquellos que ya superan los veinte años de existencia en Colombia, como Alianza Verde y el Partido de la U, han empezado a perder alguno de los dos atributos mencionados. Anteriormente existía un bipartidismo entre el Partido Conservador y el Partido Liberal, los cuales han dejado de mostrar una coordinación horizontal clara y congruente, y han perdido capacidad como canalizadores efectivos de las demandas e intereses colectivos de los electores. Eso explica parte de la creación de más de 34 partidos antes de que varios perdieran su personería jurídica tras el 8 de marzo; aunque se verá que para estas elecciones, así los partidos tradicionales perdieron fuerza, el elector los prefirió por encima de otros.
Partidos recompensados
El Pacto Histórico (PH) y el Centro Democrático (CD) aumentaron sus fuerzas en el Congreso. El Pacto pasó de veinte senadores en 2022 a veinticinco electos para este año, mientras que el Centro Democrático también incrementó sus curules de trece a diecisiete. Por otro lado, partidos tradicionales y otros como Alianza Verde, Cambio Radical y el Partido de la U perdieron curules en estas elecciones.
¿Cuáles son las razones, desde los atributos de coordinación horizontal y agregación vertical de intereses, que explican estas diferencias en los resultados?
El PH y el CD se han destacado por su organización interna. En particular, resalta la del PH al organizar a gran parte de la izquierda en un solo movimiento. En contraste, el CD mantiene una estructura partidaria cohesionada alrededor de la figura del expresidente Álvaro Uribe, aunque no representa a toda la derecha. Sin embargo, se han evidenciado fracturas internas y discrepancias frente a algunas decisiones del expresidente, como lo fue la disputa con el precandidato Miguel Uribe Londoño o la controvertida escogencia de Paloma Valencia al interior del partido, que concluyó con la salida de María Fernanda Cabal y José Félix Lafaurie, así como con el distanciamiento de otras de sus figuras.
Esto ha llevado a que ciertos sectores del uribismo se acerquen más a Abelardo de la Espriella y a Salvación Nacional. En contraste, en el Pacto Histórico las discrepancias internas no han tenido tanta resonancia pública, lo que sugiere una mayor coordinación horizontal.
Otro aspecto que hace resaltar al PH por encima del CD es la agregación vertical de intereses, ya que ha logrado canalizar e intentar responder a demandas de una mayoría que anteriormente se sentía excluida, especialmente en temas relacionados con la redistribución. Este es un tema que el electorado no parece encontrar con la misma fuerza dentro del Centro Democrático, donde predominan propuestas ligadas a la seguridad que canalizan, sobre todo, las demandas de territorios afectados por la violencia.
Partidos castigados en las urnas
Los partidos tradicionales perdieron fuerza —aunque con ciertas reservas—, los cuales, a pesar de contar con dos de los congresistas más votados, como Lidio García (Partido Liberal) y Nadia Blel (Partido Conservador), han visto reducidas sus fuerzas. El Partido Liberal (PL) pasó de catorce a trece curules, mientras que el Partido Conservador (PC) pasó de quince a diez.
Ambos partidos han mostrado dificultades para coordinarse internamente y mantener disciplina tanto en elecciones como fuera de ellas. Este aspecto le ha pasado especial factura al PC, que ha tenido dificultades para representar adecuadamente los intereses de sus bases, lo que ha llevado a que algunos de sus sectores se acerquen principalmente al CD y a Salvación Nacional. A diferencia de esto, el PL ha mostrado mayor congruencia entre su línea ideológica y los apoyos que ha dado al gobierno de Petro desde el Congreso. Para parte de su electorado, estas posiciones han resultado más consistentes, lo que también le ha permitido captar votos de otros electores ubicados en sectores de la izquierda. Por ende, si bien han perdido fuerza, no hay que olvidar que pueden seguir operando como “partidos bisagra” dependiendo del próximo presidente que vaya a ser escogido.
Otros partidos y coaliciones castigados han sido aquellos cuyos liderazgos se han fracturado progresivamente y se han alejado de sus bases. Este es el caso de Alianza Verde o Cambio Radical, cuyos liderazgos fragmentados han coincidido con una base electoral que parece distanciarse cada vez más de sus principios. Un ejemplo es el caso de “los verdes”, donde su senador más votado muestra posiciones más parecidas a las de Nayib Bukele.
Consideraciones finales
Este artículo no busca explicar la causa absoluta, sino entender el problema y los resultados de las pasadas elecciones legislativas, desde la coordinación horizontal y la agregación vertical. A su vez, pretende ser un llamado de atención a las organizaciones partidarias sobre la importancia de fortalecer su coordinación interna y asumir la responsabilidad de representar los intereses de sus electores. De no cumplirse estos atributos, podría profundizarse una crisis política que facilite el surgimiento de más partidos o movimientos que no resuelvan este problema de fondo, sumado a la aparición de figuras personalistas con escaso respeto por las instituciones y la democracia.

