El exilio de Romeo

Foto: Aleteia

Cristian Felipe Ramírez
Universidad de Antioquia
Ya desde finales del siglo XVI, la obra cumbre de Shakespeare, Romeo y Julieta, es, tal vez, el mejor libro referente al amor y una de las obras más conocidas a nivel mundial, que va desde las adaptaciones operísticas hasta las pictóricas y musicales. La historia de los dos enamorados de Verona ha sido incluso utilizada por el turismo, llegando incluso a volverse paisaje este escenario que empezó como algo netamente literario.
Sin embargo, aparte de la encarnación de un amor que deviene en la muerte y que trasciende los mismos odios instalados desde antiguo (como el hecho que los Montesco y los Capuleto “decreten” un pacto de paz en nombre de los enamorados), es poco valorada la importancia que ciertos personajes secundarios ocupan: Fray Lorenzo que le hace tomar la pócima somnífera a Julieta haciéndola pasar por muerta, el boticario que vende el brebaje a Romeo, fray Juan que no entrega la carta a un Romeo exiliado haciendo que éste emprenda el viaje desde Mantua hasta Verona, asesine a París en una confrontación, se dé muerte a sí mismo y no sea capaz de entender la argucia del fraile, pensando en una Julieta muerta. Esos personajes secundarios que rodean la trágica historia de amor, sin contar un paciente París que busca casarse con Julieta y una nodriza que está presente en toda la obra, se vuelven la encarnación de todas aquellas personas que de una u otra manera frustran o alientan un amor, un proyecto, un sueño.
Esta obra que culmina en un cementerio ante un hecho trágico como es la muerte, no deja de ser, en realidad, una reflexión sobre el avance inminente del reloj, sobre la capacidad de un amor con prisa que se eterniza y es capaz de vencer los odios enquistados y una extraordinaria moraleja sobre la omisión de las cartas no entregadas, las palabras no dichas a tiempo, los actos no realizados o consumados, que hacen que el sino trágico de esta obra trascienda las fronteras y las épocas.
Por su parte, vale la pena hacer alusión al texto Un mensaje a García, ensayo escrito por Elbert Hubbard en 1899, que narra la historia de Rowan, un personaje comisionado para entregar una carta del presidente de los Estados Unidos al líder insurrecto García. La historia narra que Rowan toma la carta con prontitud y asume el compromiso de llevar el mensaje a destino, demostrando el esfuerzo, la iniciativa y el sentido de la responsabilidad que hacen que este la entregue a pesar de las condiciones adversas, sirviendo esto como uno de los textos claves para la enseñanza moral y empresarial en el siglo XX.
Si con Fray Juan la omisión se convierte en literatura (pues la carta que él debía entregar no llega a destino), con Rowan se transforma en motivación. Ambos son una búsqueda y una moraleja a la iniciativa personal, una apología, en el fondo, a la responsabilidad personal y social, que tanto Rowan como los amantes de Verona tenían.
En tal caso, es motivo de reflexión que el amor de Romeo y Julieta no pueda llevarse a feliz término por una carta no entregada por Fray Juan, y que el caso de una omisión nos haya permitido una de las más grandes fortunas de la literatura y uno de los mayores deleites para los lectores desde hace cuatro centurias.
