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“No voy a gritar para que digan que soy un berraco”: Sergio Fajardo

Foto: Diego Cuevas / El País

Santiago Orozco Uribe

Universidad de los Andes

Sergio Fajardo Valderrama (Medellín, 69 años) es matemático de la Universidad de los Andes. Tiene una maestría y un doctorado en matemáticas de la Universidad de Wisconsin. Fue alcalde de Medellín entre 2004 y 2008 y gobernador de Antioquia entre 2012 y 2016. Fue fórmula vicepresidencial de Antanas Mockus en las elecciones de 2010. Hoy aspira, por tercera vez, a la presidencia de Colombia. 

 

Pregunta: En esta campaña y durante toda su vida pública usted ha defendido la decencia como forma de hacer política. Hoy, sin embargo, parece que la forma más efectiva de atraer votos es por medio del insulto, el escándalo y la patanería. ¿Cómo hacer atractiva la decencia cuando, según las encuestas y los resultados electorales en otros países, los votantes se sienten más atraídos por otro tipo de discursos?

 

Respuesta: Mire, naturalmente que ese es un problema. Pero déjenme explicarles un poco más acerca de dónde vengo yo en términos políticos. Nosotros construimos en Medellín, a comienzos de este siglo —finalizando el siglo XX, entre noviembre y diciembre de 1999—, y empezamos a hacer política en enero. Construimos un movimiento cívico ciudadano que tenía las siguientes características: estaba conformado por personas de organizaciones sociales, ONG, el mundo académico de donde vengo originalmente, el mundo de la cultura, el mundo del emprendimiento, de la empresa, personas y grupos de diferentes partes de Medellín, la ciudad que en los años 90 fue la más violenta.

 

Entonces, nosotros entramos a la política por un camino diferente al de los partidos políticos tradicionales. No hicimos una carrera dentro de un partido, sino una construcción libre inspirada por Antanas Mockus. Aquí en Bogotá, donde yo era profesor de matemáticas en los Andes y en la Nacional, vi su forma de hacer política y me llamó mucho la atención porque rompía con todos los esquemas habituales en el sentido de la organización, y apelamos a un tema ciudadano.

 

Esa forma de política tiene tres características; lo digo porque muchas veces se habla del centro, de si usted es o no es del centro. Yo siempre digo que esa es una discusión. Tú eres estudiante de ciencia política; hay una forma de clasificar el centro diciendo que no es de izquierda ni de derecha, y eso es lo que queda. Sí, eso es muy fácil, pero para mí no tiene esa implicación con respecto a lo que nosotros hacemos.

 

Nuestra fórmula política era muy sencilla: unos principios básicos, unos conceptos fundamentales acerca de la acción política y pública, y unos problemas que queremos resolver: desigualdades sociales, violencia, seguridad, corrupción y cultura de la ilegalidad. Sobre eso, recogiendo experiencias de diferentes grupos y personas, construimos una propuesta para una ciudad como Medellín. Ahí siempre ha sido crucial la forma de la política. Esa es una discusión amplia porque creo que la forma nuestra, la de los principios, utiliza uno que para mí es fundamental: son los medios los que justifican el fin, en contraposición con que "el fin justifica los medios", donde todo vale con tal de ganar, haga lo que sea, como sea, pero que gane.

 

Para nosotros, la forma como llegamos al poder determina cómo vamos a gobernar y nos permite hacerlo de una manera diferente. Entonces, en ese recorrido y en esa forma de hacer política, nosotros crecimos. Es en la que yo creo, siento y la que durante 26 años y medio hemos empleado. La forma es sustancia. Hay discusiones acerca de que esas son formas pero las sustancias son otras cosas; para mí eso es muy importante y, dentro de esa forma, está el respeto, la empatía, la capacidad de tener interlocutores, de construir diálogos, consensos, y de trazar respuestas a los problemas articulando diferentes conocimientos. Es una forma muy distinta de hacer política. Así lo he hecho siempre en la vida y lo estoy haciendo ahora.

 

Estamos en un tiempo donde la palabra clave son las emociones. La gente no vota por la razón sino por las emociones; usted tiene que emocionar, y la decencia no emociona. En tiempos de una polarización como la de hoy, donde "el que no está conmigo está contra mí", cuando usted define eso así, convierte al diferente en enemigo. Si señalo a una persona como enemiga, estoy en el lenguaje de la destrucción: al enemigo hay que destruirlo. Entonces empieza el insulto, la agresión, el maltrato, la burla y el dañar al diferente.

 

Nosotros hemos hecho una política diferente donde digo que podemos ser diferentes sin ser enemigos; es una ruptura con esa forma de política y es coherente con lo que hemos hecho. Entonces la palabra "decencia" está ahí: respetar y tener empatía, que para mí son atributos para construir una sociedad. Emociona el que insulta, el que agrede, el que grita, el que es estrambótico en su forma de actuar. A los que somos respetuosos nos llaman "tibios" porque no emocionamos a la gente. Ese es el contexto donde se discute todo esto.

 

Yo creo, y por eso estoy en política, que lo que necesita Colombia hoy es una ruptura con esa polarización. He tenido la oportunidad de ser candidato tres veces y esta es una Colombia totalmente distinta a la que había visto antes; una Colombia a través de la confrontación, el miedo, la rabia, insultos, agresiones y división. Nosotros creemos dos cosas: una, que va a ser el gobierno más difícil que nos ha tocado en tiempos recientes precisamente por esa confrontación. Y creemos que la solución es romper con esa polarización, ser capaces de ser diferentes sin ser enemigos, porque mientras unos construyen trincheras, nosotros tendemos puentes.

 

¿Emocionamos o no? Vamos a ver, es parte de nuestro trabajo, pero yo no voy a dejar de ser decente. He aprendido a comunicarme de maneras distintas. Mi formación natural es la de un profesor de matemáticas; es una explicación racional de los problemas donde la solución se construye paso a paso, y eso va en contravía de la comunicación actual en las redes sociales. Por eso he aprendido a hablar distinto y a atender las redes para mandar mensajes. Antes de grabar con ustedes estaba haciendo TikToks y trends donde solo tengo que hacer una cara. Al comienzo me sentía extraño, pero he descubierto que son formas de abrir puertas y entrar en contacto. Vamos cambiando, pero no se tiene que dejar de ser decente para comunicar diferente. Ese es el reto político.

Foto: Gustavo Torrijos / El Espectador

Pregunta: Para llegarle a las nuevas generaciones usted ha tenido que adaptar su mensaje a las redes sociales y a las tendencias más virales. ¿Su mensaje no corre el riesgo de perder profundidad cuando se adapta a la banalidad de las redes? ¿No es contraproducente?

 

Respuesta: Ese es el reto y la preocupación. Hay personas que me preguntan cómo estoy haciendo esos TikToks, pues estoy acostumbrado a ser "profundo". Como matemático y lógico, creo que uno tiene que aprender a contar las cosas. Me ha tomado tiempo y trabajo, y aunque quisiera explicar todo detalladamente, se puede transmitir el mensaje. Yo veo esa comunicación como algo que nos permite abrir puertas. Si yo llego a explicar el programa de educación desde cero hasta la educación postmedia etapa por etapa, nadie me va a oír. Saber abrir la puerta y dar dosis de lo que estamos diciendo me parece interesante.

 

No creo que se pierda la profundidad; es otra forma de comunicar y entender este mundo. El mundo joven ha crecido con un celular y con las redes. El error sería pensar que tiene que ser como era antes; el reto es entender que esta forma de comunicar sirve. Nos está yendo muy bien en TikTok; me muestran videos con dos millones y medio de vistas. Eso no significa que tenga esos votos, pero sí que un montón de gente entró.

 

Estoy dispuesto a emprender y entender diferente; me divierto y le encuentro sentido. En la campaña, el grupo de jóvenes ha hecho fiestas, las "3 Fs". Yo nunca en mi vida había sido la atracción de una fiesta, ni a los 15 ni ahora que voy para los 70. Pero hicimos una fiesta con DJs, todos contentos, bailando canciones que nunca había oído. Llego a una fiesta de esas y es una expresión de cariño y alegría ante tanta presión y trabajo. Me dijeron: "póngase unas gafas negras", y yo nunca uso gafas oscuras, pero me las puse. Me puse ahí como DJ y charlé un momento. ¿Qué canción? Una de Karol G. ¿Qué bailes? Yo nunca bailo, pero hice el intento y la gente se ríe y está contenta. ¿Que si tomé aguardiente? Yo casi no tomo, y aguardiente no tomaba hace 30 años. Me tomé un aguardiente amarillo del pico de la botella y la gente decía: "¡qué horror, mire al profesor!". Era entender, reírse y charlar. He aprendido esas cosas. Es otra forma de estar en el mundo y poder reírnos; hay que gozar, son formas distintas y ya.

 

Pregunta: Las prioridades educativas de las nuevas generaciones están cambiando. Según un estudio reciente de Deloitte, el 43% de los jóvenes en Colombia decide no entrar a la universidad debido, entre otras razones, al desencanto hacia modelos educativos costosos y de larga duración. Es innegable la desconexión con los modelos tradicionales. Frente a esta realidad, ¿cree que su propuesta de que la educación sea el principal motor de movilidad social sigue vigente?

 

Respuesta: Claro que sí. Creo que la educación es clave para la transformación de esta sociedad. Fui alcalde de Medellín y gobernador de Antioquia, y en ambas gestiones hicimos de la educación, la ciencia, la tecnología, la innovación y la cultura herramientas fundamentales. Ahora bien, todo esto tiene versiones que cambian con el tiempo y hay que entenderlas. El gran problema de esta generación es la incertidumbre. Antes se decía: "estudie aquí y aplique lo aprendido", pero hoy las respuestas las tenemos que encontrar nosotros junto a los jóvenes.

 

El mundo cambió y el reto es que el sistema educativo es difícil de transformar porque las universidades son instituciones muy conservadoras. Yo sigo siendo profesor y moriré siendo uno, me siento orgulloso de ello. A veces me dicen: "no digas que eres profesor porque tienes que mostrar que eres berraco". Entonces aparece un señor con una ametralladora diciendo que va a acabar con todos, y a ese sí lo llaman valiente porque emociona. Yo digo que sí nos podemos emocionar como profesores, pero entendiendo los cambios.

 

Señalo tres cosas: primero, hace cuatro años no había Inteligencia Artificial como ChatGPT; el mundo cambió y no tiene reversa. Segundo, el tema de la salud mental. Por primera vez oigo a los jóvenes verbalizar que la salud mental es fundamental. Es una generación que está sufriendo; las investigaciones dicen que el 46% ha sentido depresión, ansiedad o ideas suicidas. Vamos a hacer la "Escuela de Bienestar" en todo el sistema educativo para atender esto en lugar de quejarnos. Tercero: "¿para qué estudio y en qué trabajo?". Las universidades han tenido que cambiar y ofrecer cursos cortos y credenciales articuladas en lugar de solo carreras de cinco años. Tenemos que encontrar nuevas formas de desarrollo productivo: seguridad alimentaria, biodiversidad, transición energética e Inteligencia Artificial. Van a aparecer nuevos empleos que requieren competencias distintas. Antes eran solo cognitivas (matemáticas, lectura); hoy las competencias socioemocionales son fundamentales. En una empresa te van a preguntar si tienes empatía o sabes trabajar en equipo. También están las competencias digitales. Todo eso nos obliga a cambiar y me parece fascinante.

 

Pregunta: Usted ha dicho que lo que más preocupa a los ciudadanos es la inseguridad. Candidatos como Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia se han apropiado de la bandera de la seguridad, mientras que a usted lo reconocen como el candidato de la educación. ¿No cree que el momento histórico que vive un país determina qué candidatos tienen mayor opción de triunfo por encima de factores como la experiencia?

 

Respuesta: Eso está por verse. De los candidatos que están punteando, ninguno tiene experiencia ejecutiva. Iván Cepeda y Paloma Valencia han manejado grupos pequeños en unidades legislativas. El "señor de las piedras" para mí es el mundo de la oscuridad; dice ser un súper empresario, pero no sé de qué. ¿Usted cree que esas personas van a manejar a 53 millones de personas, el Catatumbo, el Chocó, el Cauca y el Clan del Golfo? Puede que la gente diga que un señor es un berraco por decir tres pendejadas, pero gobernar requiere armar equipos, definir proyectos y hacer que las cosas pasen.

 

Gobernar es emocionante pero difícil. Yo presenté el "Plan Guardián de Seguridad" porque tengo la experiencia. Me da risa cuando oigo a personas hablar de seguridad y el único policía que han visto es su escolta. ¿Usted sabe lo que es tener un consejo de seguridad, sentarse con la Fiscalía y las fuerzas para resolver un ataque? Eso requiere práctica y conocimiento. Yo no voy a gritar para que digan que soy un berraco.

 

Estamos atrás en las encuestas y el reto es llegarle a los indecisos y a los jóvenes que votan por primera vez para plantearles romper con la destrucción para poder avanzar. Es una batalla tremenda por las desigualdades en la confrontación política, empezando por el dinero, pero en eso estamos.

Foto: Colprensa

Pregunta: Con grupos armados como el ELN, el Clan del Golfo y las disidencias de las FARC se ha intentado todo: desde la confrontación militar hasta la negociación. En los últimos años ninguna ha dado resultados y Colombia enfrenta una crisis de seguridad alarmante. ¿En qué se diferencia su propuesta?

 

Respuesta: Colombia hoy es totalmente distinta. Yo soy el mismo, pero me he transformado y he aprendido. En 2022 mis principios no cambiarán, pero entender la sociedad es diferente. El proceso de paz con las FARC fue un punto de inflexión; es triste que no hayamos sido capaces de ponernos de acuerdo debido a la división asociada a Uribe y Santos. Yo he apoyado todos los procesos de paz menos este de la "Paz Total" de Petro, porque está mal concebido y mal desarrollado.

 

El proceso de la "Paz Total" se acaba el 7 de agosto. Hay una lección básica: si no hay una fuerza pública sólida, no se puede construir la paz. Estamos enfrentando grupos criminales que están copando territorios; el Clan del Golfo está en 400 municipios. Según la Fundación Ideas para la Paz, en 120 municipios el Estado son los grupos criminales: ellos cobran impuestos e imparten justicia. Eso no es un Estado. Nos toca enfrentar eso y será muy complejo, pero por eso quiero ser presidente.

 

Pregunta: El país tiene cerca de 300 mil hectáreas de coca. Es evidente que la guerra contra las drogas ha fracasado. ¿Cómo abordaría este problema?

 

Respuesta: Estoy de acuerdo con que la guerra ha fallado y reconozco el enfoque de salud pública, pero hay que ser realistas. El mundo criminal hoy va mucho más allá del narcotráfico: minería ilegal, extorsión, trata de personas y microtráfico. Es una criminalidad distinta, vinculada a carteles internacionales, que tiene poder en los espacios locales a través de la corrupción.

 

Como presidente, voy a trabajar con todos los gobernadores y alcaldes sin importar su partido. Haremos planes de trabajo conjuntos donde la nación y el departamento asuman responsabilidades, con transparencia total. La seguridad requiere presencia permanente y articular la inteligencia y la fuerza pública. Yo ya lo hice como gobernador con 125 municipios. Fui alcalde cuando el presidente era Uribe y gobernador cuando era Santos; a pesar de las diferencias políticas, trabajamos muy bien y articulamos proyectos.

 

Dentro de nuestro "Plan Guardián" fortaleceremos la fuerza pública y crearemos módulos antiextorsión urbanos. Atacaremos toda la cadena del narcotráfico, desde los insumos. No puede ser que en lugares con 10,000 personas haya siete bombas de gasolina enviando insumos a la selva. Hay que trabajar con las comunidades, mejorar la interdicción y seguir los flujos de dinero con la UIA y la DIAN. Haremos planes especiales para Catatumbo, Chocó y Cauca con intervenciones integrales. Hay que llevar el Estado a esos territorios con un gerente a la cabeza. Así transformamos la Comuna 13 en Medellín; antes no entraba nadie y hoy es el sitio turístico más visitado de Colombia porque supimos construir oportunidades.

 

Gobernar no es solo llegar y decir "vamos a hacerlo"; se necesita experiencia válida. Necesitamos un presidente para toda Colombia y no para un pedazo. Tenemos que romper con la idea de que ya no hay nada que hacer.

 

Pregunta:  Si usted llega a ser presidente no tendría mayorías en el Congreso, y sin mayorías las reformas no se aprueban. Tendría, como todos los gobiernos pasados, que negociar con unos partidos y unos congresistas que históricamente han pedido prebendas para dar su voto, con la gran diferencia de que usted, según ha dicho, no se prestaría para realizar esas transacciones clientelistas. ¿Cómo va a conseguir la aprobación de sus reformas sin mayorías y sin clientelismo? ¿El solo convencimiento basta?

 

Respuesta: Me preguntan eso a menudo. ¿Está escrito que el clientelismo es una obligación o un principio de la política? He oído que la política es "el arte de tragar sapos", pero nosotros somos de otra forma. Petro llegó diciendo que iba a combatir la corrupción y hoy hay más que nunca.

 

Cuando fui alcalde de Medellín, de 21 concejales solo teníamos dos a favor. Me decían que hiciera una coalición y nombrara un contralor amigo, pero les dijimos que no. Les pedí trabajar sobre el Plan de Desarrollo y les pregunté qué interesaba a sus comunidades. Estoy convencido de que la gran mayoría de los congresistas, si se les pone a trabajar por el desarrollo de sus territorios, responden bien.

 

No voy a dar contratos para que me aprueben proyectos. Cambiaremos la forma de hacer política con los mismos actores, invitándolos a participar en el plan de desarrollo. Eso se puede hacer; ya lo hicimos en la Asamblea de Antioquia. El reto es demostrar que se puede gobernar sin repartir puestos ni dinero. Imagínese el impacto mundial de un presidente al que no pudieran sacar del poder porque no reparte prebendas.

 

Pregunta: Desde los tiempos de Mockus se ha intentado introducir o implantar una tercera vía diferente a la de los extremos, pero, a pesar de todos los esfuerzos y de las buenas intenciones, ese discurso no ha logrado calar plenamente en la sociedad. ¿En qué han fallado estos movimientos? ¿Qué autocrítica puede hacer?

 

Respuesta: Yo invito a ver esto de otra forma. Estoy sentado aquí como candidato a la presidencia. El camino es largo y empinado, pero las posibilidades existen. Yo salí de ser profesor a los 43 años para Medellín, que no es precisamente Disney World, y nos ha ido bien. Hemos participado y luchado; con Mockus pasamos a segunda vuelta en 2010. En 2018 me faltaron solo 200,000 votos para pasar a segunda vuelta. Me siento orgulloso de nuestra trayectoria. Siempre nos van a querer sacar del camino, pero hemos honrado la política y lo público.

 

Pregunta: Colombia tiene un déficit de más de 100 billones de pesos en su finanzas públicas. El próximo gobierno, sea de la corriente que sea, se va a ver sumamente limitado en la aplicación de sus programas. ¿En qué priorizará el gasto público?

 

Respuesta: Hay emergencias inmediatas: seguridad, salud y el tema energético (especialmente en el Caribe). Lo primero que haremos es clasificar las cuentas reales, especialmente en salud, para saber qué se necesita. Respetaremos la regla fiscal, pero el punto fundamental es recuperar la confianza. Si damos confianza y seguridad jurídica al mundo, las tasas de interés de la deuda bajarán y se liberarán recursos. Garantizo transparencia total: no nos vamos a robar un peso. Ese es el reto: actuar de frente y con honestidad.

 

Pregunta: Una última pregunta personal. ¿Qué sueños tiene para cuando se retire de la política?

 

Respuesta: Tengo varios. Quiero volver a enseñar matemáticas en una escuelita; no como el investigador que era, sino simplemente enseñar. Me interesa mucho estudiar biología y la conciencia; entender, por ejemplo, si el sueño es fruto de la evolución de las especies. Quiero montar mucho en bicicleta, estar con las personas que quiero y, tal vez, escribir una autobiografía, aunque no es necesario.

ISSN: 3028-385X

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