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Habitar el rebusque

Foto: Laura González Morales

Laura González Morales

Universidad de Cartagena

Desde hace un año salgo de vez en cuando al Centro Turístico de Cartagena, solo a tomar fotos. De paso, aprovecho y me compro un patacón y un jugo de naranja en el marandinazo, al frente de la Universidad de Cartagena, y si se me atraviesa un carrito de raspao’, me compro uno de kola para que sea mi postre.


La fotografía anterior es el resultado de una de mis salidas y, particularmente, me gusta mucho. No puedo evitar pensar en la señora que vende helados y en el señor corriendo de fondo. ¿De dónde será esa señora? ¿Desde dónde estará caminando? ¿Cuánto se ganará al día? ¿Será que el señor va tarde al trabajo o solo va afanado, como buen cartagenero? Al respecto, solo puedo divagar. Podría decir que la señora se llama María y trabaja todos los días vendiendo helados desde hace 20 años, lo cual le ha dado para la comida diaria, el colegio de sus hijos, el arriendo, los servicios y unas cuantas cositas más.


María vive en una vieja casita de Canapote, donde en la esquina toman Costeñita todos los días. Desde allá camina hasta el Centro con su carrito de helados y le vende a uno que otro gringo a un precio bastante alto; ella dice que así le recompensan la caminata. Tristemente, no puedo contarles su historia, porque solo es una mujer que quedó plasmada en mi cámara y vivirá en ella y en mis recuerdos, ahora también suyos, mi querido lector. Pero aquí, hablando en confianza, la única verdad que le puedo contar acerca de María es que probablemente no se llame María, que le tocará trabajar hasta que los pies no aguanten un paso más, porque así es la vida en esta ciudad, y peor aún para un trabajador informal.


María llegará a los 60 y no tendrá sino el pan que le puedan dar sus hijos como pensión, pues, a pesar de lo mucho que ha trabajado, solo ha trabajado para poder sobrevivir un día más. Pues se ha construido esta ciudad pensando que el derecho a la vida es más importante que el derecho a la dignidad.


Quizás no puedo cambiar la historia de María, pero puedo enfocar mi lente en las personas que sostienen la ciudad, no mirar la torre del reloj sino las personas que están adelante y caminan todos los días estás hermosas calles en pleno sol del medio día. La idea es incomodar, recordar que las políticas que dignifican el trabajo informal no son un favor, son una deuda, y la deuda está bien grande.

ISSN: 3028-385X

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