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Las víctimas del cambio climático y de la política de Milei: los glaciares andinos

Foto: Emilio Mateo / EFE
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Mara Romero Acuña

Universidad EAN

Mientras la temperatura mundial sigue batiendo récords, las decisiones políticas recientes en Argentina amenazan con debilitar la protección de estos ecosistemas esenciales para toda la región y el mundo.

En 2023, los glaciares a nivel mundial sufrieron la mayor pérdida de masa en las cinco décadas de registros; el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) prevé que los glaciares seguirán disminuyendo a lo largo del siglo. En 2024, específicamente los andinos alcanzaron su nivel más bajo en 11.700 años, de acuerdo con un estudio publicado en Science. Estos cuerpos de hielo no solo son reservas de agua dulce, esencial para la subsistencia de la vida humana y de los ecosistemas, sino que también hacen parte de la identidad, del patrimonio cultural y de la economía de las poblaciones de montaña y pueblos indígenas. Aunado a esto, 2025 se registró como el año más cálido según Celeste Saulo, secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).


La crisis en la cordillera más larga del mundo: visión regional con impacto global


Según IAM (Iniciativa Andina de Montañas), los glaciares de la cordillera de los Andes se extienden desde Venezuela hasta la Patagonia argentina. Una infografía presentada por esta iniciativa revela la envergadura de estos glaciares: desde la Festividad del señor Qoyllur Rit en Cusco, Perú; los hieleros en Ecuador; hasta cruceros en el glaciar Perito Moreno en Argentina.


Según Swissinfo, Perú ha perdido el 56,22 % de sus glaciares en las últimas seis décadas. Este dato demuestra que los Andes no es solamente un espacio aislado, sino un espejo de la vulnerabilidad global de nuestros ecosistemas frente al cambio climático; los efectos se sienten más allá de las montañas.


No obstante, las repercusiones no solo se evidencian en la cordillera. De acuerdo con la ONU, los glaciares son esenciales para proporcionar agua dulce a más de 2000 millones de personas en todo mundo; sus formaciones cubren aproximadamente 700.000 km² de la tierra. La problemática trasciende fronteras; debe movilizar a la comunidad mundial para proteger los recursos naturales.


El deshielo se traduce a corto plazo en los desprendimientos de tierra, avalanchas, inundaciones y sequías que amenazan la seguridad hídrica a largo plazo de millones de personas. Estos efectos se extienden a diversos sectores, como la agricultura y la energía hidroeléctrica: el problema es más amplio de lo que se puede concebir a simple vista y no debemos analizarlo únicamente como un indicador climático.


Según las Naciones Unidas, los glaciares tienen un profundo significado cultural y espiritual; son considerados espacios sagrados, lo cual implicaría la desaparición de lugares fundamentales, reconocidos por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. El retroceso glaciar pone en evidencia que el progreso económico sin sostenibilidad amenaza directamente la cultura y bienestar de nuestros pueblos milenarios.


ODS Y ONU: ¿Cuál es el marco global frente a la crisis glaciar?


El 2025 fue declarado Año Internacional de la Preservación de los Glaciares y el 21 de marzo como Día Mundial de los Glaciares por la Asamblea General de la ONU y la OMM en diciembre de 2022. Esto con el fin de generar conciencia en el mundo, a la luz de su importancia para la humanidad y los ecosistemas como conjunto. Además, marca un hito en los esfuerzos mundiales para proteger el recurso hídrico, al hacer hincapié en la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.


Para IAM esto representa una oportunidad para fortalecer el compromiso internacional y recuerda que la preservación de los glaciares depende de las medidas globales tomadas frente al fenómeno y de los marcos regulatorios que los impulsen.


Bahodur Sheralizoda, presidente del Comité para la Protección del Medio Ambiente de Tayikistán, confía en que esta iniciativa impulse las políticas y soluciones necesarias para proteger los recursos naturales. Se abordan ámbitos prioritarios para la organización: fortalecer los sistemas internacionales de monitoreo glaciar, implementar mecanismos de alerta temprana frente a riesgos asociados al deshielo, impulsar una gestión sostenible del agua en comunidades dependientes de aquellos ecosistemas y proteger tanto el patrimonio cultural como los saberes tradicionales vinculados a territorios glaciares mediante la promoción de las nuevas generaciones en las acciones de conservación.


Es inevitable evocar la Agenda 2030 para esta coyuntura transversal, con impacto directo en agua y clima, que tiene efectos en desarrollo económico, social y ambiental, específicamente los ODS. Los principales son: 6 (Agua limpia y saneamiento), 13 (Acción por el clima), 15 (Vida de ecosistemas terrestres), 11 (Ciudades y comunidades sostenibles), 12 (Producción y consumo responsables); y secundarios: 7 (Energía asequible y no contaminante), 2 (Hambre cero), 1 (Fin de la pobreza), 9 (Industria, innovación e infraestructura), 3 (Salud y bienestar), 16 (Paz, justicia e instituciones sólidas) y 17 (Alianzas para lograr los objetivos).


Ahora, debemos preguntarnos si esta proclamación realmente transforma este fenómeno a nivel estructural o si solo se limita a un gesto simbólico. Podemos correr el riesgo de quedarnos estancados en el espectro discursivo mientras el deshielo avanza a pasos agigantados; las declaraciones no pueden permanecer en el papel, la voluntad política es crucial.


Milei contra los glaciares: ¿Economía por encima del agua?


Según el portal oficial del Gobierno argentino, la Ley Nacional de Presupuestos Mínimos para la Preservación de los Glaciares y el Ambiente Preglacial protege estas masas de hielo al considerarlas bienes de carácter público, para preservarlos como reservas estratégicas de agua dulce, proteger la biodiversidad, garantizar su valor científico y promover su valor turístico mediante la prohibición de actividades que puedan afectar su condición natural, como la liberación de sustancias contaminantes, la construcción de obras de arquitectura o infraestructura, la exploración y explotación minera e hidrocarburífera y la instalación de industrias.


De acuerdo con AJ+ Español, Javier Milei, presidente de Argentina, querría cambiar esta ley, lo que permitiría las actividades relacionadas con la minería y explotación de hidrocarburos. A esto, se suma el ministro de economía del país, Luis Caputo, que apoyaría inversiones en minería por 18.000 millones de dólares, afirmando que hay un futuro espectacular, lo que indudablemente choca con la ley de glaciares e inquieta a expertos. El proyecto delegaría a cada provincia la potestad de decidir individualmente qué glaciares serían protegidos, lo cual dejaría de lado el carácter uniforme y nacional de la ley.


Asimismo, ha sido una postura cuestionada por activistas de Greenpeace Argentina, quienes, según un medio nacional, realizaron una intervención frente al Congreso de la Nación en contra de la modificación de la ley. Para Greenpeace, el debate definirá el futuro del agua en el país.


Debilitar la protección también vulneraría la Constitución Nacional de Argentina, como el artículo 41: “Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo. El daño ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer, según lo establezca la ley”. Además del Acuerdo de Escazú.


El presidente parece ser una figura peligrosa para la protección de la biodiversidad y patrimonio de su país, no solo por frenar un avance gigantesco para la protección de los glaciares, sino por sus controversiales declaraciones. Por ejemplo, al mencionar que el calentamiento global es una mentira del socialismo y del “wokismo”, además de afirmar que es un “ciclo natural”.


Los datos científicos y los hechos contradicen su postura. Es grave que una persona en su cargo desinforme y no vea que el termómetro no cotiza en bolsa.


¿Proteger los glaciares es frenar el desarrollo? ¿Qué nos depara el futuro?


Antes de pensar en hacer negocio con el agua y los ecosistemas, hay que asegurar el futuro de los recursos naturales para las generaciones presentes y futuras; no se puede explotar algo que no se tiene. La pérdida histórica de hielo en los Andes refleja cómo la indiferencia política y climática de la sociedad contemporánea impacta directamente en la vida de millones.


Esta no es solo una coyuntura ambiental, también es política, social y económica; por ello, la sostenibilidad como conjunto está en juego. Así, tanto los ecosistemas como la población humana se convierten en víctimas por quienes se vuelven ciegos frente al crecimiento del PIB. El desarrollo capitalista no debe ser voraz, sino sostenible, al asegurar un futuro desde el presente.


Necesitamos soluciones innovadoras y coordinadas de los organismos internacionales. Por ejemplo, según IAM, se ha realizado un monitoreo a través del conocimiento generado por redes e institutos de investigación en todos los Andes. Además, muestra qué podemos hacer como público general para preservar estos depósitos de agua: creación de conocimiento para la planificación, proteger la biodiversidad, avanzar en la legislación, memoria e identidad y promover un turismo responsable.


El futuro de los glaciares andinos dependerá tanto de políticas regionales responsables como de compromisos globales. Lo que debemos cuestionarnos es: ¿priorizaremos el desarrollo económico inmediato o aseguraremos el acceso al agua para las futuras generaciones?

ISSN: 3028-385X

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