El laberinto peruano: la crisis que no termina

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Salma Carvajal Nader
Universidad de los Andes
Lo que en cualquier democracia parecería una crisis excepcional en el caso peruano se ha convertido en un episodio recurrente. Desde 2016, ningún presidente ha logrado completar su mandato. La inestabilidad ya no es un accidente del sistema político, sino un rasgo dominante.
El 17 de febrero de 2026, Perú una vez más cambió de presidente. No por elecciones, sino por destitución. Pero lo verdaderamente inquietante no es que haya caído uno, ni dos, ni tres. Es que ya nadie se sorprende. Lo que está ocurriendo en Perú no es una racha de mala suerte ni una coincidencia de gobernantes incompetentes. Es algo más profundo y difícil de resolver: un sistema político que se come a sí mismo.
Para entender el presente hay que trazar una línea de tiempo. El último jefe de Estado que culminó su periodo fue Ollanta Humala (2011-2016). A partir de entonces, la sucesión ha sido acelerada. Primero, con Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018), salieron a la luz sus vínculos con Odebrecht, la constructora brasileña en el centro del mayor escándalo de corrupción de América Latina. El Congreso inició el proceso para destituirlo y este renunció antes de que pudieran hacerlo formalmente. Así llegó Martin Vizcarra (2018-2020), su vicepresidente. El mismo Congreso que había acorralado a Kuczynski terminó destituyendo a Vizcarra, usando una figura llamada “vacancia por incapacidad moral permanente”. Ante la ausencia de vicepresidentes, asumió el presidente del Congreso, Manuel Merino (2020, 6 días). En todo el país hubo protestas contra lo que muchos consideraban un golpe parlamentario, la represión policial dejó dos jóvenes muertos y, ante la presión, Merino renunció. El Congreso nombró a Francisco Sagasti (2021, 8 meses) como presidente de transición; logró completar el período restante y organizar nuevas elecciones, siendo el único de ese ciclo que dejó el cargo de forma ordenada.
En 2021, ganó las elecciones Pedro Castillo (2021-2022). Su gobierno tuvo cinco gabinetes en año y medio, tuvo investigaciones por corrupción y dos intentos fallidos de destitución en el Congreso. En el tercer proceso de vacancia, anunció de forma inconstitucional la disolución del Congreso y una asamblea constituyente. Este intento no funcionó, pues los ministros renunciaron, el Tribunal Constitucional lo declaró ilegal, el Congreso lo destituyó ese mismo día y fue arrestado cuando intentaba pedir asilo en la embajada mexicana. Hoy continúa en prisión. Asumió entonces su vicepresidenta, Dina Baluarte (2022-2025). El Congreso la destituyó bajo el argumento de su incapacidad para enfrentar al crimen organizado. Volvió a asumir un presidente del Congreso, José Jeri (2025-2026, 4 meses), Este fue censurado tras revelarse que había sostenido reuniones informales y no registradas con empresarios chinos y existía una investigación preliminar en su contra. El Congreso lo destituyó. En su lugar llegó José María Balcázar (2026), quien por mandato constitucional pasó a ser el nuevo presidente del país.
El cambio de presidentes en Perú no se explica por la mala suerte ni por el carácter de los gobernantes. Es un problema estructural con raíces que llevan décadas acumulándose.
El primer problema es el sistema político, pues la Constitución peruana de 1993 (hecha durante la dictadura de Alberto Fujimori), creó un equilibrio de poderes frágil y propenso al choque. Más específicamente, se argumenta que la falta de definición normativa convierte esta causal en una cláusula abierta entregada a la discrecionalidad política (Chávarri, 2013). El Congreso tiene la facultad de destituir al presidente mediante la figura de la “incapacidad moral permanente”, un mecanismo pensado originalmente para casos extremos de inhabilitación física o mental, pero en los últimos años se convirtió en un arma política de uso cotidiano. Asimismo, los presidentes pueden disolver el Congreso bajo condiciones muy estrictas. Esto es un sistema donde ambos poderes tienen la capacidad de destruirse mutuamente, pero ninguno tiene incentivos reales para cooperar. Entonces, la práctica ha demostrado que la amplitud de la causal de incapacidad moral ha transformado radicalmente la relación entre Ejecutivo y Legislativo, creando una suerte de "semiparlamentarismo" (Paredes, 2026).
El segundo problema es la corrupción sistemática. El caso Odebrecht y el escándalo Lava Jato revelaron que prácticamente todos los expresidentes peruanos del siglo XXI habían recibido sobornos de la constructora brasileña. Sin embargo, el problema va más allá de los presidentes, pues 105 de los 130 congresistas peruanos tienen investigaciones abiertas en su contra (Molleda, 2025). Esto crea una paradoja: el Congreso, que es el órgano encargado de controlar y destituir presidentes, está compuesto en su mayoría por personas que también tienen cuentas pendientes con la justicia. Esto crea un sistema institucional donde la protección personal se vuelve más importante que gobernar el país.
El tercer problema es el más antiguo y por ende más profundo. Perú presenta una profunda segmentación territorial y socioeconómica que refuerza las asimetrías coloniales entre el centro político (administrativo) y la periferia. El sur andino concentra una proporción importante de las reservas minerales del país, pero también registra los índices más elevados de pobreza. Este mecanismo representa lo que se denomina como "maldición de los recursos": territorios extractivamente integrados al circuito económico global pero institucionalmente marginados de sus beneficios fiscales y sociales (Arellano y Yanguas,2008). Cuando Pedro Castillo llegó al poder en 2021, fue la expresión de ese sistema acumulado durante años. Después, el Congreso lo destituyó, y las protestas más violentas no ocurrieron en Lima sino en Puno, Cusco y Ayacucho, las regiones que sienten que el Estado central nunca los ha representado. La inestabilidad política peruana no se puede entender sin entender estas dinámicas estructurales y territoriales.
Esta inestabilidad tiene consecuencias directas. Las políticas públicas requieren de continuidad, planificación y coordinación institucional. Ahora bien, cuando los gobiernos fluctúan con rapidez, los equipos del ministerio cambian, las prioridades se redefinen y dichas reformas estructurales pierden poder. Por otro lado, las elecciones de abril de 2026 representan un momento decisivo para Perú. El récord de 36 candidatos presidenciales refleja una fragmentación extrema. Este año también se exalta por la recomposición institucional. “El Congreso bicameral regresa a la vida política peruana, lo que implica que los electores deberán elegir tanto diputados como senadores en una misma jornada” (Giraldo, 2026). Más específicamente, por primera vez en casi 30 años, Perú tendrá de nuevo un Legislativo bicameral, como resultado de una reforma aprobada en 2024. Este cambio refleja dos posibilidades; una mejora en la gobernabilidad, o una adición de una cámara más al caos.
Perú no tiene un problema de presidentes, tiene un problema de sistemas, con partidos débiles, cálculos políticos de corto plazo y reglas constitucionales ambiguas. El país se ha encontrado en una posición de inestabilidad donde el poder presidencial ya no está garantizado por la elección, sino por una confrontación permanente con el Congreso. Ahora bien, el cambio de personal no soluciona la crisis política; ocho presidentes en diez años lo demuestran. Perú no necesita un nuevo presidente, sino un nuevo acuerdo, entre élites políticas, el Estado y las millones de personas que llevan esperando que alguien los gobierne democráticamente.
Referencias
Swissinfo.ch. (2026). De Kuczynski a Balcázar: los ocho presidentes de Perú en diez años de crisis política. Swiss Broadcasting Corporation. https://www.swissinfo.ch/spa/de-kuczynski-a balc%C3%A1zar%3A-los-ocho-presidentes-de-per%C3%BA-en-diez-a%C3%B1os-de-crisis pol%C3%ADtica/90964990
Roque, F. (2026). “La vacancia presidencial por incapacidad moral permanente en el Perú: análisis constitucional y estudio de caso sobre su uso político”. Revista Invecom. https://revistainvecom.org/index.php/invecom/article/view/4330
El Colombiano. (2025). ¿Qué es la incapacidad moral permanente? El caso de Dina Boluarte en Perú. https://www.elcolombiano.com/internacional/que-es-la-incapacidad-moral-permanente dina-boluarte-peru-DA29921673
Rousseau, S. (2022). Choque de Poderes y Degradación Institucional: Cambio de Sistema sin Cambio de Reglas en el Perú (2016-2022). Política y Gobierno, Pontificia Universidad Católica del Perú. http://www.politicaygobierno.cide.edu/index.php/pyg/article/view/1627
Chávarri, A. (2013). La incapacidad moral como causal de vacancia presidencial en el sistema constitucional peruano. Pensamiento Constitucional
https://revistas.pucp.edu.pe/index.php/pensamientoconstitucional/article/view/8962
Diario El Pueblo. (2026). La cuestión de vacancia en la Constitución Política. https://diarioelpueblo.com.pe/2026/02/21/la-cuestion-de-vacancia-en-la-constitucion-politica/
Instituto de Defensa Legal. (2025). ¿Es constitucional que congresistas destituyan e inhabiliten a los fiscales supremos que los vienen investigando? https://www.idl.org.pe/es-constitucional-que congresistas-destituyan-e-inhabiliten-a-los-fiscales-supremos-que-los-vienen-investigando
Arellano-Yanguas, J. (2008). Resurgimiento minero en Perú: ¿una versión moderna de una vieja maldición? Colombia Internacional, (67), 60–83. http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0121-56122008000100004
BBC Mundo. (2023). Protestas en Perú: qué está pasando en el sur del país y por qué se convirtió en el epicentro de los violentos disturbio contra el nuevo gobierno. BBC. https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-64218591
Infobae Perú. (2026). Perú se prepara este 2026 para las elecciones más insólitas del mundo: 36 candidatos presidenciales y más de 10 mil aspirantes al nuevo Congreso bicameral. Infobae. https://www.infobae.com/peru/2026/01/02/peru-se-prepara-este-2026-para-las-elecciones-mas insolitas-del-mundo-36-candidatos-presidenciales-y-mas-de-10-mil-aspirantes-al-nuevo congreso-bicameral/

