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Esperanza, represión e incertidumbre

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Juan Esteban Gómez

Universidad Francisco José de Caldas

Durante mucho tiempo, después de la expulsión del señor Jones de la granja, esta aún seguía sumergida en un caos. La división entre colorados y azulados se tornaba en su máxima tensión. Se rumoreaba que dentro de poco Bola de Nieve”, el gran líder de los colorados, iba a subir al poder y así asumir el rumbo de la granja. La mayoría de los animales que habitaban la granja se encontraban con un fuerte entusiasmo; nunca un colorado había asumido tal responsabilidad. ¡Seremos libres! gritaban con aires de esperanza.


Hanna veía anonadada todo el fervor que esta disputa generaba: grandes riñas, fuertes discusiones entre especies, mensajes incendiarios que se transmitían mediante el gallo con su cantar de buenos días. Poco y nada entendía lo que estaba pasando; solo sabía diferenciar entre colorados y azulados, pero nada más.

Una mañana, con las épocas de elección asomándose por la esquina, antes de entrar al colegio de Devoción Animalista, estaba reunida con sus amigas la Arenosa y Jaylin en la plaza Viejo Mayor. Mientras comían maíz con soja, como era de costumbre, veían cómo la plaza estaba a reventar de animales de todo tipo. Todos reunidos en pequeños grupos susurraban de forma muy precavida; contraían sus rostros demostrando gestos que transmitían odio, resentimiento, tristeza y dudas.


Sin advertencia alguna, ingresó un ejército azulado apoyado en carrozas llenas de heno, soportando el peso de la gran cantidad de soldados y armas que llevaban consigo. Todos divididos en diferentes comandos: los perrunos, gatunos y cerdestiales.


Jaylin: ¿Qué está pasando? Hay demasiados animales juntos, además de que el ejército ya entró. Deberíamos irnos a clase ahora mismo, antes de que Virgilia nos meta el sermón de nuestra vida y nos ponga cero en comportamiento animal.

Arenosa: ¿Qué pasa de qué, oiga? No sea boba, eso debe ser una manifestación contra nuestro líder supremo Napoleón. No sea tan ingenua.

Jaylin: Venga, Arenosa, ¿a qué no va y le pregunta a alguien qué hace toda esta plaga por acá?

Arenosa se acerca a un búho que estaba en una esquina de la plaza.

Arenosa: Disculpe, señor búho. ¿De casualidad sabe por qué hay tanto animalejo por acá reunido?

Búho: ¿Es que aún no sabe? —lo decía con una voz llena de rabia y temblorosa, casi como si fuera a llorar.

Arenosa: No, señor, aún no sabemos nada de nada. Íbamos al colegio de Devoción Animalista cuando vimos toda esta multitud reunida.

Se veía cómo bajaban cerdos, perros y gatos de las carrozas mandadas por los azulados; la situación se ponía tensa.

Búho: Mataron al líder del partido colorado, “Bola de Nieve”. Lo mató un comemierda de los azulados. Hijueputas esos. Vayan al colegio ya, animalitas. —Con sus últimos alientos, carburó un pielroja y enseguida se fue.


Jaylin estaba muerta del miedo. Le comentaba a la Arenosa que estallaría una guerra por la muerte de Bola de Nieve, tal como les pasó a sus abuelos desde el exilio del señor Jones y la guerra de los mil días contra los humanos.


La Arenosa: Deje de decir tantas bobadas, Jaylin. ¿No ve que mi papá es coronel del ejército y no nos dijo nada sobre alguna guerra en estos días? Por cierto, ¿tus padres son colorados? ¿Y los tuyos, Hanna?


Hanna pensaba que sí, que su padre era un colorado a mucho honor, pero sin saber qué diferencia había entre el uno y el otro. Su única preocupación en ese momento era el recreo. Sin embargo, estando allí, la vaca sagrada Virgilia Atenea informó de golpe a todos los que estaban presentes que recogieran sus cosas: ya era hora de irse. El que no se apurase cargaría con la desdicha de obtener un cero en comportamiento animal. Incluso habían cancelado el teatro y el cine. Esto era un mal presagio.


Al momento en que las mandaron a sus pocilgas, toda la granja estaba sumergida en un embrollo. Hace poco veían cómo la plaza estaba llena de animales que gritaban: “¡Viva el partido colorado!”, “¡Muerte a los azulados!”, “¡Hijueputas malnacidos!”.


Ya en su pocilga, Hanna veía cómo toda su familia estaba sumergida en el susto, la incertidumbre y el suspenso, comprendiendo la gravedad de la situación. Lo más sensato era pensar en la posibilidad de una nueva guerra. Desde los gallos que anunciaban el amanecer se alcanzaba a percibir lo que llamaban una revolución, lo que le recordó a sus clases de historia, cuando escuchaba sobre el exilio de los humanos que habitaban en esta granja, guerras violentas y demás. Informaban que la guardia animal estaba del lado de los civiles; en las estaciones se repartían armas para quien quisiera pelear por la granja.


Este conflicto llegó a gran escala. No solo tuvo un fuerte impacto en la zona central de la granja, sino en todo su perímetro. Los azulados no tenían ni una pizca de piedad contra los colorados: los despojaban, robaban, mataban e incluso violaban a las hembras por el simple hecho de pertenecer a los colorados.


Al ser desplazados de sus tierras, varios colorados se exiliaron en puntos estratégicos de la granja para buscar refugio y defenderse, ya que ellos solo querían su porción de tierra y la libertad del trabajo. Gran parte de ellos formaron grupos insurgentes, todo con el fin de protegerse a sí mismos y a sus seres queridos.


Posteriormente, ante la gran herida que sufría toda la granja, los animales estudiosos fueron los que alegaron que esto no iba por un buen camino. Varios de ellos convocaban marchas, plantones, bloqueaban vías, todo por querer un futuro mejor en la granja.


Las tres cerditas estaban muy comprometidas con su participación por un futuro mejor. Su activismo era contagioso y carismático; hacían que hasta el más indiferente colaborara con las causas, hasta que llegó la opresión por parte de las fuerzas e instituciones autoritarias.


En uno de los tantos plantones que tuvo lugar cerca de la plaza Viejo Mayor terminó en una tragedia terrible: tres gatos, cinco perros y dos pájaros asesinados. Se rumorea que la cifra pudo ser mayor, ya que no se volvió a ver a muchos animales más. Dicen las malas lenguas que fueron secuestrados y torturados.


El coronel Big Brother, que era secretario de seguridad, elegido por el actual líder Napoleón, había impuesto el decreto animal 0684, dando el derecho a las autoridades de usar la represión ante cualquier marcha que hubiese, dejando varios saldos de animales estudiosos asesinados y desaparecidos. Muchos de ellos científicos, agrónomos, filósofos, con la esperanza de un futuro mejor.


¿Qué continuará después? Se preguntaba Hanna. ¿Cuál será el próximo líder que nos represente? Había escuchado la influencia de varios líderes religiosos del animalismo. Pensaba que esto era raro: siempre veía a las sectas religiosas llenarse la boca de agua hablando sobre el amor a los pobres, pero nunca había un accionar claro.


Se había enterado de que el padre Martín Luther King tiene pensamientos bastante dirigidos al papel de esta secta para la liberación de los animales de la granja. Le parecía bien: era un cerdo bastante estudiado e intelectual.


Le causaba pavor y miedo que fuera el próximo en ser dado de baja.


¿Qué será lo siguiente?
¿Su anunciada muerte?
¿Que se una al ejército de liberación animal?


Padre del animalismo, ilumínanos, por favor.

ISSN: 3028-385X

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