Éxito: ¿meta propia o guion heredado?

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Sara Venegas Zamora
Universidad EAN
¿Qué es el éxito? Probablemente, estudiar una carrera durante cuatro o cinco años, conseguir un trabajo con un título llamativo para añadirlo a LinkedIn, casarse y formar una familia. Pero ¿eso es realmente lo que todos queremos?
Durante mucho tiempo, hemos vivido bajo un modelo que, aunque no es obligatorio, sí es profundamente influyente. Un checklist silencioso que guía decisiones, marca tiempos y define lo que “debería” ser una vida bien lograda. Sin embargo, ese modelo hoy empieza a mostrar sus límites. No solo por razones económicas, sino también emocionales. Fue construido bajo unas condiciones muy distintas a las actuales, y aun así, seguimos persiguiendo un guion que ya no corresponde del todo al mundo que habitamos.
En este contexto, la comparación se vuelve casi inevitable. Las redes sociales nos exponen constantemente a rutinas “productivas” y estilos de vida idealizados: despertarse a las 5:00 a.m., cumplir objetivos diarios, mantener hábitos “perfectos”. Pero muchas de estas narrativas parten de realidades específicas que no siempre se reconocen. No es lo mismo elegir una rutina que poder sostenerla. No es lo mismo hablar de bienestar desde la estabilidad que desde la necesidad.
Ahí es donde aparece una tensión difícil de ignorar: se nos exige estabilidad en un sistema que no siempre la garantiza. La precariedad laboral, la inestabilidad y la dificultad para alcanzar hitos como la independencia económica hacen que ese checklist tradicional no solo sea difícil de cumplir, sino, en algunos casos, poco realista.
Al mismo tiempo, el éxito ha cambiado de forma. Ya no es únicamente una experiencia personal, sino también una imagen. Se proyecta, se comunica y, muchas veces, se compara. Vivimos expuestos al “qué dirán”, a la validación externa, a la idea de que hay una manera correcta de avanzar.
Frente a esto, tal vez valga la pena hacer una pausa. Cuestionar no solo lo que vemos, sino también lo que consumimos. Incluso algo tan simple como revisar los contenidos que seguimos puede ayudarnos a tomar distancia de estándares que no necesariamente reflejan nuestras propias metas o contextos.
Más que rechazar por completo ese modelo de vida, el reto parece estar en flexibilizarlo. Entender que los procesos no son iguales para todos, que los tiempos no tienen por qué ser lineales y que el éxito puede adoptar múltiples formas.
Nos enseñaron que la vida era una lista de chequeo, pero nadie nos enseñó qué hacer cuando esa lista deja de tener sentido. La Gen Z está empezando a cuestionarla, aunque todavía no sepa del todo cómo soltarla. Y tal vez ahí está el punto de partida: no en reemplazar un molde por otro, sino en aprender a vivir sin uno fijo. Porque, al final, crecer también implica desaprender. Y entender que avanzar no siempre es cumplir, sino elegir, incluso cuando no hay un camino claro.

