La dark web como productora de estatalidad: una lectura desde Timothy Mitchell

Foto: Kaspersky

Juliana Montoya Ceballos
Universidad de Antioquia
La dark web ha sido presentada en el debate público como un espacio oculto y criminalizado, difícil de controlar. Desde comienzos de la década del 2000, los Estados han emprendido una lucha constante por evitar que esta red sea utilizada no solo en contra de la población civil, sino también en detrimento de su propia estabilidad. Sin embargo, asumir que la relación entre los Estados y la dark web se limita a una confrontación entre partes completamente enemigas, impide reconocer cómo este “sitio oscuro” desempeña un papel fundamental al momento de preguntarnos qué entendemos por Estado y cuál es su relación con la sociedad.
En este ensayo pretendo demostrar que las acciones dirigidas por los Estados contra la dark web producen y reafirman efectos de estatalidad, al representar al Estado como un actor racional, externo y protector frente a un espacio construido como un lugar caótico y destructivo. Tal como propone Timothy Mitchell (1991), el Estado no debe ser comprendido como una entidad autónoma, sino como un efecto producido constantemente por prácticas sociales, discursivas y materiales. De este modo, considerar que las prácticas que se originan o se despliegan dentro de la dark web intervienen en la definición de los Estados contemporáneos resulta necesario, pues reconfiguran la frontera entre Estado y sociedad y dejan en evidencia su carácter contingente.
El Estado como efecto
La visión del Estado como una organización racional, burocrática y relativamente separada de la sociedad –dotada del monopolio legítimo de la fuerza- ha triunfado históricamente y ha permitido la consolidación de los Estados contemporáneos. Max Weber definía al Estado como “una asociación de dominio de tipo institucional, que en el interior de un territorio ha tratado con éxito de monopolizar la coacción física legítima como instrumento de dominio” (Weber, 1922, p. 1060). Su propuesta proyecta al Estado como una unidad coherente, centralizada y con la capacidad de separarse del resto de los actores de la sociedad. Es así como el monopolio estatal de la violencia le otorga al mismo la facultad no solo de ejercerla de manera regulada, sino también de determinar qué formas de violencia son legítimas dentro de su territorio.
Sin embargo, cuando entendemos la violencia no como un acto físico aislado, sino como una serie de prácticas sociales recurrentes y organizadas por actores colectivos, el monopolio absoluto se vuelve difícil de sostener (Foucault, 2003). Entender al Estado como único poseedor de un recurso que se constituye mediante interacciones sociales, implica reconocer que este es también un producto de prácticas materiales, técnicas y discursivas, y no una entidad exterior a ellas; en otras palabras, si la violencia se define como el resultado de un conjunto de prácticas realizadas constante y sistemáticamente dentro de la sociedad, y el Estado es el único que puede regularlas y ejercerlas en un territorio específico, el Estado en sí mismo es igualmente producto de múltiples prácticas debido a su relación de dominio con este recurso.
De igual manera, la visión weberiana presupone que el Estado actúa como un ente autónomo y separado de la sociedad, y es aquí donde Timothy Mitchell entra a jugar un papel fundamental. Mitchell cuestiona precisamente esta división: no existe una frontera empíricamente dada entre Estado y sociedad, que se encuentre delimitada y determinada fácilmente; dicha distinción es producida por una gran variedad de prácticas cotidianas. Para el autor, “Debemos abordar el estado como un efecto de los procesos rutinarios de organización espacial, acomodo temporal, especificación funcional, supervisión, vigilancia y representación que crean la apariencia de un mundo fundamentalmente dividido en estado y sociedad” (Mitchell, 1991). Es decir, las prácticas que conforman al Estado son las mismas que producen la ilusión de su separación de la sociedad.
La ilusión de una autonomía estatal permite que el Estado aparezca como un actor externo que interviene desde “afuera” a amenazas potenciales. Para ello, moviliza prácticas de supervisión, vigilancia y representación -precisamente las que Mitchell identifica- para mantener el orden establecido. Como ejemplo podemos tomar los sistemas de identificación ciudadana (cédulas, pasaportes o registros biométricos) donde los y las ciudadanas se convierten en datos controlables y reconocibles por el Estado; o los censos nacionales y las regulaciones financieras, que permiten el rastreo y regulación de las dinámicas y actividades individuales y poblacionales. De este modo espacios como la dark web adquieren relevancia analítica, debido a su relación y ejecución precisamente de estas prácticas.
Dark web
Para comprender la relación entre la Dark web y los efectos de estatalidad, es necesario en primer lugar, acercarse a una explicación sobre su estructura. Si concebimos el internet como un iceberg, en la punta encontramos a la Surface web (web superficial), accesible y totalmente indexada, es decir, que ha sido rastreada, analizada y almacenada en buscadores como Google, Firefox o Microsoft. Sin embargo, esta capa representa apenas el 5% del iceberg. El 95% restante corresponde a la Deep web (web profunda), compuesta por contenido no indexado: sitios web, bases de datos, gestores que utilizan los administradores de sitios web, cuentas de servicios en la nube privadas (como Dropbox o Google Drive), y otros recursos restringidos para el público en general. [...] puede incluir contenido legal, como bases de datos gubernamentales, archivos científicos, bibliotecas digitales o sitios web de membresía privada (como foros, etc.) (Micucci, 2023).
Dentro de esta se encuentra la Dark web (web oscura), un subconjunto aún más restringido compuesto por varias Dark Nets: redes independientes no indexadas y accesibles solo mediante configuraciones específicas (Micucci, 2023). La Dark Net más reconocida es TOR (The Onion Router o el Enrutamiento de Cebolla), desarrollada por investigadores del US Naval Research Lab (el Laboratorio de Investigación Naval de Estados Unidos) y lanzada en 2002. El propósito original de TOR era garantizar comunicaciones privadas y seguras, evitando la vigilancia masiva mediante múltiples capas de cifrado (protocolos y medios que protegen la información entre el navegador del usuario y el servidor web que utilice) (The Tor Project, n.d.).
No obstante, el anonimato que caracteriza a estas redes ha permitido la proliferación de actividades ilícitas como “tráfico de drogas, venta de armas, pornografía infantil, tráfico de personas, cibercrimen organizado, terrorismo, venta de datos robados, fraudes y otros tipos de actividades delictivas” (Micucci, 2023). Esto genera una paradoja bastante compleja: tecnologías creadas para proteger derechos y libertades son utilizadas también para actividades criminales.
A pesar de que Estados como Estados Unidos participaron directamente en el diseño de TOR, el discurso estatal y mediático no deja de presentar a la dark web como un espacio ajeno, incontrolable y amenazante. Narrativas como “la proliferación incontrolada de usuarios en la Dark Web plantea muchas preocupaciones, ya que estas capacidades han demostrado históricamente que están creadas para afectar significativamente el ámbito de la seguridad nacional” (Aguillón, 2023, p. 11), o “the Deep Web and Darknet quite often reveal the darker, more antisocial side of human behavior” (Sui, Caverlee, & Rudesill, 2015, p.10), contribuyen a construir discursivamente la Dark web como un territorio exterior al orden estatal. Esta representación es, precisamente, una práctica que produce efectos de estatalidad: al ubicar a la dark web como un “afuera”, el Estado se posiciona simbólicamente como el garante del orden “adentro”.
Los Estados han desarrollado e incluso implementado acciones contra la Dark web y la ilegalidad que este espacio contiene. Una de las operaciones más reconocidas públicamente fue la Operación Bayonet, liderada por Europa y Estados Unidos con el FBI (Oficina Federal de Investigación de Estados Unidos), la DEA (Administración de Control de Drogas de Estados Unidos) y la Policía Nacional de los Países Bajos, en conjunto con la Europol (Oficina Europea de Policía), la cual tuvo como objetivo desmantelar dos de los mercados criminales más grandes dentro de la Dark web: Alphabay y Hansa. “Al actuar conjuntamente a nivel mundial, las fuerzas del orden han enviado un mensaje claro: tenemos los medios para identificar la delincuencia y contraatacar, incluso en zonas de la red oscura” (Wainwright, 2017) citado por (Europol, 2017).
Otro caso relevante es el de la operación Dark HunTOR, la cual estuvo “compuesta por una serie de acciones separadas pero complementarias en Australia, Bulgaria, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Suiza, Reino Unido y Estados Unidos, con esfuerzos de coordinación liderados por Europol y Eurojust” (Europol, 2021), donde se desmanteló el mercado ilegal más grande del mundo: el Dark Market. “Las fuerzas del orden se han acostumbrado a trabajar en este espacio y pueden implementar una amplia gama de técnicas para identificar a compradores y vendedores de productos ilegales” (Europol, 2021), por lo que los Estados se encuentran en una constante persecución a las actividades ilícitas de la Dark web.
Estas operaciones no solo buscan combatir actividades criminales. También producen la imagen de un Estado capaz, global, tecnológicamente sofisticado, y soberano sobre territorios que presenta como externos y caóticos. Son prácticas que refuerzan el efecto de autonomía estatal descrito por Mitchell.
Desdibujamiento de la frontera Estado-sociedad
Sin embargo, la distinción entre Estado y sociedad se vuelve inestable dentro de la dark web. Diversas prácticas tecnológicas erosionan la capacidad estatal de mantener su pretendida autonomía: el anonimato hace que el Estado pierda la capacidad de identificar sujetos, por lo que ya no tiene control absoluto sobre las personas que habitan su espacio; se crean nuevas formas de regulación económica digital -como las criptomonedas-, que se constituyen como economías diferentes; algunas comunidades de las Dark Nets tienen sus propias formas de organización, con sistemas de reputación y normas internas, diferenciando con los gobiernos vigentes; la centralidad y la soberanía de los estados entran en vilo, puesto que dentro de la red no hay fronteras ni estructuras estatales definidas; y el ejercicio de la violencia se hace presente en diferentes dinámicas de la red que el Estado no controla (Mirea, Wan & Jung, 2018).
La propuesta de Mitchell permite enfatizar en que realmente el Estado no se encuentra ni separado ni es ajeno a las prácticas de la sociedad, puesto que estas mismas en entornos como la Dark web, erosionan y demuestran que la distinción sociedad-Estado es bastante inestable. Otros actores son ejecutores de la violencia, el Estado no es un aparato centralizado, tampoco tiene la suficiente capacidad coercitiva para impedir que otros sujetos hagan uso de la fuerza. Sin embargo, operaciones y procedimientos policiales cumplen la función de mostrarlo públicamente como único soberano, reconstruyendo la imagen del Estado controlador y monopólico. Estas dinámicas evidencian que la soberanía estatal no es absoluta y que sus capacidades dependen de prácticas sociales que no controla totalmente (Mirea, Wan & Jung, 2018).
Mitchell permite comprender que el Estado no existe por fuera de estas relaciones: surge de ellas. Las prácticas de vigilancia, operaciones internacionales, discursos de amenaza y representación pública reconstruyen constantemente la imagen estatal. Pero, al mismo tiempo, la dark web evidencia la heterogeneidad, fragilidad y dependencia de esas prácticas.
Conclusión
Analizar a los Estados contemporáneos como el efecto de prácticas diversas permite observar en la dark web un espacio que revela la inestabilidad de la frontera entre Estado y sociedad. La estatalidad no es una entidad fija ni unificada, sino una construcción contingente que se produce mediante relaciones sociales, técnicas y discursivas (Mitchell, 1991). Las intervenciones estatales —operativas o discursivas— buscan proyectar una imagen de autonomía y control sobre un territorio representado como externo. Sin embargo, las prácticas tecnológicas de la dark web desestabilizan estas pretensiones, al introducir dinámicas económicas, identitarias y organizativas que escapan a la regulación estatal.
El Estado depende de estas interacciones para construirse y presentarse como tal; actúa dentro de redes que no controla por completo. La dark web, lejos de ser un ámbito externo a la autoridad estatal, es un espacio que obliga a repensar la estatalidad contemporánea y a reconocer que la línea entre Estado y sociedad es contingente, fluctuante y en constante disputa.
Referencias
Aguillón Gómez, Hugo René. “Sistema Para La Desestabilización de La Seguridad Nacional. Ciberespacio, Tecnología E Innovación.” Ciberespacio, Tecnología E Innovación, vol. 2, no. 3, 2023, pp. 5–24, https://doi.org/10.25062/2955-0270.4774.
Europol. “150 Arrested in Dark Web Drug Bust as Police Seize €26 Million | Europol.” Europol, Europol, 2013, www.europol.europa.eu/media-press/newsroom/news/150- arrested-in-dark-web-drug-bust-police-seize-%E2%82%AC26-million. ---. “Massive Blow to Criminal Dark Web Activities after Globally Coordinated Operation.” Europol, 20 July 2017, www.europol.europa.eu/media
press/newsroom/news/massive-blow-to-criminal-dark-web-activities-after-globally coordinated-operation.
Micucci, Mario. “Qué Es La DarkWeb, La DeepWeb Y La DarkNet Y Cuáles Son Sus Diferencias.” Www.welivesecurity.com, 23 Mar. 2023, www.welivesecurity.com/la es/2023/03/23/que-es-darkweb-deepweb-darknet-diferencias/.
Mirea, Mihnea, et al. “The Not so Dark Side of the Darknet: A Qualitative Study.” Security Journal, vol. 32, no. 2, 7 Aug. 2018, pp. 102–118,
link.springer.com/article/10.1057/s41284-018-0150-5,
https://doi.org/10.1057/s41284-018-0150-5.
Mitchell, Timothy. Society, Economy, and the State Effect. Cornell University Press, 1991. Sui, Daniel , et al. “THE DEEP WEB and the DARKNET: A LOOK inside the INTERNET’S MASSIVE BLACK BOX.” Science + Tecnology: Innovation Program, Oct. 2015, pp. 1–17.
The Tor Project. “El Proyecto Tor | Privacidad & Libertad En Línea.” Torproject.org, 2025, www.torproject.org/es/about/history/.
Tilly, Charles. “The Politics of Collective Violence.” Foreign Affairs, vol. 82, no. 5, 2003, p. 169, https://doi.org/10.2307/20033694.
Weber, Max. Economía Y Sociedad. Fondo de Cultura Económica, 1922.

