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Vaya peleador canalla

Duban Álvarez Cabrales

Universidad de Cartagena

“Después de tanto pensarlo, me convencí que pa suicidarse

también se necesita entrenamiento”.

David Sánchez Juliao.



La tensión en el ring es palpable. El campeón, el púgil de la esquina roja, se mueve con agilidad felina. En la esquina azul, el retador espera con los brazos en alto, intentando protegerse de los ataques rápidos del oponente. Recibe un gancho de derecha y un jab de izquierda; luego, otro gancho de derecha y un swing de izquierda al mentón.


El castigo se repite constantemente. El campeón no está dispuesto a ceder el título: salta con gracia, pavoneándose en el cuadrilátero. Cada movimiento es una exhibición de su destreza. Pero el retador no se deja intimidar. Se descubre y lanza un gancho de derecha resiliencia. El campeón esquiva el golpe con maestría y conecta un hook de dudas, certero a las costillas. El aire se le va en un suspiro de largas agonías.


El impacto hace que el retador se contraiga. Levanta los brazos para cubrirse y esconde su cara tras los guantes. Ensimismado, retrocede, y sus talones encuentran las cuerdas que ponen fin al cuadrilátero. ¡Hasta aquí llegó! No hay más a dónde ir.


El campeón huele la victoria y se abalanza. Un uppercut de circunstancias derriba la frágil defensa, que se quiebra en soledad, y una decena de puños llueven, consecuentes, sobre su cara. Nudillos pesados como culpas, envueltos en hilos de desesperanza, encuentran cabida en las heridas que ya existen, anidando en ellas como si esa fuera su morada.


El retador aprieta los dientes contra el protector bucal. Ve, con su ojo hinchado, el futuro borroso y se niega a poner sus labios quebrados sobre la lona. El público contiene la respiración. Tambaleante, levanta los brazos una vez más, busca una brecha en la sólida defensa del contrincante y encuentra el instante perfecto que le permite encajar un golpe de felicidad a la vida.


En los años que lleva peleando, siempre es ella quien sale victoriosa, ¿se preguntará si esta vez podrá ganarle? ¡La vida, vaya peleador canalla! Golpea repetidamente al retador en el suelo, con toda la impunidad que le brinda el sagrado referee.

ISSN: 3028-385X

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