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"Los hermosos años de castigo" (1989), Fleur Jaeggy

 Fleur Jaeggy. Foto: Leonardo Cendamo
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Sebastián Alzate Zapata

Universidad de Antioquia

Jaeggy abre las puertas de un internado de señoritas de mediados del siglo XX. Como lector, muestra las intimidades de sus habitantes y las dinámicas que se urden en medio de las formas camaleónicas de interacción entre mujeres, o de aquellas que se están formando para llegar a ser mujeres. El tratamiento que hace la autora de la figura masculina es de sometimiento y servidumbre a esas que ya llegaron a ser mujeres.


Es un libro atrapante desde la primera página. Se sostiene una atmósfera invernal, casi infernal. Incluso a pesar de que el tiempo en la narración pase. Que la protagonista salga del internado. Que el fuego intente abrasar. Esta atmósfera del cadáver de Robert Walser hundido en la nieve después de un paseo se mantiene durante el resto del relato.


Su prosa no suelta lo poético. Da la impresión que Los hermosos años de castigo no pudieran escribirse de otra manera. Como si la existencia de ese texto estuviera fundamentada en crear y recrear imágenes poéticas; mantiene su belleza descriptiva, sensorial y severa desde la imagen de Walser hasta la última visión de Frédérique. La sostiene incluso hablando de obediencia, del castigo, de la frialdad, de la servidumbre.


El lenguaje que utiliza Jaeggy es delicado, a la par que desapegado. Es su apuesta porque todo lo bello y horrible del mundo no tenga peso alguno. Así se nos muestra el mundo de la narradora, ya que la obediencia marca el dial de su vida. Ninguna decisión es suya. Excepto cuando se trata de aquella fonética afrancesada de Frédèrique.


Esa figura fantasmal que apareció un día en el Bausler Institut y nunca pudo salir del pensamiento de la narradora. Ella posibilita el mundo desde otra perspectiva, desde otro campo semiótico. La trata como un espejo del hartazgo de la narradora, canalizando el desinterés rampante por la vida que la hacen llevar. Gracias a ver encarnadas sus emociones logra entender que Frédèrique es el atisbo, o el abismo, de libertad que había estado buscando sin saberlo.


Jaeggy pone a contraluz mi experiencia como lector. Gracias a eso vi las grietas que tiene la forma de adentrarme en las historias. Jugó con mis expectativas. No me prometió nada, pero, quería que algo sucediera con premura. Deseaba que algo se quemara, que alguien muriera en un paseo por los caminos nevados, una confesión en voz alta, un baile hostigante, un reencuentro inesperado, un diálogo que se saliera de la rúbrica impuesta sobre la narradora. Le dí vuelta a la última página de la versión digital del 2018 de TusQuets y todo eso pasó. No como lo esperaba.


Fue una subversión de expectativas. Suelo intentar estar informado sobre aquello que se escribe en la contemporaneidad, en estos tiempos de vértigo y ruido. Autoras como Mónica Ojeda, Fernanda Melchor, Agustina Bazterrica y Han Kang son nombres que han estado sobre las mesas que frecuento. Su tipo de escritura es rápida y ecléctica en cuanto a temas y atmósferas. Afanadas, como si algo se fuera a acabar pronto.


No obstante, llega esta disección a un internado de señoritas de mediados del siglo XX donde la contemplación, los monólogos internos y la pausa es relevante. Ahí es cuando el Bausler Institut me vomita una pregunta ¿qué tipo de lector soy? ¿Qué busco en las historias que leo? ¿Por qué esperaba con insistencia que algo sucediera en mis términos y no en los del relato?


A pesar de llevar una parte importante de mi tiempo vital destinado a este oficio, son preguntas vertebrales que no había abordado. Así como también lo son para cualquiera que se quiera dedicar a leer y a pretender enseñar a leer. Esa es la relevancia de leer a esta autora suiza italianizada de finales de siglo. Durante los tiempos de velocidad; releer a Jaeggy posibilita pensar, o volver sobre, aquello esencial. Esas preguntas verticales que nos atraviesan estando en el borde de estos tiempos de vértigo, esa historia que está en la cabeza cada que el sol se abre paso mientras estamos en el filo de la cama viendo una chancla.

ISSN: 3028-385X

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