top of page

Algo destinado a romperse

Daniela Maria Pérez

Universidad del Magdalena

Mi cielo:


Dudé mucho en escribirte. Me parece irrisorio amar a una completa desconocida. Hay noches en las que me cuesta respirar, en las que habitar este mundo es cosa incómoda. Hoy es una de esas, y la medicación correspondiente es recurrir a ti. No pretendo interrumpir tu vida con esta carta, solo necesito ordenar todo lo que permaneció suspendido entre nosotros. Puede que esto suene como un eco entre las montañas, pues, al fin y al cabo, fui un cobarde al aceptar aquellas palabras como un veredicto. Ha pasado el tiempo y aun me detesto al punto de querer huir lejos de este cuerpo. Por eso, al borde de este abismo, te imploro otra oportunidad, una que me permita exponer mi alma ante la tuya por última vez.


Te extraño. Y es doloroso admitirlo. Lo peor no fue el final sino apreciar cómo todo desaparecía lentamente. El brillo en los ojos, la felicidad de los encuentros casuales, las charlas nocturnas, las pequeñas muestras de cariño, la sinceridad en el chat, el apoyo incondicional e incluso los acuerdos que nos ayudaron por un tiempo a no lastimar al otro. ¿Qué nos pasó? Hay días en los que me cuestiono muchas cosas. Es frustrante pensarlo porque me di cuenta demasiado rápido que ya no querías estar conmigo. Te obligue de cierta forma a permanecer un rato más. Te conozco tan bien que sabía que elegirías tragarte tu dolor antes que abandonarme. Hoy pregunto al cielo por qué el amor llega a esfumarse sin dejar rastros, obligando a los amantes a despedirse entre palabras que nunca debieron ser pronunciadas, permitiendo ser sucumbidos por pensamientos adormecedores que distorsionan aquello que una vez existió. Es injusto creer que este es el final de un amor que fue correspondido. Que infortunio haberme aferrado a algo que estaba destinado a romperse.


Cuando hablé con tu padre pensé que las cosas retomarían su curso. Me presenté a su puerta con la excusa de que la estabas pasando mal. Pero no fue más que cobardía. Fue mi desesperación la que me llevó a desestimar lo que tú querías. Créeme, intenté comprenderte a ti y lo que teníamos. Por momentos sentía que pertenecía a tu mundo; en otros, apenas flotaba a tu alrededor. Por desgracia no logré atravesar el muro que me impedía ser completamente tuyo. Esperé pacientemente a que confiaras en mí, porque sabía lo que implicaba desnudarse ante el otro. Por aquel entonces, me tragué a duras penas el dolor, el orgullo y los prejuicios, convencido de que el amor sería suficiente para sostener aquello que nos convertía en: «nosotros». Pero eso, ni de cerca, me salvó de las dudas e inseguridades que, con el tiempo, nos alejaron. No pretendo justificar mi accionar ante la adversidad que nos inundó, pero ten en cuenta que me mantuve firme, sosteniendo los pedazos del castillo que habíamos construido con los años.


Jamás quise cortar, pero estaba solo, luchando por algo que tal vez ya no te sostenía. Fue culpa mía no saber expresar con claridad mis más grandes temores y dar por terminada nuestra relación. Te juro que luché contra mi cordura porque odiaba la idea de lastimarte.


Aun así, no todo fue sufrimiento, y eso, aunque me esté engañando, es como un bálsamo. Recordarte sonreír, hablar, que tu mano recorriera mi rostro, los planes de un futuro compartido. Era el hombre más afortunado. Y ahora no haré realidad tu taller de arte, no habrá salidas los fines de semana con los hijos que nunca tuvimos; tampoco envejeceremos en una casita con jardín a las afueras de la ciudad. Aceptar que nada de eso formará parte de mi vida es como pretender que un cuchillo si quiera avance hasta la boca del estómago.


A veces una extraña sensación me invade y me indica las memorias de tu existencia. Toda mi mente se dispone para volver a vivirte, y una figura que a veces no tiene rostro vuelve y se apodera de mí. No me malentiendas, mi intención no es culparte. Te escribo porque quiero decirte que, a pesar de todo, fue real. Mi amor. Mi felicidad. Mis deseos. El dolor. Los arrepentimientos. E incluso el silencio que quedó. Si decides hablar házmelo saber, estoy dispuesto a aceptar todo, incluso un puñetazo.


Con cariño, P.

ISSN: 3028-385X

Copyright© 2026 VÍA PÚBLICA

  • Instagram
  • Facebook
  • X
bottom of page