“Estoy deforme”: la facilidad de cambiar el cuerpo en la era de la exposición

Foto: Kako Abraham / BBC News

Sara Velandia Benito
Universidad Libre
La creadora de contenido Yiseni Pérez es la favorita de muchos debido a su forma de tratar los temas de una forma respetuosa pero al mismo tiempo directa y sin enfriarlos. Recientemente, publicó un vídeo en relación a la influencer peruana Melanie Alvan de 19 años y su reciente colaboración con el doctor Fong, el cual es polémico debido a su presunta relación con la muerte de la cantante Muñequita Milly (de 23 años al momento de su fallecimiento) tras una operación estética bajo su cargo, lo cual es curioso, porque apenas unos meses atrás había hablado de las operaciones estéticas realizadas por la joven de 16 años conocida como Laura Sofía.
Yiseni notó algo que muchos de nosotros probablemente también hemos notado, pero hemos dejado pasar: el aumento de cirugías estéticas en jóvenes. Lo hemos visto en influencers de todos los países, especialmente en Latinoamérica, donde países como Colombia tienen un aumento en las cirugías con respecto al año 2023 del 10%. Esto no se trata de un caso aislado, sino de un patrón, de una estructura que pone en evidencia cómo lo planteado por Byung-Chul Han en Infocracia se manifiesta en la realidad contemporánea.
La dismorfia corporal no es nueva, y por esta misma razón siempre se han buscado formas de evitarla, sin embargo, muchas de estas “soluciones” han tenido consecuencias graves: desde los 80’s con maquillaje que contenía químicos tóxicos para la piel y el cuerpo, hasta los 2000’s, con revistas sobre dietas extremas para tener el cuerpo perfecto de Britney Spears. Y en la actualidad, bótox, ácido hialurónico y el bisturí como solución a estos problemas.
Sin embargo, en nuestra generación, a comparación de otras, la dismorfia se encuentra más presente, como una constante que no podemos soltar, como esas redes que no podemos dejar de ver, porque estas mismas nos ahogan en información todos los días.
Al estar expuestos constantemente a la red, estamos viendo una y otra vez un estándar que deberíamos alcanzar para ser perfectos: ser más delgada, ser más alta, tener más curvas. En este contexto, las influencers no solo participan en la creación de estas imágenes, sino que actúan como formas de transmisión dentro de un sistema que las reproduce y normaliza, influyendo así en las decisiones y formas en que los espectadores se perciben y se transforman.
La normalización de hablar sobre temas que antes eran considerados tabú es en principio un avance positivo, sin embargo, esta normalización puede generar lo que se conoce como efecto llamada. Ver a tus influencers favoritas, como Miranda León o Laura Sofia, cumpliendo el sueño de tener el “cuerpo perfecto”, no solo provoca imitación, sino la sensación de que dicha transformación es accesible, sencilla y rápida, casi tan fácil como ponerte un filtro de FaceApp.
La asociación de “verse mejor = sentirse mejor” deja de ser una afirmación externa refutable y se convierte en internalización, la cual termina por empujar a los jóvenes directamente al quirófano. De esta manera, la presión se convierte en una exigencia positiva que debería hacerte sentir mejor. En una sociedad donde la imagen define tu valor, la aceptación de la misma depende de qué tanto encajas en el mismo, si estás en el ideal, te aceptan, si no, te hacen a un lado.
Hoy en día las clínicas están al alcance de la mano. Tu influencer favorita, la misma que te recomienda maquillaje, también te recomienda el cirujano que le hizo una liposucción. Y este cirujano resulta igual de accesible: puedes pagar con tarjeta, a cuotas, en efectivo, casi de la misma manera en la que pagas tu celular IPhone. O si eres influencer, subir una historia o reel puede pagar el procedimiento completo.
Esto evidencia que las cirugías estéticas ya no se presentan como una opción, sino como una mejora. Si no te gustan tus senos, es más fácil cambiar tu cuerpo que cuestionar por qué sientes la necesidad de cambiarlo, y aunque la terapia y la cirugía son igual de alcanzables, solo una de ellas es admirada socialmente, y para nuestra generación, esta admiración es más importante que nuestra propia salud.
La normalización de las cirugías estéticas en jóvenes no apareció de la nada. Es el resultado de vivir constantemente expuestos a estándares irreales, influencers que convierten el bisturí en rutina y una industria que lo hace cada vez más accesible. Tal vez el problema no es que ahora podamos cambiar nuestro cuerpo, sino que nunca antes nos habían hecho sentir tan incómodos dentro de él.

