El homo techno-logos

Foto: Mónica Torres / EL PAÍS

César Vicente Patiño
Universidad del Rosario
Frente a la sociedad tecnológica y globalizada de hoy en día, estamos presenciando el fenómeno del reemplazo del ciudadano virtuoso por un nuevo ser humano: el homo techno-logos. Un ente que ya no cuestiona la política desde una mirada crítica, sino que privilegia la efervescencia emocional por encima del argumento, y se entrega peligrosamente a la viralidad de un algoritmo que, sin control o consciencia política, ha movido los hilos para llevarnos a los extremos más degradantes para nuestra sociedad. En las repúblicas modernas, presuponemos que para la formación adecuada de una democracia funcional se necesitan ciudadanos informados y racionales. No obstante, ante la llegada del homo techno-logos: ¿qué ocurre cuando la política se define ahora por los impulsos de un ser que sucumbe ante el doomscroll, impulsos emocionales —naturales, pero casi primitivos— que lo llevan a reacciones instantáneas que aniquilan toda posibilidad de pensar?
Como joven que ve cómo la tecnología lentamente se fusiona con el individuo mismo, me cuestiono desde la intersección entre la política y la filosofía: ¿cómo es posible ejercer el poder adecuadamente frente a un profundo cambio social de la psique humana provocado por la tecnología? En un principio, podría parecer que la aparición de las nuevas tecnologías permite una democratización del conocimiento que podría ayudar a que el ciudadano sea consciente, evalúe argumentos y tome decisiones informadas que permitan el funcionamiento de la participación política. No obstante, el engaño está en un mar de tanta información que obstaculiza el conocimiento, y en un algoritmo diseñado para privilegiar lo popular, lo adictivo y, a veces, lo banal frente a la ilustración que uno podría adquirir. Es aquí donde surgen los fenómenos que dan evolución al homo techno-logos, quien privilegia la irracionalidad y la emoción como motor de decisión política, al nutrirse en redes de discursos que apelan al pathos para movilizar masas.
El nuevo homo razona cada vez menos, ya no cuestiona: si lo ve en internet, cegado lo toma como una realidad objetiva. Lo cual lo convierte en un blanco fácil ante la desinformación, la propagación de fake news y la radicalización ante un algoritmo que ofrece discursos complacientes, mas no incómodos, y de los cuales surja el cuestionamiento de ideales, y así brote de sí mismo el pensamiento crítico. Ante esto, solo cabe la preocupación, porque lo que subyace en una sociedad donde la emoción sustituye al argumento y la política se vuelve entretenimiento es la muerte del ciudadano para ser reemplazado por una audiencia que no delibera: reacciona con likes y ya ni actúa ni se posiciona; repostea y no levanta más allá su voz.
Y por otro lado, es aún más desolador ver la complicidad de los mismos políticos en la alimentación del homo techno-logos. Muchos llamados políticos ya no recurren a una retórica orientada al argumento y la deliberación, sino que explotan las emociones primordiales que más ciegan la razón: el miedo, la ira, el dolor. Esto para obtener el voto de un ser que no cuestiona qué intereses se esconden detrás de estas emociones. Es así que se erosiona la democracia y surge un populismo tecnológico que recurre habitualmente a X, Truth Social, Instagram y TikTok, y empieza a consolidarse como la nueva norma de hacer política. Es por eso que termino con esta cuestión: ¿puede sobrevivir la democracia cuando pensar se vuelve un acto minoritario?
