top of page

Dime cariño

Alejandra Buitrago.jpeg

Alejandra Buitrago

Universidad Católica de Oriente

Piénsame, Redáctame, Escríbeme. 

Toma cada letra de mi ser y léeme al derecho y al revés. Interprétame. Malinterprétame. Ponme acentos, dame tildes, quítame puntos.

Dime cómo sueno. Dime cómo me leo, cómo me lees. Enséñame a leerme a mí misma.

Toma mi mano entre tus manos y dime quién soy. Explícame de dónde vengo. Dime mi pasado, mi presente y mi futuro. Te ruego que me expliques quién soy. Determíname, determíname por piedad, ponme nombre y quítame profesión.

Resúmeme. Léeme superficialmente y haz lo que mejor sabes hacer. Resúmeme.

Quítame años y carrera. Llámame niña, mi valor y esfuerzo no son nada. Llama a mis colegas Señor y dime niña. Soy una niña, no merezco respeto a primera vista, como sí lo merecerían ellos. Ellos solo por ser ellos. Ellos por presentarse como ellos. Por tener voz y nombre de ellos.

No me llames Niña. Mejor no me llames niña, llámame preciosa, llámame hermosa, llámame amor. Determíname. Quítame el derecho a ponerme nombre, quítame el Señora, el señorita y dame tú un nombre que me resuma, que me ponga en el lugar que merezco. El lugar de una niña. Una que siempre será eso, siempre será minúscula a tus ojos ¿Para qué quiero un nombre si tú sabés mejor que yo quién soy y ya me bautizaste niña?

Patername, sigue diciéndome niña, estoy desprotegida y necesito el cariño. Anhelo el amor que emiten tus labios cuando me dices —¡Maldita sea!— “Mi niña”.

No soy una niña. Soy una mujer. Una maldita mujer. Una a la que antes no le parecía la mayor cosa que le dijeran “Niña”, pero ahora que soy una adulta, ahora que mi profesión (por motivos que desconozco) me obliga a verme rodeada de hombres mucho más adultos que me llaman por apodos cariñosos he descubierto lo minimizante que es.

Mis entrevistados me dicen Preciosa. No soy preciosa. No tengo un nombre complicado y aunque lo olvidaran, siempre existen alternativas que no me reducen, que no me hacen pequeña, que no me hacen chiquita. Alternativas que no me quitan años. Que no ponen en duda mi profesionalismo.

Imagino que muchos pensarán que estoy armando una tormenta en un vaso de agua, y tal vez sí, tal vez soy una delicada flor a la que le marchitan los apodos cariñosos mientras intento hacerme de un maldito nombre en el mundo del periodismo. Un mundo dominado por hombres que desde la primera visión son tratados de Señor.

 

¿Qué tengo que hacer para ser tratada de Señorita o de Señora? ¿Qué invento, qué escribo, dónde compro respeto? Bien podría pretender que soy lo que ellos dicen que soy, una chica boba con aspiraciones. Sería más fácil hacerme chiquita, no incomodar, mantener la compostura y adquirir una actitud femenina y delicada. Pero hacerme chiquita para poder caber en esos resúmenes que hacen de mí cuando me dicen “Preciosa” sería traicionarme a mí misma y a todas las mujeres que estamos tratando con brazo partido de buscar un nombre a ver si finalmente dejamos de ser niñas.

ISSN: 3028-385X

Copyright© 2025 VÍA PÚBLICA

  • Instagram
  • Facebook
  • X
bottom of page