El dictador del siglo XXI
Sebastián Martinelli
Universidad Javeriana
Cuando se hace una revisión del panorama geopolítico desde el siglo XX hasta nuestros días, es posible darse cuenta que, a diferencia del siglo pasado, el actual ha sido mucho más pacífico y menos turbulento. No es para menos afirmar que hace ya 106 años estaba terminando la Primera Guerra Mundial, y que en el 2024 se celebran 102 años del arribo de Benito Mussolini al poder en Italia, siendo esta una de las muchas dictaduras que surgieron durante el siglo XX. Han ocurrido numerosos sucesos que han puesto en riesgo la paz y la estabilidad de ciertos países, como el 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, la invasión americana a Afganistán en el mismo año, el asalto de Rusia a Crimea en el 2014, la guerra entre la misma Rusia y Ucrania o el conflicto entre Israel y Palestina. Sin embargo, ninguno de estos hechos ha provocado una guerra a escala global o una toma del poder que implicara la destrucción completa de un país. Aunque de esto último sí puede rescatarse un caso surgido en Suramérica y que, hasta la fecha, no vislumbra una pronta solución: Venezuela.
El caso venezolano es complicado de explicar, ya que este país ha tenido múltiples dictaduras a lo largo de su historia. Sin embargo, fue con la que hoy padece que Venezuela se convirtió en un Estado fallido. En la época del gobierno de Chávez el país comenzó a perder los principios básicos que hacen de un Estado un régimen democrático. A pesar de eso, por lo menos se mantenía la estabilidad económica del país, en parte también gracias a la estabilidad de los precios del petróleo. No obstante, el 5 de marzo de 2013 cambió para siempre la historia de Venezuela: Hugo Chávez murió por un cáncer de colon, obligando a la realización de unas nuevas elecciones que darían por ganador a Nicolás Maduro, a quien denomino como el dictador del siglo XXI.
Maduro consiguió en menos de 10 años que Venezuela tenga el índice de inflación más alto del mundo, con un acumulado de más del 600%. Hizo que el país pasara de ser cuarto en la lista de los Estados latinoamericanos con el PIB a estar en la actualidad por debajo del top 15. La pobreza monetaria en Venezuela estaba en el 36,3%, mientras que en la actualidad se encuentra por encima del 90%. Todo esto se ha dado debido a la fuga de capitales, la estatización de empresas privadas y los bloqueos y embargos que ha sufrido el país suramericano a causa de las sanciones de las principales potencias del mundo, las cuales han denunciado numerosas violaciones a los derechos humanos que han ocurrido (y siguen ocurriendo) en su territorio.
Finalmente, en un acto en el que Maduro dejó ver su versión más tiránica e imitando el falso proceso electoral que se realiza cada cinco años en Corea del Norte, se hicieron unas elecciones presidenciales el pasado 28 de julio en las que todo apuntaba a que el candidato opositor, Edmundo González Urrutia, tenía todas las de ganar. Sin embargo, en medio de unas condiciones anormales, Maduro se atornilló en el poder, afirmando que fue el legítimo ganador de la contienda, amenazando a todo aquel que lo contradiga, hermetizando cada vez más el país y rompiendo relaciones diplomáticas con vecinos clave como Argentina, Chile Costa Rica, Perú, Panamá, República Dominicana y Uruguay.
Venezuela continuará, al menos por los próximos seis años, con un dictador que conserva los peores elementos del siglo pasado, adaptándolos al contexto actual para sostenerse en el poder.
