La paloma de la guerra

Foto: Lina Gasca / El País

David López Rodríguez
Universidad Nacional
El Apartheid caucano propuesto por Paloma Valencia en 2015 y que ha vuelto a ser tendencia debido a su candidatura presidencial, respaldada por sus más de tres millones de votos, no es una casualidad: es una idea heredada que se ha gestado desde finales del siglo XVII, cuando el primero de los Valencia, Pedro Valencia y Aranda, se estableció en el Cauca procedente de Málaga con el fin de explotar los recursos minerales de la región.
La apertura del puerto de Buenaventura, la construcción del Camino Real que conectaba a Bogotá con Quito y las excavaciones mineras en el pacífico colombiano hicieron de Popayán un centro económico, comercial y político muy importante, pues llenaba el vacío existente entre los más de 1000 kilómetros que separaban a Quito de Bogotá. Sin embargo, el centralismo bogotano exigía que gran parte de lo extraído fuese enviado directamente a la Casa de la Moneda de Bogotá, lo que generaba gran malestar entre los payaneses que no tenían autonomía ni control sobre sus recursos.
Aquí cobra gran importancia el hijo de Pedro Valencia y Aranda, Pedro Agustín de Valencia y Fernández del Castillo, quien desde 1725 le solicitó a la Corona Española el establecimiento de una Casa de la Moneda en Popayán. A pesar de haber recibido la autorización para establecer dicha Casa de la Moneda en 1729, solo en 1748 se pudo erigir la construcción debido a los altos costos de financiación y disputas regionales propias de la época. De aquí en adelante se establece un poderoso linaje de empresarios, militares, políticos y gobernantes que perdura al día de hoy.
Ciento veinticinco años después del establecimiento de la Casa de la Moneda de Popayán, en 1873 nace en Popayán Guillermo Valencia Castillo, bisabuelo paterno de Paloma Valencia, quien al ejercer como político, escritor, poeta, periodista, historiador, académico, político y diplomático en diferentes momentos de su vida, era mejor conocido como “El Maestro”.
Como era de esperarse, y para sorpresa de nadie, entre 1901 y 1905 el Maestro Valencia ejerció como Gobernador del Cauca y en 1915 fue designado como Ministro de Guerra por el entonces presidente José Vicente Concha.
Guillermo Valencia Castillo no solo heredó un apellido: heredó bienes intangibles como el poder, la influencia y los títulos nobiliarios y bienes tangibles como dinero y terrenos, grandes extensiones de tierra que para su época de Ministro de Guerra lo convirtieron en un gran terrateniente del Cauca; y no por su empuje, berraquera e inteligencia, sino por el uso de sistemas de explotación como el terraje, que hacían que los indígenas caucanos se viesen obligados a pagar con días de trabajo el uso de alguna de las parcelas ubicadas en haciendas que habían sido territorio indígena.
El poder valenciano fue confrontado por el líder indígena Manuel Quintín Lame, quien durante sus días de combatiente por el ejército conservador durante la Guerra de los Mil Días aprendió a leer de forma autodidacta, sobre temas legales como El abogado en su casa. Su indignación por las injusticias hacia la población indígena y el conocimiento en leyes lo llevó a, por ejemplo, exigir la devolución de las tierras tomadas por los terratenientes, proponer el no pago de cualquier tributo y rechazar la discriminación racial y cultural, lo que le valió amplio reconocimiento, legitimidad y respaldo dentro de las comunidades indígenas. A partir de 1914 planteó levantamientos indígenas en Cauca, Huila, Tolima y Valle del Cauca con el fin de crear Repúblicas Indígenas. Sus ideas le valieron grandes enemistades con el Ministro de Guerra Guillermo Valencia Castillo y su suegro Ignacio Muñoz, que lo llevaron a estar preso múltiples veces y a ejercer su propia defensa debido a la fuerte desconfianza que tenía hacia el hombre blanco.
Por esto resulta tan poderoso el hecho de que la fórmula vicepresidencial del candidato Iván Cepeda sea la líder indígena Aída Quilcué, quien al igual que Manuel Quintín proviene del Cauca y también ha luchado por defender y promover los derechos de las comunidades indígenas. No es solo un símbolo: es la representación de una lucha racial, cultural, política y económica que ha perdurado por siglos.
Guillermo Valencia Castillo se casó con Josefina Muñoz, con quien tuvo a Guillermo León Valencia, abuelo paterno de Paloma Valencia, quien entre 1962 y 1966 fue presidente de la República de Colombia.
En el contexto de la Guerra Fría, cualquier crítica al gobierno central, cualquier comentario o manifestación, por pequeña que fuera, eran catalogados como síntoma de comunismo y debía ser eliminado con rapidez. Fiel a su linaje y a sus principios conservadores, Guillermo León Valencia, en lugar de negociar, dialogar y buscar una solución pacífica, decidió apoyar la intervención militar de los Estados Unidos en Colombia bombardeando Marquetalia, Corinto, Mesetas, San Vicente del Caguán y el Sumapaz. La fuerza de los ataques motivó a alias “Manuel Marulanda” junto a 300 personas a enviar una carta al presidente Guillermo León Valencia, exigiendo el cese al fuego y solicitando la construcción de vías, escuelas, hospitales y la devolución de bienes. La carta nunca fue respondida y seguidamente se fundaron las FARC y el ELN, y en general se fortalecieron los grupos guerrilleros y se dio inicio al conflicto armado interno colombiano.
El expresidente Guillermo León Valencia, prevaleciendo su linaje, poder e influencias, se casó con Susana López Navia, quien era hija del poderoso empresario Gustavo López Terreros, con quien tuvo cuatro hijos, entre ellos, Ignacio Valencia López, padre de la actual candidata presidencial por el partido Centro Democrático, Paloma Susana Valencia Laserna.
La oposición a Paloma Valencia no surge del resentimiento ni de la envidia, ni del infame “el pobre es pobre porque quiere”, sino porque su persona encarna cada uno de los males heredados que han aquejado al país desde su fundación como república. Tampoco se trata de usar la violencia como excusa para defender los derechos de los ciudadanos de a pie. Se puede ser mejor que todos aquellos que quieren repartir bala, plomo y destruir derechos y acuerdos de paz y combatir estos males desde el conocimiento, la unión ciudadana, la información precisa y la academia.
