Cuando la política trata de dioses

Foto: Paula White

Alejandro Narváez Montiel
Universidad del Valle
En el centro, con los ojos cerrados, las manos cruzadas, una postura que aparentaba devoción al acto, y rodeado de pastores evangélicos; las cámaras enfocaban al cuadragésimo séptimo presidente de los Estados Unidos. En una escena provista de toda teatralidad, un grupo de líderes religiosos rezaban en el Despacho Oval para que la gracia divina guiara a Trump, que Dios lo dotara de fuerza y sabiduría para comandar las tropas de la nación en su nueva guerra contra Irán que había comenzado hacía menos de una semana. Todo esto capturado, permítanme la expresión, de manera sublime por la cámara; no solo la posición de los sujetos busca un dramatismo de lo divino propio del evangelismo estadounidense, sino que la puesta en escena organiza cada elemento de manera que en pantalla podemos ver el busto de Lincoln con la mirada clavada en el suelo intentando huir de cualquier tipo de complicidad, aviones de guerra que adornan de forma simétrica el despacho, y, arriba de todos —como no podía ser de otra manera— con una sonrisa y mirada que interpela al espectador, un cuadro de Ronald Reagan.
El análisis del espectador de a pie puede girar en torno a dos esferas, el del pro-Trump que mira con indiferencia o pasión la escena, o el del crítico que señala lo absurdo del teatro, como si la reunión fuese una parodia de sí. Por otro lado, el análisis del politólogo usualmente va a orientarse en señalar el episodio como contrario a la modernidad dentro de la política, citará a una tradición que data de Maquiavelo y argumentará a favor de la separación Iglesia-Estado, quedándose, a mi juicio, en la superficie, solo con las buenas intenciones de lo normativo, ignorando la liturgia al fetiche que hemos presenciado.
El Fetiche: o la divinidad totalizante
“¡Oh, fetiche, mi dios allí, que tu poder sea mantenido, que la injuria se multiplique, que reine el odio sin perdón sobre un mundo de condenados, que el malvado gobierne para siempre, que llegue por fin el reino en que negros tiranos de una única ciudad de sal y hierro dominen y posean sin piedad!” (Camus, 2022, p. 51).
El Renegado o un Espíritu Confuso es el título del segundo texto de la única colección de cuentos que escribió Albert Camus. En la historia el autor nos presenta como protagonista y narrador a un sujeto obsesionado con un dios al que llama “el fetiche”; privado de su lengua, y en constante diálogo interno, lo que leemos en sus páginas es exclusivamente el monólogo de peculiar personaje. Resulta que, antes de ser un hombre trastornado, nuestro protagonista era un católico que había decidido ir a predicar a una tribu aislada, la cual adoraba a “el fetiche”, un dios que disfruta del odio, la muerte, el sufrimiento y demás sentimientos negativos; como era de esperar cae cautivo, le cortan la lengua, y comienza un devenir donde va mudando su fe cristiana a una devota a particular deidad. Fiel a su estilo, decide pregonar su nueva fe; al enterarse que el misionero encargado del seminario que lo trajo a esas tierras se va a dirigir a la ciudadela de la tribu, emprende la huida de sus captores, se arma de un fusil, y se encamina a esparcir la voluntad de su dios asesinando a aquel hombre.
Este interesante relato nos presenta una dualidad que posa de dicotómica, pero que aguarda una intersección entre ambos conceptos. La fe cristiana se ve contrariada por “el fetiche”, dos visiones opuestas que encarnan en un descuidado vistazo las fuerzas del bien y el mal. Sin embargo, el mensaje de Camus no reside en una moraleja simplista. El cambio de nuestro protagonista sirve como muestra de que tan opuestas creencias se nutren del deseo de totalizar. En un primer momento, el protagonista es un hombre que está dispuesto, literalmente, a esparcir la palabra de la iglesia hasta el fin del mundo, poco le importan las creencias y cosmovisiones ajenas, su deseo es totalizante, anhela una totalidad cristiana; el hombre, en este relato, muda de dios, pero no de deseo. Ya no ansía predicar, suspira por asesinar.
“Fetiche viene del portugués (de raíz latina facere, hacer; es lo hecho, de donde deriva igualmente hechizo) y significa lo hecho por la mano de los hombres, pero que pretende aparecer como divino” (Dussel, 2011, p. 155). Desde el becerro de oro, forjado de las manos de Aarón, pasando, por ejemplo, por la conquista —según palabras de Domingo de Santo Tomás— hasta la actualidad en Líbano, Irán o Palestina, el ser humano inmola vidas al goce del fetiche.
Todo sistema que llega al centro del poder geopolítica, económica y militarmente hablando, tiende a fetichizarse (Dussel, 2011, p. 155), siempre y cuando no reconozca la distinción,y busque, por tanto, totalizar el horizonte ontológico. Enrique Dussel, reconocido filósofo, teólogo e historiador latinoamericano, señala la fetichización de los sistemas como una táctica de conservación y reproducción de estos. Al entender, por ejemplo, el sistema económico como necesario, inevitable e inalterable, se le da el status de lo divino, se fetichiza, se justifica y se ven sus externalidades negativas como un mal necesario; el sistema se adora a sí. Ese actuar lo vemos, verbigracia, en el FMI o el Consenso de Washington; ambos instrumentos no se divinizan a ellos mismos en cuanto a instrumentos, sino que funcionan como mecanismos del sistema dominante que buscan rendirle culto al modelo económico que los sostiene. Aun así, lo que nos compete en el presente ensayo no es la adoración del capital, tampoco las sutiles formas en que se fetichiza el Estado Moderno o en las que históricamente se ha absolutizado la desigualdad. Nuestro objetivo es lo obvio, lo que se planta en un espectacular a la entrada de Cali por la carrera primera, lo que el algoritmo nos lanza al ingresar a Instagram, lo que se hace a plena luz del sol y justifica los más horrorosos actos en nombre de Cristo; dígase, lo que hacían un grupo de pastores y un anciano en el Despacho Oval.
El Antifetichismo: o, del ateísmo a la hipótesis necesaria para la praxis política
Eran las 3:21 de la madrugada del 24 de marzo de 1976, luego de días de tensión política en Argentina finalmente se consumaba lo que todo un país avistaba en el horizonte. “Comunicado número uno de la junta militar: se comunica a la población que a partir de la fecha el país se encuentra bajo el control operacional de la junta militar [énfasis agregado], se recomienda a todos los habitantes el estricto acatamiento a las disposiciones y directivas que emanen de autoridad militar, de seguridad o policial…” (Felipe Pigna, 2026, 9m 47s). A través de la señal radial y televisiva los militares anunciaban, como habían amenazado hacía 90 días, la toma del poder estatal; comenzaba entonces uno de los episodios más oscuros de la historia latinoamericana que dejaría más de 30.000 desaparecidos, una fuerte crisis económica, el drama de las Malvinas, y una cicatriz en el ethos rioplatense que perdura hasta la actualidad.
La iglesia no se mantuvo al margen, pues colaboró estrechamente con las fuerzas militares en los crímenes y en la formación del discurso (Historias Innecesarias, 2026, 28m 00s), tanto así que incluso podríamos hablar de una dictadura cívico-militar-clerical. Esta simbiosis, sumada al carácter totalitario del proyecto, estructuraría uno de los ejemplos más logrados y terroríficos de fetichización de la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, es en la periferia de la totalidad donde brota la esperanza en su absoluta distinción.
Frente a la pretensión de divinidad del sistema, Enrique Dussel da cuenta de la necesidad de una propuesta ética que parta desde un lugar distinto para así denunciar y enfrentar la totalidad. Si la fetichización es el proceso por el cual el sistema se adora a sí mismo, la crítica al sistema no puede partir de dentro de él, pues el sistema ya se presenta como una totalidad acabada, inalterable y necesaria, por tanto, “toda crítica no tiene sentido si no tiene un punto de apoyo exterior al mundo para poder lanzar la crítica” (Dussel, 2016, p. 120). Es decir, para confrontar los horrores de la dictadura militar en Argentina, se precisa una ética que parta de la exterioridad de dicha totalidad, que parta de las víctimas, aquellas personas que fueron negadas en cuanto a su humanidad singular.
Para Dussel la vida humana es el contenido último de todo acto. Podemos decir que comemos para saciar el hambre, leemos para aprender o hablamos para comunicar; sin embargo, si entablamos la empresa de ir escalando, desde cualquier acción, de «para qué» en «para qué» llegaremos a la finalidad última, el sentido material, y descubriremos que es la vida humana (Dussel, 2016, p. 58). En consecuencia:
El que actúa moral (o éticamente) debe producir, reproducir y aumentar responsablemente la vida concreta de cada singular humano, de cada comunidad a la que pertenezca, que inevitablemente es una vida cultural e histórica, desde una comprensión de la felicidad que se comparte pulsional y solidariamente, teniendo como referencia última a toda la humanidad, a toda la vida en el planeta Tierra. (Dussel, 2016, p. 69).
La vida humana —digna, libre y feliz—constituye la base material de la ética de Dussel. Si la totalidad fetichizada se erige de la negación a la Otredad, es desde esa exterioridad donde debe nacer la crítica. Cuando nos vemos interpelados por el Otro nace la ética, en esa epifanía donde se nos presenta lo desconocido, lo misterioso, la otra persona. Todo acto ético (y toda filosofía) comienza cuando vemos el rostro del otro, cuando reconocemos a ese alguien como alguien distinto desde nuestra pasividad y respeto por la singularidad ajena, y culmina en la responsabilidad por el Otro en cuanto a Otro. Por tanto, afirmamos que “dicha crítica se origina en la víctima, en el oprimido o excluido del sistema, que guarda exterioridad en su dignidad de ser humano Otro que la definición funcional que el sistema le ha asignado” (Dussel, 2016, p. 129).
Así para Dussel el antifetichismo debe presentarse en un primer momento como ateísmo. “Negar la divinidad del sistema fetichizado es el auténtico ateísmo” (Dussel, 2011, p. 157). Aquí el filósofo argentino no atiende a un ateísmo convencional, que niega simplemente la existencia de un dios creador, más bien este es un ateísmo que busca mediante la negación de la divinidad negar a la totalidad fetichizada, para darle paso a la afirmación de la víctima; se es ateo del sistema —no necesariamente se contraría el cristianismo, por ejemplo— para poder rendirle devoción a lo externo, a un Dios no fetichizado manifestado en el rostro del oprimido.
Es así como la afirmación de la víctima constituye un segundo momento dentro del antifetichismo, sin embargo, este segundo momento también es conformado por una hipótesis necesaria, la existencia de Dios. “El gran Desconocido es el postulado o la hipótesis necesaria. Si el sistema es divino, es inamovible. Si no es divino, se es ateo del sistema. Pero no se puede negar irreversiblemente la divinidad del sistema actual, futuro o posible, si no se afirma al mismo tiempo que lo divino es Otro que todo sistema” (Dussel, 2011, p. 159). Es así como Dios surge de la nada, y es creador de la existencia desde la nada, no se configura en un proyecto político o económico hecho por manos humanas, no es el fetiche, es lo externo a este; surge por tanto en la cara de la víctima, en el acto de devoción es la acción cristiana autentica, Jesús dándole de comer al hambriento.
La creación del mundo por Dios desde la nada posibilita la crítica a los proyectos políticos totalitarios, “ningún sistema es eterno, porque todo, aun el Sol y la Tierra, es contingente (puede no ser) y posible (en su tiempo no fue)” (Dussel, 2011, p. 162). Es por ello que los regímenes totalitarios, conscientes de su contingencia y posibilidad, precisan de la construcción de un discurso que les permita legitimarse, pues la realidad les es incómoda.
“El desaparecido en tanto esté como tal es una incógnita al desaparecido, si el hombre apareciera, bueno, tendrá un tratamiento x y si la desaparición se convirtiera en certeza de su fallecimiento tiene un tratamiento z, pero mientras sea desaparecido no puede tener ningún tratamiento especial, es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad [énfasis agregado], no está ni muerto ni vivo, está desaparecido” (Felipe Pigna, 2025, 21m 30s). Estas palabras del primer dictador de la junta militar en Argentina, Jorge Rafael Videla, en una rueda de prensa llevada a cabo durante dicho periodo, muestra de manera clara el planteamiento que venimos hilando. Para la totalidad la víctima no posee dignidad en cuanto ser humano, el terreno que se le deja es la nada, la ambigüedad, la víctima no es, o en palabras de Videla, no tiene entidad.
Es por ello por lo que el caso de las Madres de la Plaza de Mayo (las madres y abuelas de los desaparecidos por la dictadura) es tan emblemático, son un símbolo mundial de la acción civil por los derechos humanos y la resistencia no armada, y al mismo tiempo, somos capaces de ver en ellas el rostro de una madre o de una abuela que no eligió su lucha desde un librero, que lo único que reclaman es el reconocimiento de la dignidad de sus hijos y nietos, el derecho a tener una biografía. Entre esas madres destaco el caso de María Takara, la mamá de Jorge Oshiro, un muchacho de 18 años desaparecido en 1976.
Los Oshiro vivían su fe en la Iglesia Evangélica Japonesa, allí escucharon hablar por primera vez de Carlos Gattinoni, un obispo de la Iglesia Metodista Argentina y uno de los fundadores de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos; en 1983 Gattinoni fue nombrado, por el primer presidente luego de la dictadura Raúl Alfonsín, como miembro de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, Elsa, hermana mayor de Jorge, se animó a pedirle una cita para conversar sobre el caso, y cuenta que al finalizar el obispo le pidió un momento de oración, era la primera vez que alguien rezaba por ella y por su hermano (Bertoia, 2025).
María buscó a su hijo desde el primer momento, sin embargo, se unió a las Madres de manera tardía, aun así ese hecho no niebla su lucha por la verdad y la justicia; es recordada por el entrañable mensaje que bordó en su pañuelo «Dios es amor».
Unas Últimas Consideraciones
Recientemente el presidente de los Estados Unidos Donald Trump volvió a protagonizar un escándalo religioso, pues además de insultar y deslegitimar al Papa por hacer llamados antiimperialistas y antibélicos, subió una foto a sus redes sociales encarnado como Cristo, curando enfermos y rodeado de militares estadounidenses que posaban como ángeles. Tal hecho no requiere ningún tipo de análisis sofisticado, es tan malo como se ve y a su vez es una búsqueda clarísima por apropiarse el carácter de lo divino.
En un mundo como este, precisamos de una fe que escuche la distinción. Dios es amor, uno eficaz, uno que no se queda en el templo, sino que enloda sus manos por el Otro.
Referencias
Bertoia, L. (2025, 17 octubre). Jorge Oshiro, el pibe que tocaba el sanshin | Ornitorrinco - Historias en (ex)tensión. Ornitorrinco. Historias En (Ex)Tensión. https://ornitorrinco.com.ar/mi-pais/6507-jorge-oshiro/
Camus, A. (2022). El exilio y el reino / Exile and the Kingdom. National Geographic Books.
Dussel, E. (2011). Filosofía de la liberación. Fondo de Cultura Economica.
Dussel, E. (2016). 14 Tesis de Ética: Hacía la esencia del pensamiento crítico. Trotta.
Felipe Pigna. (2025, 20 marzo). DOCUMENTO HISTÓRICO La conferencia de prensa de Videla. «El desaparecido no tiene entidad» [Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=t2lJNfCJz6Y
Felipe Pigna. (2026, 21 marzo). 24 de Marzo de 1976: Cronología del golpe minuto a minuto. [Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=4aDcU7AtJTs
Historias Innecesarias. (2026, 23 marzo). Historias Innecesarias: Dictadura militar argentina [Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=XG0FfCIsX9M
INFORME AMNISTÍA INTERNACIONAL (1977). (2023, 26 octubre). CPM. https://www.comisionporlamemoria.org/por-que-mienten-los-negacionistas/informe-amnistia-internacional-1977/
INFORME DE LA INTELIGENCIA CHILENA (1978). (2023, 26 octubre). CPM. https://www.comisionporlamemoria.org/por-que-mienten-los-negacionistas/informe-de-inteligencia-1978/
INFORME NUNCA MÁS (1984). (2023, 27 octubre). CPM. https://www.comisionporlamemoria.org/por-que-mienten-los-negacionistas/informe-nunca-mas-1984/

